Entre Ríos puede ser la nueva Santa Cruz

Osvaldo Quinteros-. Si Cambiemos gana la provincia de Buenos Aires y CABA, quizás deje que el resto del país, gobernado por el peronismo, se incendie.



El gobierno nacional negoció una ayuda a Santa Cruz de 1.200 millones de pesos justo el día en que Cristina Kirchner, cuñada de la gobernadora de la provincia en llamas, lanzaba su Frente Ciudadano rompiendo con el Partido Justicialista bonaerense. Tal y como deseaba Cambiemos.
¿Casualidad?
Nunca se sabrá.
Pero lo que se sabe es que el gobierno nacional deseaba este escenario para la provincia de Buenos Aires, la que considera la madre de todas las batallas.
Puede ser una mera coincidencia pero en el ámbito político hasta la menor coincidencia se lee como una gran conspiración, así que lo más probable es que así sea leída esta última jugada tarde o temprano.



Mientras tanto, en Entre Ríos crecían enormemente las chances electorales del justicialismo, que camuflado en "Somos Entre Ríos" eliminó el Frente Renovador y cualquier otra opción peronista para concentrar el voto y provincializar la elección. Exactamente lo contrario de lo que trató de hacer Rogelio Frigerio en Entre Ríos.
Paralelo a ésto, el gobernador Gustavo Bordet cambió a Ariel De La Rosa por Sonia Velásquez en el Ministerio de Salud -que es como sacar a Manzur para poner a Ginés González García: un giro total. Asistió a un cónclave de kirchneristas, se reunió con Urribarri y con Busti y dejó que Carolina Gaillard, diputada kirchnerista, sea uno de los nombres que se rumoreen para el Congreso Nacional. Algo impensable hace pocos meses, cuando el alineamiento con Cambiemos era absoluto.
Pasa que se vienen las elecciones.



Unificando las energías gubernamentales en CABA y provincia de Buenos Aires, con el control del gobierno nacional, el PRO puede lograr una maquinaria eficaz de poder que podría durar bastante años.

Dejando de lado a las provincias controladas por el peronismo, cuyo adversario principal es el radicalismo, podría de a poco ir construyendo su propio poder en estos bastiones del "interior" dejando que los partidos provinciales (como el neuquino, el socialismo santafesino, el caso de Río Negro) y la UCR se desgasten en la lucha política contra cada peronismo provincial.
Es un plan estratégico, que requeriría ganar la provincia de Buenos Aires y la capital del país.
En el caso de la capital, todas las encuestas dan ganadora a la diputada opoficialista Elisa Carrió. El segundo puesto se lo disputan la UCR con Lousteau y el Justicialismo junto al kichnerismo más colaborativo con Rodríguez Larreta. No corre riesgos en CABA el oficialismo.
En provincia de Buenos Aires las encuestas lo daban tercero. Hasta que Cristina Kirchner anunció que se iba del PJ, dejaba solo a Randazzo y Massa confirmó que se postulaba. La oferta opositora, curiosamente, aparece más fragmentada que la ultraizquierda. Hasta el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores) irá unificado y sin internas.
Como nunca hasta ahora, Cambiemos acaricia seriamente el triunfo en provincia de Buenos Aires.
Lo que podría disparar este sueño estratégico de cara a la reelección de Macri: concentrar todas las energías en los tres distritos gobernados por el PRO puro (CABA, Bs As, Gobierno Nacional) y dejar a la intemperie las gobernaciones peronistas "chicas", cuyo eventual incendio no generaría una desestabilización nacional, como sí sucedería en el caso de Córdoba, Santa Fe o Mendoza. Tres distritos grandes donde de una u otra forma cogobierna Cambiemos, aunque nominalmente los oficialismos provinciales sean otros y sirvan además para fragmentar nacionalmente la oposición.

Córdoba fragmenta el peronismo nacional.
Santa Fe fragmenta la UCR rebelde y cualquier opción progresista nacional (por ejemplo, Margarita Stolbizer, que come del electorado de Cambiemos además de denunciar a la rival favorita del gobierno, Cristina Kirchner).
Mendoza es la clave, a través de Ernesto Sanz, para disciplinar el radicalismo.



