El círculo rojo entrerriano

Lucas Carrasco-. La Teoría del Juego utilizada para analizar las listas de Cambiemos y Somos Entre Ríos.



Si Cambiemos hubiera logrado evitar las internas testimoniales -ningún intendente apoya a otro candidato que no sea el de la chequera estatal- podría movilizar su aparato para votar por Jorge Barreto o, mejor aún, Augusto Alasino en la interna de "Somos Entre Ríos", el partido concordiense que llevará el sello del PJ.
Si a la inversa, Bordet hubiera evitado las internas testimoniales en el partido concordiense "Somos Entre Ríos", tal como las evitó Urribarri para lograr que él fuera gobernador, el peronismo en masa iría a votar por Alejandro Carbó, el más piantavotos de la UCR desde que su hermano anda escondido. O quizás se cambió su nombre de plazas y calles por otro nombre de plazas y calles que sea menos conflictivo que Enrique Carbó: ahora, capaz se llama "Doctor 25 de Mayo". O doctor "Alameda de la Federación". Le quita grandilocuencia, pero peor es que lo reconozcan. Son dilemas de la Gente Google Maps.



Ni una ni otra movilización de aparatos modificaría el escenario general. Pero las terceras líneas viven -profesionalmente- de estos enjuagues sucios. Y así se moviliza una parte importante de la economía entrerriana, que tiene su mercado interno tan deprimido. Además, la Industria del Chamuyo, o sea, los medios de gacetillas y puteríos, podrían vivir seis meses de gloria con estas tiernas especulaciones. El minuto a minuto del tedio posmoderno.

Los políticos, cuyo promedio de formación intelectual es de una precariedad que asusta, son los primeros en creer en teorías conspirativas. Por el sencillo asunto de que los hombres sencillos entienden cosas sencillas y no hay nada más sencillo que tranquilizarse al no comprender problemas complejos, aceptando explicaciones sencillas. Pero necesariamente conspirativas.
Los políticos financian, a través del aparato estatal, sus propios aplausos a través de los medios de comunicación. Se editan gacetillas donde un periodista les hace decir lo que no le están preguntando pero como si le estuvieran preguntando, para luego publicarla -el mismo periodista- como si fuera una noticia. Luego, la noticia falsa será plagiada por todo el aparato de propaganda: el resto de los medios pondrán "fuente" a quien plagiaron, pero los plagiados estarán contentísimos, total se trató desde un principio de una noticia falsa.
Está el detalle, claro, de que esa noticia (falsa) no le suele importa a nadie. Así que aunque aparezca en 100 mil portales -citando como "fuente" al plagio- la cuestión nunca sale de los 3.000 tipos que viven de ésto. Incluido yo, claro.



3.000 hombres y mujeres de Entre Ríos (un tercio de los cuales no se molesta en residir en la provincia) consumen la Industria del Chamuyo, consistente en tomar en serio lo que dijo el concejal X en respuesta al concejal Y tras la refutación del concejal X y el nuevo planteo del concejal Y: ¿de qué discuten? De los nuevos puestos de trabajo a los que cada uno de ellos aspiran. Nunca discuten de otra cosa. Aunque lo disfracen, con más o menos habilidad. No está mal. Solo que así son las cosas.
El político moderno es (bah, siempre lo fue; aunque no es solo eso) el acto en potencia, que Aristóteles estudiaba para la física. La dinámica que lo mueve (το δυνατόν, diría Aristóteles) es la consciencia de ser un acto en potencia, aún cuando esa potencia no se realice. O peor aún, no sepa en qué realizarse.
Bastante habitual resulta que la oruga con consciencia de oruga no se contente con ser mariposa, sino que pretenda ser picaflor o águila. Es la consciencia de ser oruga, de no ser en sí sino para sí, lo que agiganta las expectativas de la realización de la potencia.
Igual, hasta donde se sabe, las orugas reales no tienen consciencia.
Las orugas de Platón, quizás sí. Quizás sean la idea de oruga. O más bien, la idea de la idea, que es la Idea. No el coloquio Idea, pero casi.



Bueno. El caso es que esas 3.000 personas saben que X no dijo lo que X dice que dijo, ni Y dijo lo que Y dice que dijo. Esas 3.000 personas saben, además, que X e Y no están peleados, que fueron mandados por Tal y Cual y que la gresca ideológica se agotará en pocas horas.
El asunto es que muy pocos de esos 3.000, digamos unos 500, saben que son solamente 3.000 los que están leyendo sobre la noticia falsa, la multiplicación del plagio y los mensajes que Tal manda a través de Y para que Cual conteste a través de X. La gran mayoría de esos 3.000 tipos, incluidos los ministros, intendentes, etc, creen que no son 3.000 sino 1 millón de entrerrianos los interesados en sus épicas batallas.
Es el costado platónico de esta contienda. La Alegoría de las Cavernas de Platón. Solo que los esclavos atados de espaldas al fuego, son esas 3.000 personas. El círculo rojo entrerriano.

Entre los 500 que saben que todo esto es un juego cínico de compraventa de opiniones, están los grandes jugadores de la política y están los pequeños artesanos que arman estas esgrimas, aún a sabiendas de que son completamente inútiles.



¿Tiene esto alguna relevancia?
Varias.
Una, la principal, es cometer el error estratégico de suponer que se puede provincializar una campaña a legisladores nacionales.
Es una consecuencia lógica de los microclimas de laboratorio y de tanto consumo de pescado podrido.
Que los partidos nacionales solo sean posibles de la mano del presidente del país y que por lo tanto estos vayan rotando, dado que desaparecen cuando sale de escena un presidente, no significa que el defensivismo provinciano, aunque es eficaz en su conservadurismo popular a la hora de moldear la sociedad, no es necesariamente efectivo para ganar elecciones.
No lo es en Entre Ríos. La historia lo demuestra.
En otras comarcas, con buenos gobiernos provinciales, sí lo es.
La Pampa, San Luis, Santa Fe, Córdoba, CABA, se han mantenido con estrategias provincianas a pesar de los fugaces entusiasmos por caudillos nacionales que arrasaban el país, porque tienen un esquema económico interno menos dependiente de Nación.
Pueden darse el lujo de ejercer, incluso, algún atisbo de federalismo real (hacia afuera, hacia adentro, con los intendentes, son igual de hijos de puta que cualquier presidente). Tibiecito. Para humillar a sus colegas mendicantes en las reuniones del CFI.
Placer sádico que Néstor Kirchner desplegaba con alegría.


Las montoneras electorales nunca funcionaron en Entre Ríos.

¿Podrá funcionar esta vez?

Puede ser. Electoralmente, puede ser. Falta mucho.

Pero en todo caso, es el espanto al gobierno nacional el que engrosará el caudal de votos de las montoneras electorales, no la resistencia a destiempo. Como la de López Jordán.


Es decir, no deja de tener un componente clave de nacionalización -aunque en contra de- la campaña. Después de todo, el fastidio cotidiano tiene que encontrar un culpable. Gobernar, en tiempos posmodernos, es encontrar un culpable. El culpable perfecto, como en los comics de mediados del siglo pasado. Nada de intrigas, giros complejos en el guión, suspenso. No. Malos muy malos y buenos por decantación, con un núcleo duro diciendo que los buenos son muy buenos.