Stella Berduc, la avanzada

Joakito.- Una de las figuras claves del arte paranaense, siempre estuvo un paso por delante de su generación y de la sociedad.




Nacida en la década del 30, esta mujer de apellido conocido, es poeta, actriz, cantante y sobre todo osada. “en esta ciudad hay que sacar patente de loca para pasarla bien”supo decir en una entrevista.

Stella Berduc mantuvo casi siempre su obra de manera inédita, hasta que en 1986 Roberto Trevesse que por entonces estaba al frente de la Editorial de Entre Ríos le publica el poemario “Desde Camila” y volvió a ser editada en en 2.011.
Con su obra“A la mínima luz” su nuevo poemario con prólogo de Félix Luna se publicó en Paraná a través del Fondo Económico de Incentivo a las Ciencias y a las Artes, implementado por la Municipalidad de Paraná.
Stella también supo incursionar en la música y el compositor Daniel Rochi le puso melodía a su obra "De patria y de Potras" en el año 1992 en un hermoso homenaje a las mujeres que construyeron nuestra nación.



Extravagante, una mujer de avanzada para su época, pocos saben de su incursión en las principales revistas de moda y magazines de la mujer que se leían en la Argentina como las revistas Claudia y Para Tí.
En una entrevista Stella cuenta que a las revistas les mandaba cualquier cosa y se la publicaban:"escribí un cuento que se llamaba Elegida para nacer que era la historia de cómo yo decido tener una hija, mi hija mayor Marie Constance. Después escribí un cuento que llamó mucho la atención: Mamá tenía treinta años. Yo estaba harta de que la gente me dijera: “Sos igual a tu mamá pero ella de joven era mucho más linda”. Y yo me acostumbré a ser la hija “no tan linda como mi mamá”. Ese cuento tuvo éxito. Mamá me mandó una carta que decía que se me había ido la mano exagerando su belleza. Mentira, estaba chocha ella"
.

Stella siempre supo escribir a sus amores, a su ciudad, a Paraná y el río, pero con una impronta de mujer que sabe que el arte nació como expresión genuina de los seres humanos, para expresar y ponerle palabras a la belleza y no a la imbecilidad cotidiana. En un fragmento de Canto al Río Paraná Stella nos cuenta que...
"...Ellos vuelven. Están hipnotizados
por tu lengua barrosa de tormentas.
Como una amante de pródigas caricias y de engaños
en fábulas morenas
no te puede dejar quien ha probado
tus manos limosas bajo la luna inmensa.
Porque fue el hondo semen de tu barro
igual que Dios el que me hiciera hembra,
moriré en tus crecientes cada invierno
para volver a amarte en primavera."

Parte de una generación de mujeres de la capital provincial a las cuales se les hacía difícil mostrarse y fundamentalmente compartir su arte en un ambiente plagado de hombres, pero mas allá de una cuestión de género, Stella Berduc, como Amanda Mayor y como otras expresiones silenciadas, supieron atravesar generaciones trascendiendo el "mainstrem" literario, los lugares de moda. 

La última vez que la ví fue en una muestra artística de imágenes alusivas a la religión en la UCA, Stella, recién presentaba "A la Mínima Luz" y así sin vueltas, sin ánimos de recompensasión me lo regaló para que lea, como un estímulo, sí, "estímulo" esa fue la palabra que utilizó para que se mantenga vivo el espíritu poético del paranaense. Y debo decir, que leer el libro de Stella logró su cometido, no solo mantiene vivo el espíritu en general de la poesía como la madre de todos los géneros literarios, sino el romance, la bravura y la valentía de hacer poesía desde estas tierras. Nada mas conveniente que terminar esta nota con dos poemas (el criterio de elección siempre es subjetivo) de "A La Mínima Luz"
Segundos eternos
                                   A mi nieta Consuelo

Quien roba tu mirada, niña rubia,
cuando perdida quedas en la tarde
y olvidas a tus juegos y sonríes
escuchando el llamado de los ángeles.
Yo se quien vuelve tu mirada ajena
y quien puebla de magia tu semblante
es un instante, nada mas, tan breve
que vas vestida por la luz del aire.
En ese breve sueño que me envuelves 
cambiada tu expresión de niña grave
jamás sabrás Consuelo que en segundos eternos 
me devolviste el rostro de mi madre. 




A un bello inculto
                         Eros, amigo mío 

El no sabia quien era Frida Kahlo
pero sus dedos eran sabios.
Berlioz iba inundando las paredes
y presentí que la marcha del suplicio 
multiplicaría mi orgasmo.

Él confesó que le gustaba todo
y más que todo,
lo innoble, lo obsceno, lo sagrado.
Las casas que tan solo se murmuran
a oscuras,
lo que nadie había escuchado.

Era como una estatua desbordante 
en músculos tensados.
Entonces, me juré, que jamás nunca,
le contaría quien era Frida Kahlo.