El gobierno opositor

Martín Vázquez-. Desde 1983, todos los gobiernos se comportaron como opositores. Macri exacerba esta tendencia.



Influido por Durán Barba y por la herencia discursiva de Cristina Kirchner, que hasta la llegada de Macri a la presidencia, había enarbolado como ningún otro presidente desde el retorno democrático esta actitud de "gobierno opositor", Macri lleva hasta el límite el discurso del gobierno opositor.




Su discurso es de campaña: diciendo lo que hay que hacer y no hace, ni hará. Consumida ya casi la mitad de su mandato. Si alguien le pregunta por esta evidente esquizofrenia, le echará la culpa a quien sea, preferentemente, el kirchnerismo. Que ocupa el lugar de "Magnetto" en el último gobierno de Cristina: el culpable de Todo, el villano pintado como en un comic de Marvel.

El gobierno opositor es un gobierno que plantea que no puede hacer lo que propone por culpa de X. Por lo tanto, no hace lo que dice que quiere hacer.
Tamaña ineptitud se suple con "gestos", voluntades nebulosas y eslóganes, cuantos más vacíos, mejor. Desde Liberación o Dependencia hasta la famosa "lluvia inversiones", aunque es cierto que en el arte de hablar sin fundamentos empíricos el macrismo tiene el mérito y la locura de no manosear tanto las estadísticas.
Así, Macri parece un descerebrado cuando dice que "estamos creando empleo" y los datos de desocupación del INDEC dicen lo contrario. O cuando el Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anuncia, cada 24 horas y en  el diario La Nación done trabaja, el fin de la recesión y la baja de la pobreza. ¿Deliran o es parte de una estrategia?

Un poco de ambas cosas. El Diario de Yrigoyen existe, los egos son tan inmensos en ese nivel del poder que rozan diversas patologías negadoras de la realidad y también, más vale, es una estrategia. Agreguemos: una estrategia efectiva.

En el diario Tiempo Chino -durante la era K, el Tiempo Chino se llamaba Tiempo Argentino, hoy se llama La Nación- se cuenta una anécdota de Vidal ante un auditorio de empresarios que la ovacionaba.
La gobernadora bonaerense no hablaba de política (nunca lo hace) ni de economía (por obvias razones). Hablaba de la criminalidad. Hablaba en contra de la criminalidad que su gobierno no solo no supo, no quiso o no pudo parar sino que desde que asumió va en aumento. Fue aplaudida de pie por "el círculo rojo", que ni de lejos sufre el problema de la "inseguridad" y por lo general, más que surfrirlo, se benefician con este problema, aunque no lo vean así. Por conveniencia e hipocresía. En otros países del mundo, el Otro al que "erradicar" no son los "delincuentes", sino los inmigrantes, considerados de por sí delincuentes.
Es una estrategia discursiva comprada llave en mano a los vendehumo del marketing electoral.



El discurso del gobierno opositor no es una característica argentina, está por todos lados y se amolda a los vientos de la época. Da cuenta de la impotencia estatal, la llamada "posverdad" y la política sin sujeto social, que es la política despolitizada.
Se ve en Estados Unidos, Francia, Venezuela, Argentina, Dinamarca, Rusia, por nombrar países tan diversos entre sí.

Es un discurso de gobierno efectivo. Aunque fugaz.
Sus propios relatores, a menudo, aspiran a una gloria que su vacío discursivo les niega de entrada. No basta con grandes enunciados para trascender la historia siendo un funcionario público, son los hechos los que luego le darán sentido a la historia.
Pero la mayoría de estos servidores de lo público, más que servidores públicos, no sueñan con trascender, dejar un legado ni formar un partido político que acune sus "nuevas" ideas. Sueñan con el día a día, con sobrevivir en el cargo.
A eso le llaman "legitimidad de ejercicio", un concepto antidemocrático que se puede aplicar a cualquier cosa.
La llamada 2legitimidad de ejercicio" justifica dar giros abruptos en relación a las promesas de campaña, anteponer los intereses "del pueblo" a las leyes vigentes, sortearse el paso del "institucionalismo" por el "populismo" en determinadas coyunturas, como enseñó Laclau y recogieron, no los barbudos de Ciencias Sociales de la UBA, sino los consultores extranjeros que asesoran a Massa, Macri y Scioli.


Surgido de la izquierda más delirante, la del socialismo del siglo XXI, que quiere actualizar el estatismo con un control informático de la economía, el concepto se asoció a la democracia directa que preconizaban estos grupos como táctica de coyuntura. De ahí viene el concepto "legitimidad de ejercicio" que les vino al pelo a los consultores estrellas de la galaxia, que facturan millones de dólares de las arcas públicas de diversos países, en los cuales pasan apenas días, para decirles a los presidentes, asustados por ser derribados al otro día, que la "campaña permanente" es lo que da "legitimidad de ejercicio". Un cuento que cierra perfecto, en las finanzas de los consultores.

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