"Es un país muy duro y tomó revancha con la belleza"

Osvaldo Quinteros- Agustín Alzari es doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y autor de varios estudios académicos sobre Juanele.


Agustín Alzari (1979) es Doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Rosario, en la cual trabajó como docente auxiliar en la cátedra de Literatura Argentina.
Actualmente trabaja como editor en Espacio Santafesino ediciones, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe. Y en los micros sobre literatura argentina "La biblioteca salvaje", que se transmiten cada miércoles por Radio Universidad de Rosario.

En 2016 coordinó la colección Ciudades, Campos, Pueblos, Islas. Relatos Clásicos Santafesinos editada por Espacio Santafesino Ediciones. En 2015 publicó la novela La Solución (Yo soy Gilda editora).


En 2014 publicó la crónica La internacional entrerriana (EMR), que se suma a otros dos libros que parten de sus investigaciones literarias publicados en 2012: “Estas primeras tardes…” y otros poemas para la revolución, de Juan L. Ortiz y Tumulto de José Portogalo (Serapis).
Entre otros trabajos como editor estuvo de la recopilación de imágenes en el libro Signos Santafesinos en el bicentenario (2011) y realizó el prólogo y la selección de textos de Hacia allá y para acá de Florian Paucke (2010), ambos editados por Espacio Santafesino. Fue coordinador de ediciones digitales del programa TRADIA (UNR y Universidad de Barcelona) durante los años.
Grabó y editó los discos Las cinco estaciones (2016) y Nadar (2006), junto a la banda Nadar.




 Llamás "la Internacional entrerriana" al lote de escritores comunistas nacidos en Gualeguay. El nombre -más en un marco académico, como el que está inscrito tu texto- me hizo reír a carcajadas. ¿Cómo se te ocurrió?

Naturalmente está la marca de Copi, a quien quiero mucho, con La internacional argentina, un libro raro pero con un título genial. Y cuando encontré que, por conveniencia pero exagerando hasta el delirio, había periodistas y dirigentes conservadores que aseguraban que había arsenales ocultos en Entre Ríos, y que desde allí vendría la revolución. Bueno, estaba servida la mesa. Así le puse al libro de la serie naranja que me publicó la Editorial Municipal de Rosario.

 Es evidente tu originalidad a la hora de analizar la literatura argentina. ¿Es correcto agregar que tenés, también, un toque de humor negro?

Pasa que vengo de un palo más libre, de la música y sobre todo de la literatura, de la edición y fundamentalmente de la escritura de ficción a la que le dedico buena parte de mi tiempo, y por algún misterio de la vida (que Marx supeditaría a lo económico) terminé por recibirme de Doctor en La Plata. Entonces hay dos tensiones: ser riguroso pero no académico, y ante todo, pelar en la escritura. Todo fue posible porque encontré a Martín Prieto, quien no festejaría mi "humor negro", pero sí mi enfoque y mi prosa. Sin él, tampoco se entiende mucho el camino de mi investigación sobre la poesía de izquierda.




¿Qué te llevó a escribir sobre Juan L Ortíz?

¡Una pelea con Prieto! Él y D. G. Helder (como le gusta firmar) tienen todo un desarrollo sobre la música en la poesía de Ortiz. Y bueno, hay poemas que son como fugas, ese tipo de transpolaciones suyas entonces (a fines de los 90) me parecían sin sustento. Lo dije. Prieto me desafió a que los corrija, y se ofreció a dirigir mi tesis en contra suyo. No sé quien ganó, supongo que ellos. Eran simples metáforas, qué se yo.

Su militancia política, ¿la considerás relacionada a su literatura? Y en ese caso, ¿en qué se nota?

 Sí, sobre todo hay un momento, unos dos o tres libros y poemas en revistas comunistas, desde el 36 al 43. Su escritura evanescente y simbolista desliza entonces un mensaje de lucha. Así lo dice Carlos A. Giordano, un crítico olvidado por todos menos por mí. Fue quien, en un sentido ya moderno, descubrió esa rareza. Yo le puse fechas, poemas, conexiones políticas. Trama. Supongo que escribir novelas ayuda al olfato.



¿Por qué creés que Juan L Ortíz hoy es considerado un escritor de culto y no un poeta masivo (fuera de Entre Ríos)?


Bueno, porque a diferencia de otros, esquivó el metro y la rima, condición casi inequívoca de la poesía popular (ya sé, ya sé...). Y porque tiene momentos de verdadera complejidad.



 Los homenajes entrerrianos -centros culturales, calles, etc- y los esfuerzos académicos santafesinos por estudiar y reeditar su obra, contrastan mucho con la nula recepción oficial cuando Juanele vivía. ¿A qué creés que se debe esto?

 Juan L. decía que lo habían editado todas las revistas de poesía del país. No fue un tipo negado y menos ninguneado. Mi investigación abre camino para entender que tenía una socialidad de izquierda. Muy generosa y mantenida a lo largo del tiempo. Una verdadera fraternidad. Pensá que lo editó la Vigil, acá en Rosario, y luego la Vigil fue intervenida, sus libros quemados, y algunos de sus directivos desaparecidos. Este país es muy duro y se toma revancha de la belleza.


¿Podés contarnos sobre el cruce que hacés de César Vallejo y Juanele?

Bueno, diría que Cesar Vallejo, tan libre y soberano como fue, abre la posibilidad de pensar a los escritores como "casos", y de relacionar esos casos con la política de una manera menos esquemática. Sus textos de viaje (a la Unión Soviética) y sus reflexiones y sobre todo sus poemas de la guerra civil, brindan una perspectiva única para leer a Juan L.

¿Considerás que la de Juanele -o la etapa  (1936-1946) de éste- es la de la "poesía social? ¿Por qué?


No lo digo yo, lo dice Álvaro Yunque al incluirlo en su antología de los poetas sociales en un selecto grupo en la cumbre de esa tradición: "Los Poetas Comunistas". De ese tipo hallazgos no se vuelve. Hay que pensar que para los comunistas del 43 Juan L. era uno de ellos. Y, por supuesto, al revés también. Pero de allí a explicar su poesía sobre la base de la militancia hay un salto que requiere un enorme desarrollo. Lo intenté en mi tesis.




¿Qué vigencia creés que tiene hoy la poesía social?

La poesía social debe ser definida en cada momento. No hay una sola. Ahora, la poesía social que puede historiarse en conexión con los vaivenes de un partido, bueno, eso no existe ya salvo raras excepciones. Y, claro, ninguna de esas excepciones aceptaría de buen grado (como el amigo Yunque o Tuñón) que lo definan como poeta social. Es casi una provocación. Los poetas son muy irritables.

Qué influencia considerás que tiene en los jóvenes poetas Juanele hoy

 Mis jóvenes están viejos. Pero creo que es el mejor momento de su difusión: lo leen, lo festejan, lo recrean. Es muy inspirador, Juan L. Y tiene algunos poemas que, una vez que se está en su aura, equivalen al nirvana. Son muy pocos los poetas que logran eso.

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