La negociación con Santa Cruz la hizo Rogelio Frigerio, que si quisiera ser gobernador de Entre Ríos y siguiera este hilo o leyera la situación tal como se da, debería dejar que Entre Ríos, si gana Bordet en octubre, se incendie para poder disputarle luego las reglas electorales y los dirigentes peronistas que alguna vez fueron aliados del PRO, como Jorge Busti por ejemplo.
Una de las exigencias para ayudar a Santa Cruz antes de las elecciones de octubre, es la derogación de la Ley de Lemas, además de un ajuste fiscal.
Son datos para ir teniendo en cuenta.

En Chaco, San Juan, La Rioja y Entre Ríos no ocurrió lo que Cambiemos esperaba: una fragmentación entre el justicialismo tradicional y el krichnerismo con votos.
Capitanich no se opuso a Domingo Peppo, Sergio Urribarri no se opuso a Bordet (ni a su alianza con Adrián Fuertes primero, Jorge Busti después). Gioja no rompió con Sergio Uñac. En La Rioja alinearon hasta a Menem con parte de La Cámpora.
Si el peronismo ganara en estos distritos y simultáneamente perdiera en Buenos Aires, se extrapolaría su fórmula ganadora: la unidad.
Por lo tanto, a Cambiemos le convendría que esos distritos se incendien uno por uno. No todos juntos porque amenazaría su gobernabilidad. No de repente porque se notaría mucho. Si es un sistema por goteo, el desgaste paulatino obligaría a mayor docilidad de esas provincias en el Senado Nacional y a la vez, el desgaste irremediable del adversario.



La UCR en Jujuy, Corrientes y Santiago Del Estero es un lastre para Cambiemos. Los prolijos aliados de Salta, San Juan y Catamarca son invendibles para el electorado PRO de CABA y Bs As.
A todos los necesita Macri en el Senado Nacional.
Siempre y cuando el Senado funcione.
¿Con Cristina Kirchner armando un bloque de 8 senadores, gritando contra el resto del peronismo acusándolos de cómplices del peor gobierno de la historia, el Senado funcionaría normalmente si además las provincias chicas empiezan a incendiarse porque no hay dinero para pagar los salarios de los empleados públicos?

El gobierno nacional necesita bajar un punto del déficit fiscal este año y el año que viene.
¿Concentrará el ajuste en las provincias donde gobierna o dejará a la intemperie a las provincias opositoras?
La baja de un punto del déficit fiscal es una necesidad estratégica para el gobierno nacional para conservar un Riesgo País que haga manejable la abundante deuda externa que tomó gracias a la "pesada herencia" que fue una relación Deuda/PBI de las más bajas de la historia.
La pregunta es ¿Quién pagará la Fiesta?
(Podría agregarse, para entendidos en literatura -no es mi caso, así que se lo dejo a los especialistas- ¿Quién pagará La fiesta del monstruo?)

Entre Ríos puede ser la nueva Santa Cruz. Junto a Catamarca, San Juan, Salta y quizás Misiones.
San Luis y La Pampa tienen las cuentas más ordenadas, pueden resistir que el PRO, como viene sucediendo hasta ahora, intente ahogarlos. Santa Cruz, se vio que no pudo resistir ni un mes. Entre Ríos, sabemos que tampoco.
Mendoza, Jujuy, Corrientes y Santiago del Estero, son radicales.
Córdoba y Santa Fe, no molestan. Son funcionales a Cambiemos en tanto dividen la oposición nacional.

Si Cambiemos gana provincia de Buenos Aires y CABA y simultáneo conserva un caudal de votos relativamente bueno en Córdoba, Santa Fe y retiene Mendoza, los manuales básicos de la política económica neoliberal le aconsejarán concentrar el ajuste donde son más fuertes sus rivales. Los que verdaderamente podrían disputarle el poder en el 2019.

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