¿Macri es un dictador?

Pablo Mori-. Por qué hay quienes consideran que Macri es una especie de Videla.




La exageración de la crítica en el campo opositor -en cierto espacio, más bien marginal, del campo opositor- responde a una mezcla de ideología, conveniencia judicial y política y también a una estrategia para reescribir el pasado.

Al revés del Partido Comunista a mediados del siglo pasado, que construía un "fascista a la carta" para justificar aliarse con los conservadores, como hizo contra Yrigoyen y Perón, hoy los comunistas se bancan, como ayer, ser humillados por facciones K del peronismo que los dejan fuera de la boleta, a cambio de insertarse en la fantasía de que están luchando contra la reencarnación de Videla.


Estas minorías delirantes que también conforman Luis D Elía, Quebracho, Boudou y un par de sellos perdidos que responden a la  exSIDE que el macrismo recicló tienen por lo general propósitos económicos y judiciales. En cambio, en el kirchnerismo con votos, la exageración responde a una estrategia política que incluso puede ser efectiva.



Montados sobre un análisis gorila que consideraba al menemismo la continuación de la dictadura militar, hay ciertos intelectuales que fueron funcionarios de Cristina Kirchner que prolongan ese análisis hasta Macri, haciendo así inteligible la comparación.
Dicen: el neoliberalismo es uno, neoliberales fueron Martínez De Hoz y Menem, neoliberal es Macri, por tanto, Macri es Videla.
Los más osados llevan ese análisis a una especie de constante del país que arrancaría con Rozas versus Mitre. Pero en estos casos, se trata más bien de una religión que de una ideología o un análisis político con perspectiva histórica.



La exageración de los males de este gobierno permite suavizar los males del gobierno anterior. Si Macri es Videla, la creación de organismos fascistas como la Secretaría de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional, es un asunto menor. Si Macri tiene de su lado a Stiusso, que durante 10 años hizo operaciones de inteligencia ilegales al servicio de los Kirchner, esa historia se borra y pasa a ser parte de la mochila de Macri.

La exageración sirve también porque en última instancia, si Macri es Videla ¿qué importan los bolsos de López, los millones de dólares de Florencia Kirchner y las denuncias de corrupción que hace el propio kirchnerismo sobre kirchneristas en cada nueva purga?
Las acusaciones contra Randazzo ahora, son la mejor muestra de este accionar.
Hace un año Randazzo era el candidato ultraK.

Si bien estas exageraciones antidemocráticas dejan al kirchnerismo en la marginalidad que siempre tuvieron este tipo de discursos de izquierda o derecha, el planteo puede ser eficaz si el plan económico de Macri fracasa.
El principal problema que arrastran hoy los kirchneristas más lúcidos es el vívido recuerdo de que la depresión económica no comenzó cuando asumió Macri, aún cuando éste la agravó, siguiendo incluso los mismos preceptos que pensaba implementar el kirchnerismo, encarnado en Scioli, si ganaba las presidenciales.
Pero si la cuesta abajo económica sigue, ese recuerdo de cuándo empezaron a andar mal las cosas se irá borrando o desdibujando, agrandando así la experiencia kirchnerista.
Es una apuesta inteligente. Lo único malo es que delega la iniciativa política en el adversario, en este caso, el gobierno, que puede remontar la economía cuando comience a gastarse el discurso anticorrupción.



Por otro lado, un discurso tan duro permite conservar un núcleo duro, que si bien se achica en cada nueva purga, sirve como sistema defensivo y vigencia de Cristina Kirchner. De hecho, las purgas son dedicadas a quienes osen crecer políticamente por sí mismos, opacando el culto a la personalidad que se practica en el kirchnerismo.
Para estos fines, la estrategia de la dureza discursiva, aún cuando bordee el ridículo en muchas ocasiones, es válida Aún cuando el kirchnerismo no pare de restarse a sí mismo y viva contándose las costillas.
Por supuesto, luego de las elecciones de octubre el peronismo analizará cuáles de las estrategias implementadas fue mejor.
Pongamos el ejemplo de Entre Ríos versus el Frente de Unidad Ciudadana bonaerense, el partido que armó Cristina Kirchner.
En Entre Ríos, la amplia unidad peronista que lidera Bordet sigue conteniendo a la centroizquierda K del Frente Grande, el ala conservadora de Busti y el ala peronista K de Urribarri.
Al costo de que la doctrina quede diluida, la amplia unidad resulta competitiva y ya logró polarizar con Cambiemos, que luce en contraste una interna más desordenada no solo por las críticas de los radicales sino por el desastre de la intervención al PRO.

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