#pasiones #prioridades #paradojas #productividad



Aki Tejerina-.El escritor, particularmente el de nacionalidad argentina, odia triunfar porque le exige dejar de quejarse.





Me encantan los clisés.
Los clisés son las cucarachas del ecosissstema conceptual.
Si permanecen porfiadamente en el acervo es por algo.
Son memes.
Hay clisés afortunadísimos: el peronismo ama tanto a los pobres que los multiplica.

Los clisés por lo general se fijan porque describen una paradoja.
Verbigracia: la paradoja de la pornografía.
Esa industria que a primera vista parecería ser una infame maquinaria de explotación de la mujer.
¿Sabíais que hay feminisssstas que juran que es un oasis de “empoderamiento femenino”?
A ver, la pornografía es acaso el único oficio en que la hembra de nuestra especie gana mucho más que el macho por hacer el mismo trabajo (sé que esto hará feliz a mi colega y amigo Luis Diego Fernández).

Sólo en el ultra frívolo y supuestamente retrógrado mundo del modelaje de alta cossstura se da una relación salarial similarmente desigual entre los sexos.

¡Viejo, pero la pornografía es prostitución y, en muchos casos, trata!
De acuerdo.
No sólo eso, es trata capturada en vídeo y distribuida en internet, como para agregar más indignidad y humillación al tema.
Pero si te sacás los prejuicios culturales y lo ves como un negocio más, es el único en el que la mujer tiene un régimen laboral más favorable que el hombre.
¿Qué sería de la polecía si se legalizara la prostitución y la farlopa?



El trabajo policial, curiosamente, presenta también una paradoja que subvierte el principio de los premios y castigos.
A saber: cuánto más aumenta el crimen más presupuesto obtiene la institución.
Una comisería es un organisssmo público que goza del curioso privilegio de recibir más poder, más dinero, más fierros y más recursos cuanto más mal hace su trabajo.
Clisés, clisés.

Fumadores y corredores de autos son suicidas sublimados.
Buscan morir pero no lo saben, dice el pisicoanalis.
Lindo clisé, me lo creo.

Otro: el mujeriego está enamorado incestuosamente de su madre.
Al mujeriego le resultaría imposible mantener una relación sostenida porque le es insoportable sobrellevar la culpa de serle infiel a la verdadera mujer de su vida: su madre.
Ergo el círculo vicioso de relaciones truncas.
Es más, el mujeriego es un invertido en letargo.
La diferencia entre el mujeriego y el invertido sería que en el segundo caso el sujeto que practica el homosexualismo desactiva la culpa de serle infiel a su madre encamándose con hombres.
La mujer latina y su relación incestuosa con sus retoños es la madre de todos nuestros problemas.
Pero todos, eh.
La mano que mece la cuna.
Una cosa mala.
La madre latina es una fábrica de hombres malcriados, inmaduros, indolentes, acomplejados, narcisistas, con serios problemas de brújula existencial y alta confusión de prioridades. El verbo reflexivo “encamarse” me parece un hallazgo.
No así “apasionarse”: me parece de cuarrrrta tanto en sus manifestaciones transitiva como reflexiva.
Chicas, a ver, el susssstantivo “pasión” en su forma verbal se conjuga “padecer”.
Apasionarse es cualquiera.
Es un invento despreciable y vulgar de algún cagatintas dado a los barroquismos de ocasión.
Como tantos otros palabros que deberían ser desterrados ipso facto: abonar, bonificar, empoderar.
No podemos dejar que empleados administrativos del conurbano y noteros de canales de cable nos contaminen así el habla.




Más clisés geniales:
Cuando un médico comete un error, lo entierra.
Cuando un juez comete un error, lo encierra.
Cuando un periodista comete un error, lo publica.
Hablando de publicar.
Hay que publicar más, chicas.
Hay que producir.
El otro día, por casualidad, aterrizó en mi monitor una biografía del olvidadamente célebre y celebradamente olvidado Eduardo Mallea.
Fue muy grosso en una época Mallea.
Le jugó en contra que era “de derecha”, antiperonista, perro faldero de Victoria Ocampo, director de la revista Sur y del suplemento cultural de La Nación: el guaso cumple todos los requisitos para ser sepultado por el esssstbalishment literario holgazán, improductivo, berreta, opaco y perdedor que nos rige desde hace varios años en la Argentina.
Encima era poco amigo y acaso un competidor estilíssssticamente opuesto a Borges.
Cartón lleno para que te borren del canon.
El escritor, particularmente el de nacionalidad argentina, odia triunfar porque le exige dejar de quejarse.
Encima, si publica, vende y la va bien, sus colegas le retiran el saludo, lo ningunean, lo ostracizan.
La envidia es una pulsión brutal, inmanejable.
Vds. se preguntarán por qué me llamó la atención Mallea.
Porque laburaba.
Laburaba y cómo.
Mientras dirigía Sur y el suplemento cultural de La Nación escribió docenas y docenas de obras.
Cantidad y cantidad.
Creo que sólo Aira debe ser más prolífico que Mallea en las letras argentinas de los últimos 100 años.
Atenti, te puede gustar o no pero el tipo laburaba, producía prodigiosamente.
Eso que los argentinos detestamos visceralmente: laburar, producir.
Tal vez esa sea otra de las razones por la que lo hemos sepultado.
Porque nos recuerda que somos unos holgazanes irreparables.
No le perdonaron el éxito.
El éxito lo sorprendió joven a Mallea y nunca se lo perdonaron.
Se le fue desdibujando hasta su muerte.
Como muchos otros.
Mujica Láinez, en alguna medida.
Asís.
Andahazi.
Aira.
Bernardello
Carrasco
No se les perdona que produzcan.
El escritor argentino medio es un producto típico de madre latina.
Underachiever crónico.
Impotente.
Poco prolífico.
Poca cosa.
Un alfeñique moral e intelectual con problemas de prioridades.



Hay outliers, por supu, Georgie estaba sojuzgado brutalmente por su madrecita y no obstante logró ser la pluma más prodigiosa del mundo.
Lo sigue siendo.
Pero no podía ponerla el man.
Altamente castrado por doña Leonor.
Dicen.
La vieja hirió de muerte cualquier posibilidad de relación normal que el pobre Georgie pudiera tener con una mujer que no fuera ella.
Volviendo a Mallea, su “Historia de una pasión argentina” le gustaría a mi pana Lucas Carrasco, a pesar de estar en la antípodas ideológicas.
Autenticidad versus representación.
La Argentina visible contra la Argentina invisible.
Mallea influyó muy mucho a Cortázar, eh.
Qué sé yo, dicen.
Repito y voy cerrando: pasión es padecer.
Pasión no es “apasionarse” ni sinónimo de dissssfrutar.
Les dejo mi clisé de cabecera: toda organización tiene un interés vital en la perpetuación del flagelo o flagelos que fue creada para combatir (la policía y la prostitución o la farlopa, los jueces y los delincuentes, el peronismo y los pobres).

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