El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

El periodismo patrullero

Pablo Mori-. Un fantasma recorre el periodismo: el fantasma del caretaje.




La legalización de la marihuana, para usos médicos o recreativos, avanza en el mundo mientras el periodismo entrerriano se pone la gorra como cazadealers de morondanga, selectivamente fotografiados con los adversarios de turno.

El mundo también existe

Legislación sobre el uso clínico (con fines médicos) del cannabis a nivel mundial
     Legal/esencialmente legal.     Despenalizada.     Ilegal, pero a menudo no aplicado.     Ilegal.     Sin información.



La legislación en el mundo sobre el uso de la marihuana muestra que los países del primer mundo no aplican en sus territorios las grotescas leyes que mandan a aplicar en los países más pobres.
Es evidente la diferencia de las legislaciones con dictaduras -ya sean musulmanas o comunistas- y los países democráticos.
La conclusión es simple: en los países desarrollados y democráticos, no existe la sharia contra los drogas que sí existe en las dictaduras empobrecidas.





X sobre Y

La hipocresía es colosal. Basta imaginar la siguiente escena: ingresa la policía a reventar a un dealer X de la competencia del dealer Y que paga a la comisaría y se encuentra con que el dealer X en vez de marihuana sin procesar tiene aceite de marihuana, que desde hace pocos días es legal.
Los policías hacen todo el procedimiento y lo llevan a la Justicia y la cosa avanza y por años se hace un simulacro de investigación cuyo resultado quedará en nada. El objetivo está cumplido: que X se funda mientras Y se enriquece con lo que le queda, después de pagar a la Justicia y la policía por hacer la vista gorda.
En el medio, se gastó el equivalente a la construcción de una escuela nueva.
El periodismo patrullero copiará las actas policiales y judiciales haciendo como que está en una gesta sanitaria por transformar la sociedad en buenos mormones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

¿No era que íbamos a volver al mundo?



Pongamos otra escena. La policía entrerriana está con sus perros oliendo en la ruta 14 para detectar marihuana.
Una camioneta con marihuana se detiene en la fila.
Ve a los policías en cuestión y decide abrirse camino por el costado de la ruta, pisando las plantaciones ilegales de soja en el gardaraíl, la camioneta toma un camino y enfila hacia la República del Uruguay. En el camino, se le cae un paquete de marihuana. Los policías, que ya se robaron el dinero asignado para la nafta de los patrulleros, no lo persiguen más que unos kilómetros. Se frenan cuando ven que se le cae un paquete de marihuana.
Por las cámaras de seguridad saben que cruzó a Uruguay.
Por la patente, saben el nombre del conductor.
Le mandan un edicto internacional pidiendo...¡que pague una multa de tránsito!, ahhh pero si vuelve a la Argentina será juzgado por narcotráfico y metido en una prisión de máxima seguridad hasta que muera por sarna, por SIDA o tuberculosis. Por jueces que escriben bellos alegatos a favor de los derechos humanos.
Es absurdo. Ridículo.


Hace 8 años es legal en Argentina, papu


Wikipedia ilustra rápidamente la situación en Argentina. Primero, con una breve historia de la criminalización de la marihuana, cuya ilegalidad lleva a tanta violencia gratuita en el marco de las leyes del capitalismo, pero ilegalizado a pedido de EEUU (aunque el propio EEUU, en la mayoría de sus Estados, no aplique esta aberración):

La ley 23.737, de septiembre de 1989, establece para la tenencia de estupefacientes la pena de uno a seis años de prisión y de un mes a dos años de prisión cuando, por su escasa cantidad y demás circunstancias, sugiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal. La producción, el comercio, el transporte, la tenencia de elementos destinados a su producción y la apología del delito también se encuentran penados, aunque el cultivo de cantidades escasas para consumo personal se encuentra atenuado. Por otra parte, en los casos de tenencia simple o para consumo personal, así como el cultivo a estos fines, el juez podrá dejar en suspenso la aplicación de la pena y someterlo a una medida de seguridad "curativa por el tiempo necesario para su desintoxicación y rehabilitación" y, finalizado el mismo y en caso de ser considerado su resultado satisfactorio, se exime al imputado de la aplicación de la pena.
Al día de hoy la situación es distinta. Pues como marca el mapa de más arriba, la tenencia de marihuana o cualquier otra droga no recetada para fines recreativos, es legal bajo ciertas condiciones.

