La presentación de Bittel

Gonzalo García Garro-. Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días de dictadura militar.

La balada de los idiotas felices

Lucas Carrasco-. La caza de brujas con moral victoriana de tanto banana. Ay, el Sindicato de Indignados...me tienen las bolas llenas



Una tremenda organización del narcotráfico, parecida a la de Pablo Escobar, tiene como cabecilla a cinco tipos que viven en villas, no abandonan sus trabajos manuales en el municipio para no perder un salario de 6 mil pesos y llegar a fin de mes. Sin embargo, están a punto de apoderarse de la ciudad de Paraná.



Freno el auto en Urquiza y Santa Fe. Los gendarmes encapuchados pasan un detector de bombas. Los perros huelen a ver si tengo porro en la guantera.
Con las manos en alto, apoyado contra un tanque de guerra, los gendarmes utilizan un aparato especial que les modifique la voz.
-Documentos
-¡Sí, Sargento García!
-Umm...¿Lucas Carrasco? ¿Usted no es el periodista drogadicto?
-¡Sí, Sargento García!
-¿Cómo me reconoció?
-Por la panza, ¡Sargento García!
-Lo dijo muy bajito.
-¿La parte de la panza?
-No, mis títulos nobiliarios.
-Disculpe.
-De nuevo:
-¡SARGENTO García!
-Gracias.
-Cabo, arréstelo.
-Disculpe, ¡SARGENTO García! Pero yo vivo en el centro.
-Umm
-Y tengo muy buen sueldo. Y piel blanca.
-Ummm...espere, Cabo, al parecer el ciudadano tiene coartada. ¿Puede probarlo?
-Mire la dirección del documento.
-¿Cómo?
-Que mire mi domicilio en el documento ¡SARGENTO García!
-Ah. Entiendo. Igual, usted parece sospechoso. ¿Se droga?
-Sí, pero le compro a los dealers de ustedes.
-Pruébelo.
-La competencia está presa ¡SARGENTO García!
-Ummm...tiene razón.
-Gracias ¡SARGENTO García!
-Bien, salte los alambres de púas y diga en las barricadas que no tiren, que yo lo autoricé a pasar.
-Gracias ¡SARGENTO García! Mucha suerte en la caza de dealers. Viva la Patria.
-Gracias, Señor Sospechoso.
-Igual, la Patria, toooooda la Patria, no es usted solamente ¡SARGENTO García!
- Epa, epa, epa: ¿usted, Señor Sospechoso, se está insubordinando a la Autoridad Competente?
-Para nada, ¡SARGENTO García! Solo digo que la Patria son también los valores.
-Eso suena bien, Señor Sospechoso.
-Tradición, Familia y Propiedad.
-Que Dios le oiga, Señor Sospechoso.



El comité de bienvenida en la segunda barricada está picaneando un negrito por vender paracetamol con residuos de lo que con muuuuuucha suerte es algo de cocaína. Le exigen el pago del canon.
El negrito deja de llorar. Queda tirado bajo el cartel de "Estamos combatiendo el Flagelo de la Droga". ¿Habrá muerto? Quién sabe.

Hace unos meses me agarraron con una tuca. Así que tengo que cogerme a un comisario dos veces por semana. Cuando llego, el comisario está con una travesti bastante linda. Debe ser de Santa Fe. Me convidan un par de rayas y me dan pastillas para que se me pare la pija.
Después de cumplir las tareas comunitarias de la probation -el comisario es garantista- tiro el forro por el inodoro y vuelvo a la calle. Las barricadas cambiaron de sargento, así que tengo que pagar en cada puesto donde hay militares camuflados en tiendas de campaña, compradas a precio de saldo tras la invasión en Afganistán, aunque fue sin licitación y al parecer costó más que la deuda pública de la provincia. Por suerte, un banco de los Estados Unidos prestó el dinero a una tasa, curiosamente, más alta que la que paga Afganistán.




Tras pasar las barricadas, un conjunto de Ciudadanos Bien, que armaron un grupo paramilitar y recorre las calles buscando drogadictos para colgarlos de los faroles de luz, me frena para medirme el largo del pelo.
-¿Usted escucha rock?
-No, es satánico. Más si pasás los discos al revés.
-Ok, circule.
Disparan un par de tiros al aire para que apure el paso. El auto ya me lo incautaron. Seguramente está en el depósito de la Dirección de Lucha Contra Los Flagelos Juveniles, donde venden repuestos. Tengo 39 años, no merezco ser maltratado como si fuera un joven. Merezco un maltrato adulto, un fascismo respetuoso. Voy a elevar una queja al Ministerio de Educación Física.
Mientras tanto, tomo un colectivo. Pago con la tarjeta de Ciudadano Hostil que tiene un recargo del 70%. Voy subido del paragolpes, no había más lugar. En el primer semáforo se cae uno que iba colgado en la ventana. Un jeep militar que venía atrás lo pisa y siguen de largo. El colectivo frena de golpe. El colectivero tiene que ir a comprar cigarrillos.
Me voy a ver si sigue vivo el atropellado. Está vivo.
Saco la pistola reglamentaria, le pego un tiro en la frente y vuelvo al colectivo.



