La presentación de Bittel

Gonzalo García Garro-. Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días de dictadura militar.

El triunfo cultural de Cambiemos

Osvaldo Quinteros-. Cambiemos pone la agenda de la oposición a su servicio. Lo cual es un triunfo cultural o el inicio del mismo.



Uno de los indicadores más profundos del comienzo de un triunfo cultural de Cambiemos es que la oposición, en vez de discutir de qué se trata este nuevo artefacto que es Cambiemos, discute sobre sí misma, ya sea diciendo que el pasado fue perfecto, fue mejor o fue igual. Es una discusión válida, que puede servir a algunos, pero es la menos interesante de las discusiones políticas.

Veamos otro ángulo, veamos si no resulta más fascinante como desafío intelectual:
Un partido político, el PRO, que perdió la personería jurídica en el 2015 y que manejaba una sola intendencia en la provincia de Buenos Aires, gana la gobernación con una candidata que es vicejefa de gobierno del distrito donde vienen ganando ininterrumpidamente desde hace 10 años.
El PRO controla el gobierno porteño, el gobierno nacional y el gobierno provincial. Una masa de poder enorme. Lo hace con minoría en las dos cámaras y sin embargo no es desde el Congreso de la Nación desde donde salen sus desvelos.


Es la primera vez en la historia que gobierna democráticamente electo alguien que no es radical ni peronista, está divorciado y vuelto a casar, no es católico, no es abogado, lleva a una mujer en silla de ruedas -senadora nacional por su mismo distrito- como vicepresidenta y conforma un gabinete (el de más ministerios en la historia) con CEO de compañías privadas.

Sin embargo, la intelectualidad está enfrascada en discutir sobre Cristina Kirchner.

¿No es ésto, en sí mismo, una trampa del gobierno nacional, un triunfo cultural de Cambiemos o el comienzo incipiente de un triunfo cultural?

El Partido Justicialista no se presenta como tal en ningún distrito de los 24 que tiene Argentina.
Cambiemos, excepto en Capital Federal donde surge y concentra sus cuadros políticos y de gobierno, se presenta en 23 distritos.
La marca Cambiemos, según todas las consultoras, supera en intención de voto a los candidatos de esa misma coalición en el principal distrito electoral del país, la provincia de Buenos Aires, que concentra el 38% de los electores del total del país.
Eso no es todo.

El PRO conduce al radicalismo, contiene al partido unipersonal de Elisa Carrió que por momentos parece la principal opositora y suma, además, a un sector del sindicalismo, como el recientemente fallecido Momo Venegas, titular ya vitalicio del sindicato de peones rurales, la UATRE.  No es el único sindicato integrado orgánicamente a Cambiemos, pero sí el más vistoso.
¿Por qué un partido de derecha como el PRO tendría interés en asociarse con una parte del sindicalismo? Aún tratándose de un sindicalista que no representa a sus trabajadores, los peones rurales, sino a sí mismo. Con más razón. A la mala imagen general de los sindicalistas, hay que sumar que esta imagen negativa crece en el segmento socioeconómico que representa Cambiemos. A lo que hay que sumar que del conjunto de los sindicalistas, Venegas es de los más impresentables, que es decir mucho.
Un dato que no es menor: Venegas, a través de su partido FE, tuvo más representación en Cambiemos en el cierre de listas que los representantes de la patronal de Venegas, empezando por la Sociedad Rural, cuyo presidente quiso ser candidato a legislador por Entre Ríos y fue bajado, mientras le quitan espacio y lo disminuyen políticamente al ídolo de la Federación Agraria, Alfredo De Ángelli.
Esto ocurre mientras en la provincia de Santa Fe, Juan Carlos Schmidt, integrante del triunvirato que conduce la CGT, se baja de su precandidatura a diputado nacional por el Partido Justicialista, por falta de apoyos. Otro triunviro, el diputado Héctor Daer, queda afuera de las listas del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, al que emigró tras abandonar el Frente Renovador.
Figuras prominentes de la derecha y del gobierno nacional, despiden los restos del fallecido sindicalista Momo Venegas, ya en grave estado de salud mientras se cerraban las listas en todo el país.


Este mozaico que es Cambiemos es más complejo de lo que surge de la mirada estigmatizante de la oposición más dogmática, que lo encasilla en la clásica derecha. De clásica, no tiene nada. Ni siquiera la economía: una derecha clásica hubiera reprivatizado las jubilaciones, eliminado los planes sociales y dejado flotar libremente el dolar y los créditos de la banca estatal, a la que habría privatizado.
El PRO maneja los tres principales bancos del país, que son estatales. Banco Ciudad, Banco Provincia y Banco Nación. Lo quieren correr por izquierda peronistas que en sus provincias privatizaron los bancos, como el caso de Entre Ríos, Santa Cruz, Tucumán o el socialismo santafesino.



El conservadurismo popular del PRO tiene un componente populista que es poco percibido por su tendencia al pragmatismo y a los globos de ensayo.
Néstor Kirchner solía decir que no escuchen lo que decía, sino que miren sus acciones. Era un guiño hacia la derecha.
En efecto, si uno mira las acciones de gobierno del PRO encuentra que el populismo a la Argentina, que es el conservadurismo popular, no ha tenido grandes variaciones desde su profundización durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner, que tuvo un giro del progresismo al conservadurismo popular. En este sentido, el triunfo cultural sería el del cristinismo. De hecho, los ex ministros de Cristina son clave en este proceso electoral, desde Martín Lousteau a Graciela Ocaña, pasando por Florencio Randazzo y Sergio Massa.

El discurso del PRO, sin embargo, no tiene nada de populista. Es un discurso corto, publicitario, enajenado con la retórica New Age y el posmodernismo. La conjugación entre discurso y gobierno no encaja para nada.
No es una derecha clásica.
El triunfo cultural de Cambiemos está cifrado en que pone el pasado constantemente en el centro de la discusión mientras promete un futuro que siempre se va postergando para el tercer semestre.
Este triunfo cultural tiene atrapada a la oposición, que se entretiene en "predecir el pasado".

Claro que ésto es recién el comienzo de lo que puede ser o no un triunfo cultural de largo alcance. Por ahora, es el gran ganador.
Si logra instalar a partir de esta base algunas premisas por la positiva, habrá logrado lo que se denomina una "hegemonía cultural".
El gran problema para esta hegemonía cultural no lo tiene en Argentina sino en el exterior: el modelo de país que sueña se está desmoronando en los países centrales, que son quienes promovían ese modelo de desarrollo basado en el credo neoliberal y su filosofía política, hoy profundamente en crisis en Estados Unidos y Europa. Ni que hablar en Asia, especialmente en China e India, Rusia y Brasil, que junto a Sudáfrica son quienes conducen al tercer mundo y sostienen al primer mundo, como se vio durante la crisis de las subprimes.

El discurso new age inserto en el discurso propiamente político, es una novedad para la Argentina. Hoy es el discurso oficial de la Nación. Ni más ni menos.
De lo que se trata es de observar si estos fenómenos son pasajeros, si son el comienzo de una nueva era y llegaron para quedarse.
Lo iremos sabiendo con el tiempo.
Mientras tanto, subestimar al PRO es potencialmente peligroso y peor aún, un grosero error político.