¿Se viene una devaluación?

Ezequiel Bauman-. Con el dolar planchado y la soja con 30% de retenciones, el modelo agropecuario es parecido al de Néstor Kirchner. Pero requiere una devaluación.


Cuando Cambiemos incumplió la promesa electoral de quitar un 5% de las retenciones a la soja cada semestre, siendo el último semestre pasado por alto (quedando en 30% cuando deberían estar en 25% y ya para julio en 20%) se produjo el fenómeno esperado, a tono con los precios internacionales y la quita de las retenciones menores que tenían otros granos.
Creció 50% el maíz y el trigo, instando de esta manera a la rotación de cultivos y un freno a la sojización, sin desfinanciar el Estado.



El dolar, mientras tanto, está técnicamente planchado. Incluso, el Banco Central interviene para que no baje el precio de la divisa estadounidense por la masiva entrada de capitales golondrina que hacen su agosto con la bicicleta financiera.
Este dolar planchado significa en los hechos menor margen de ganancia para todos los commodities, que son los productos primarios exportables, no solo la soja sino también por ejemplo el maíz y el trigo.
Al ser utilizado además como ancla inflacionaria, es de esperar que luego de las elecciones y si el oficialismo nacional vence, haya una devaluación. Es lo que esperan tantos productores rurales que retienen su cosecha en silos a la espera de mejoras en los precios internacionales y ajuste local del dolar.
Por cierto, la actitud de retener la cosecha es una maniobra de especulación financiera, independientemente de quién gobierne. La actual realidad demuestra que eran falaces las teorías de que los productores rurales retenían a veces la cosecha porque no les gustaba el gobierno de la Dra Cristina de Kirchner.
Hoy día, la mayoría de los productores rurales, aunque votaron al Frente Para la Victoria en 2011, miran con simpatía el gobierno de Cambiemos, a quien acompañaron electoralmente en 2015 y probablemente lo hagan en 2017, aún cuando estén también especulando con la cosecha y les hayan incumplido la promesa de la baja de retenciones a la soja.



Por supuesto, si esta devaluación se realiza sin volver a implantar retenciones al trigo y el maíz, subirán los precios de los alimentos, se complicará la industria que no exporta -porque bajarán los costos de mano de obra pero también el consumo interno y por lo tanto, las ventas- y se encarecerá el servicio de deuda nominada en dólares. Si hubiera que apuntalar qué zona geográfica será la más complicada, el dedo apuntaría casualmente al bastión electoral de la Dra Cristina de Kirchner: el conurbano bonaerense.
Es decir que esta devaluación sería conveniente desde la perspectiva económica de Cambiemos y de las economías regionales y también se amortiguaría su costo político si el flamante Frente Unidad Ciudadana ganara los comicios bonaerenses.

Aunque las restricciones políticas para el gobierno nacional existen y son fuertes.
Sin chances políticas para hacer una megadevaluación del estilo del 2002, aunque tampoco con chances políticas para una devaluación como la de enero de 2016  o la de enero del 2014, es esperable una suba del dolar de una franja que va del 15 al 25%.
No habría riesgos de que el dolar se escapara por lo que mencionamos antes: el Banco Central está tratando de frenar la caída del dolar, no la subida.



Las cuentas entrerrianas se aliviarán porque recién en marzo del 2018 y sin elecciones ese año habrá paritarias para definir los salarios de los estatales. Aunque se complicará el pago de la deuda pública provincial en dólares, tengamos en cuenta que la mayoría de la deuda provincial es deuda heredada que está en pesos aunque a tasas altas. Asimismo, en realidad, una devaluación después de las elecciones le vendría muy bien al gobierno entrerriano, aunque hay que decir que perjudicaría a los trabajadores, públicos y privados.

A Entre Ríos además le vendría bien una devaluación porque la bronca gremial sería dirigida contra el gobierno nacional no contra el provincial.
Una devaluación, al ser una baja en los impuestos, también bajaría el índice de morosidad de los grandes contribuyentes de la provincia. Como sucede con cualquier devaluación históricamente en Entre Ríos.

Por último, conviene tener en cuenta que el gobierno del contador Gustavo Bordet ha ido aumentando las partidas sociales al ritmo de la inflación. Un dato positivo que ha ayudado a aliviar la situación de los sumergidos. Desde ya que esto no resuelve la pobreza  ni es la solución para el desarrollo provincial. Nada de eso.




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