Con una mano agarrado al paragolpe y la otra leyendo el Manual de Lucha contra las Drogas, sigo la tarea de memorizar los capítulos 29 y 30, especialmente las secciones XXV y XXII, apartado B y C, donde nos instruyen a "desconfiar de toda persona cuyo color de piel no coincida con las características de un buen occidental cristiano". El Manual describe la manera de reconocer, si uno es daltónico, como yo, a un Sospechoso. Palabras como "gato", "eh vieja", "copate" son características del lenguaje extranjero que usan los argentinos Sospechosos. Además, suelen llamarse Elbraian y Layeni. Aunque también pueden llamarse Elyonatan o Ladeisi.
Luego, memorizo todos los códigos secretos para mencionar la marihuana:
-Porro
-Faso
-Chala
-Fasito
-Join
-Bob Marley
-Caño
-Cañito
y así, hay 3.662 sinónimos. Hay que aprenderlos todos de memoria. Para aprobar el Servicio Moral Obligatorio, que dura 9 años y uno se dedica, básicamente, a barrer los cuarteles los días impares. Los días pares a ensuciarlo. Para poder limpiarlo al otro día.
En el hay Manual de Lucha contra las Drogas hay dibujos explicativos, con -creo- vivos colores. Se me complica esta parte porque soy daltónico, de Roque Dalton:




LOS POLICÍAS Y LOS GUARDIAS 

Siempre vieron al pueblo
como un montón de espaldas que corrían para allá
como un campo para dejar caer con odio los garrotes.

Siempre vieron al pueblo con el ojo de afinar la puntería
y entre el pueblo y el ojo
la mira de la pistola o la del fusil.
(Un día ellos también fueron pueblo
pero con la excusa del hambre y del desempleo
aceptaron un arma
un garrote y un sueldo mensual
para defender a los hambreadores y a los desempleadores).

Siempre vieron al pueblo aguantando
sudando
vociferando
levantando carteles
levantando los puños
y cuando más diciéndoles:
“Chuchos hijos de puta el día les va a llegar.”
(Y cada día que pasaba
ellos creían que habían hecho el gran negocio
al traicionar al pueblo del que nacieron:
“El pueblo es un montón de débiles y pendejos -pensaban-
qué bien hicimos al pasarnos del lado de los vivos y de los fuertes”).

Y entonces era de apretar el gatillo
y las balas iban de la orilla de los policías y los guardias
contra la orilla del pueblo
así iban siempre
de allá para acá
y el pueblo caía desangrándose
semana tras semana año tras año
quebrantado de huesos
lloraba por los ojos de las mujeres y los niños
huía espantado
dejaba de ser pueblo para ser tropel en guinda
desaparecía en forma de cada quién que se salvó
para su casa y luego nada más
sólo que los Bomberos lavaban la sangre de las calles.
(Los coroneles los acababan de convencer:
 “Eso es muchachos -les decían-
duro y a la cabeza con los civiles
fuego con el populacho
ustedes también son pilares uniformados de la Nación
sacerdotes de primera fila
en el culto a la bandera el escudo el himno los próceres
la democracia representativa el partido oficial y el mundo libre
cuyos sacrificios no olvidará la gente decente de este país
aunque por hoy no les podamos subir el sueldo
como desde luego es nuestro deseo”).

Siempre vieron al pueblo
crispado en el cuarto de las torturas
colgado
apaleado
fracturado
tumefacto
asfixiado
violado
pinchado con agujas en los oídos y los ojos
electrificado
ahogado en orines y mierda
escupido
arrastrado
echando espumitas de humo sus últimos restos
en el infierno de la cal viva.
(Cuando resultó muerto el décimo Guardia Nacional.
Muerto por el pueblo
y el quinto cuilio bien despeinado por la guerrilla urbana
los cuilios y los Guardias Nacionales comenzaron a pensar
sobre todo porque los coroneles ya cambiaron de tono
y hoy de cada fracaso le echan la culpa
a “los elementos de tropa tan muelas que tenemos”).

El hecho es que los policías y los Guardias
siempre vieron al pueblo de allá para acá
y las balas sólo caminaban de allá para acá.

Que lo piensen mucho
que ellos mismos decidan si es demasiado tarde
para buscar la orilla del pueblo
y disparar desde allí
codo a codo junto a nosotros.

Que lo piensen mucho
pero entre tanto
que no se muestren sorprendidos
ni mucho menos pongan cara de ofendidos
hoy que ya algunas balas
comienzan a llegarles desde este lado
donde sigue estando el mismo pueblo de siempre
sólo que a estas alturas ya viene de pecho
y trae cada vez mas fusiles.

La balada de los idiotas felices