¿Unidad o kirchnerismo puro?

Osvaldo Quinteros-. Los actos reflejos de los líderes explican muchas de sus decisiones




Hay dos maneras políticas de explicar la década kirchnerista y la década menemista.
En ambas, primaron condiciones internacionales favorables, es cierto. Esas condiciones internacionales favorables giraban a derecha en el caso de Menem y a izquierda en el caso de los Kirchner. Pero lo determinante es que ambos, a su manera y con sus estilos, supieron leer el momento histórico y aprovechárse de él, sacarle el jugo.
De aquí en más, hay quienes encuentran que son líderes excepcionales, que el peronismo tiene una vocación de poder inmune y eso lo hace "buen gobernante" per se.
Pero hay otra explicación. La ausencia de oposición.




Tanto Menem como los Kirchner gobernaron en un contexto de implosión de la UCR, por la hiperinflación de Alfonsín y por la masacre de De La Rúa. Ambos mandatarios radicales terminaron renunciando, cayendo en un gran desprestigio (en la última elección, precisamente en el 2001, Alfonsín sacó el 15% de los votos) y hundiendo el partido con ellos.
Simultáneo a esta implosión de la UCR, el peronismo disidente ocupó el espacio político de representar a las capas medias que el peronismo dejaba afuera. Las capas medias progresistas metropolitanas, en el caso de Menem, que incubó así el crecimiento del Frente Grande. Las capas medias centroderechistas en el caso de los Kirchner, que incubó así el peronismo disidente, que tuvo varios sellos (incluido el inicial apoyo a Macri) y controló CABA, San Luis, Córdoba, Santa Fe, etc.
Paralelo a este proceso, los radicales se partían para incorporarse a la oposición peronista disidente o para incorporarse al peronismo gobernante. La UCR formal quedaba raquítica. Ni sus supuestos gobernadores se le alineaban.



Este acto reflejo de cómo fueron sus vidas políticas en la cumbre del éxito explica por qué Menem se lanzó a la aventura suicida de presentarse como candidato presidencial en el 2003, cuando podría haberse retirado con toda la gloria que, pasado el tiempo, tendría.

Lo mismo le pasó a Duhalde. Si se volvía a su casa luego de su interinato, hoy sería un héroe republicano. No pudo contra sí mismo y enfrentó a un debilitado Kirchner que se las cobró con creces poniendo a Cristina de candidata a senadora bonaerense contra la esposa de Duhalde, Chiche, que llevó el sello oficial del PJ bonaerense y perdió con el 20% pero dejando a las demás opciones filo radicales con menos del 10% y terminando así con la estrella ascendente de Ricardo López Murphi, hecho hoy olvidado. En esa misma elección, se pulverizó el ARI, lo que llevó a Carió a reinventarse de líder progresista presidenciable a Fiscal Reaccionaria y Moralista de la República.
El acto reflejo de Cristina es amagar con armar un Frente Ciudadano, dejar afuera al PJ y que la historia se repita.
La historia que ella conserva como cumbre de su éxito, la del 2005.
Varias cosas cambiaron.





La principal es que gobierna Cambiemos, cuya columna vertebral es la UCR aunque el estilo decisionista y populista de Macri haga suponer que es el PRO, un partido casi vecinal, el que realmente estructura al resto de la coalición.
Lo segundo que cambió es que el peronismo dividido, por la existencia de Cambiemos, ya no puede ocupar todo el arco político. Al contrario, hoy la fragmentación es funcional a la UCR.
Si se leen detenidamente las elecciones en La Rioja y Chaco, además de la derrota del peronismo en la capital de Corrientes, se verá que ésto es justamente lo que cambió.
Así como Menem volvió a sus actos reflejos cuando el contexto que lo prohijó en la cumbre del éxito había cambiado (el crack del 2001 con el FMI dejando sola a la Argentina, el triunfo de Lula en Brasil, el alza del precio de los commoditties, el desastre social heredado de la convertibilidad) Cristina vuelve a sus actos reflejos en un contexto que mutó.
En el caso de Cristina esta falta de reflejos o retorno a los reflejos inconscientes ya se veía desde la borrachera electoral del 54%. Lo que pasa es que aún entonces era el peronismo, a través del desgajamiento de Massa, el que seguía ocupando la mayoría del espectro polítco.
 Los actos reflejos son naturales en los seres humanos. Uno vuelve a las recetas que lo llevaron a la cumbre de su propia vida ante el encuentro de dificultades.


¿Qué hubiera sido de Illia si no se retiraba luego de ser destituido por un golpe militar?

Los grandes líderes suelen luchar contra sí mismos por ese deseo de eternidad que los vuelve un lastre que se va diluyendo de manera patética, como le pasó a Arturo Frondizi, cuya trayectoria luego de ser presidente fue lamentable. O Abelardo Ramos, por citar otro ejemplo.
El caso es que suceda lo que suceda finalmente en la elección bonaerense, la marca de agua de cierto deja vú con el menemismo que está dejando como estela el kirchnerismo, tendrá efectos sobre el peronismo de todas las provincias, incluida Entre Ríos, donde hasta ahora es la estrategia de la unidad la que prima. Aunque puede que ni siquiera con eso alcance, la fragmentación sería directamente un pase a la catástrofe electoral.

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