No obstante, el 25 de agosto del 2009, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró en forma unánime la inconstitucionalidad del segundo párrafo del artículo 14 de la Ley 23.737, en el denominado Fallo Arriola, que penaba la tenencia para consumo personal, en la medida en que la tenencia se produzca en condiciones tales que no importe peligro concreto o un daño a derechos o bienes de terceros, pues dicha norma, a entender del Tribunal, conculca la esfera de libertad personal e intimidad, la que se encuentra excluida de la autoridad de los órganos estatales consagrada por el art. 19 de la Constitución Nacional. En el Fallo Arriola se remarcó de manera nítida la diferencia entre consumidor y traficante, y exhortó a los poderes públicos a asegurar una política de Estado contra el tráfico ilícito de estupefacientes, controlando también los precursores químicos, y a adoptar medidas de salud preventivas , en especial hacia los grupos más vulnerables, debiendo fijar estándares más claros que definan de un modo inequívoco los casos de tenencia que no puedan causar daño o poner en peligro bienes jurídicos de terceros. Al día de hoy, en Argentina aún no fue modificada la ley cuestionada. En 2017 se aprobó la ley del uso medicinal del cannabis. El proyecto sobre la autorización del cultivo de cannabis para permitir la investigación farmacéutica de la utilidad de los cannabinoides en el tratamiento de enfermedades como la epilepsia o el alzheimer, fue convertido en ley por la Cámara de Senadores por unanimidad y sin debate.


Sacate la gorra, careta

El periodismo patrullero anda persiguiendo dealers como si fuera una cruzada moral de la inquisición.
Lo curioso es que a menudo -por lo menos en Bs As, desde donde escribo esta nota- los mismos que encabezan esta cruzada moral están drogados hasta las manos con drogas infinitamente más peligrosas y adictivas pero recetadas por médicos y psiquiatras de la industria farmacéutica. Tema del que no solo el periodismo patrullero, sino el periodismo en general, tiene prohibido hablar por los auspicios de las multinacionales y los laboratorios.
Lo curioso del periodismo patrullero es que se ensaña con dealers, no con narcotraficantes. Hay una diferencia. La diferencia es fundamentalmente de escala y de impunidad.
El narcotraficante, así como el exportador y el importador, los estudios jurídicos y contables involucrados, las entidades financieras que lavan el dinero, permanecen anónimos y gozan de impunidad. En algunos casos hasta de prestigio. casos muy pero muy conocidos por todos.
Mientras tanto, los dealers se pudren en cárceles superpobladas. Tienen como característica venir de la pobreza, tener pocos estudios y ser el último eslabón de la cadena del negocio más lucrativo después del tráfico de armas. El negocio mundial más lucrativo, después del de tráfico de armas y el armado de conflictos bélicos. A menudo ambos negocios se cruzan por el uso de las mismas rutas de transporte, los mismos bancos para lavado del dinero, las mismas bandas para ejercer el dominio de la violencia que conlleva toda prohibición.
A menudo también, a estos dealers que van a la cárcel por ser el eslabón más débil y visible de la cadena, lo entregan sus competidores, o sus propios jefes, para colaborar con las estadísticas criminales de este gran verso que es "la lucha contra el flagelo de las drogas".
El periodismo patrullero colabora, a veces gratis de puro conservador y careta nomás, en la difusión de este cuento del tío que genera más violencia, más adicción, más venta de porquerías y más hipocresía.
El subdesarrollo no es solo económico, también es cultural. Y de eso no se vuelve con crecimiento del precio de la soja.