El beso del adiós a la mujer araña.




Aki Tejerina-. Por lejos, el mejor retrato (y el más balanceado) de quién fue y quién es Cristina Kirchner




Fuiste la política más importante de la historia argentina.
Más que Evita.
Si bien Evita tuvo un simbolismo enorme, lo cierto es que nunca ocupó una posición legislativa o ejecutiva concreta.
Tuvo mucho poder pero su vida se truncó muy joven y nunca pasó de primera dama.
Vos sí.
Vos fuiste todo, ganaste todo.
Sola o casi sola.






Lograste que estemos todo el día pendientes de vos.
Lograste ser el tema de todas las conversaciones.
Lograste que pensáramos, creyéramos, juráramos que los políticos son importantísimos.
Fuiste una mezcla de Susana Jiménez con el Ayatollah Khomeini.
Fuiste una cruza de Margaret Thatcher con la Coca Sarli.
Tu vida es una combinación de Maquiavelo con Manuel Puig.
José Pablo Femaleman tiene razón cuando dice que sos inquietantemente inteligente.
Obviamente, José Pablo no se refiere a una inteligencia analítica, racional.
Más bien es intuición, percepción, sexto sentido.
Lo dicho: sos una heroína folletinesca de Manuel Puig, cabezadura, sensiblera, vengativa, hormonal, farandulera, bataclana.
Con la salvedad de que alcanzaste un poder enorme.
Una gran señora con complejo de chirusa de rioba.
O viceversa.
En la tradición puigeana, tu vida es trágica y signada por el desequilibrio emocional.
Te tratan de loca, histérica, piantada, desquiciada.
Cada vez lo harán más, con mayor saña.
Tildar de colifa a una mujer con poder es la táctica habitual para atacar públicamente al “sexo débil”.
A Lila le hacen lo mismo.
Desde tiempos inmemoriales, desde Juana de Arco.
Es un poco también tu culpa, déjame decirte, porque más de una vez usaste tu salud y tu supuesto desequilibrio mental a tu favor.
Para victimizarte o para amedrentar.
El histrionismo farmacéutico y bizarro -en todas las acepciones de la palabra- de tus docenas de cadenas nacionales fue ciertamente un espectáculo fascinante.
Nos hablaste como una patrona perdonavidas new age automedicada que recrimina al personal doméstico a la vuelta de su clase de yoga porque desapareció un peceto del freezer.
En fin.
Nada nuevo que no se haya hecho en la política latinoamericana infinitas veces.
Volviendo a Juana de Arco, siento decirte también que es mucho muy posible que termines como ella.
En una hoguera judicial y política.
En cana o en una muerte trágica.
Sorry.
Convengamos que vos sabías dónde te metías: una liga muy jodida de dónde no vas a salir ilesa.
No porque sea un complot contra tu persona.
Simplemente porque nadie nunca sale indemne de esa profesión espantosa a la que le dedicaste casi la totalidad de tu vida.
La rossssca.
La Mano Negra.
O como prefieren llamarla algunos: el servicio público.
Para bien o para mal, justa o injustamente, te la tienen jurada.
Jugaste demasiado fuerte.
Siempre pegaste primero.
Jodiste a mucha gente con razón o sin ella.
Mi humilde consejo (perdón por afirmar lo obvio) cuidáte de los más cercanos, de tu círculo íntimo, de los que creías más leales.
Por ahí van a venir la puñaladas.
Tal como le pasó a Julio César, a JFK y a tantos otros.
Si la historia nos indica algo es que ni siquiera deberías fiarte de Larry de Play.
Consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, todos los que te rodearon hasta hoy son una amenaza.
¿Un consejo?
El exilio.
Ahorita te toca desensillar hasta que aclare.
Dos o tres años.
¿Por qué no un destierro dorado en una universidad en EEUU?
Georgetown en DC.
Mejor aun: Columbia en NYC.
Dos añitos.
Va hacer maravillas para reinventarte y depurar tu imagen.
Shopping, glamour y una cátedra camelo para bruñir un poco tus cuestionadas credenciales académicas.
Con tu habilidad para perorar durante horas, ir a Columbia a parlotear un rato con 100 boluditos lo podés hacer de taco.
En EEUU lo llaman “the lecture circuit”.
Deja guita.
Ja, como si vos necesitaras guita.
En fin.
Resumiendo.
Acaso fuiste un mal necesario para que avancemos un poco como sociedad.
Para que tomáramos consciencia de nuestros errores.
Los argentinos sólo aprendemos a los golpes (el juego de palabras es deliberado).
Es la única manera de que poco a poco superemos nuestro atraso mental y material, nuestro realismo mágico, voluntarista y sudaca.
Es un aprendizaje que lleva generaciones, siglos.
Y como en toda historia real o surreal al capitán Ahab le toca hundirse con Moby Dick.
Es ley de vida.
No te preguntes si sos Ahab o la ballena.
Probablemente tenés algo de ambos.
Nos quedamos con varias preguntas.
Acaso irrelevantes y anecdóticas a esta altura.
¿Realmente odiabas tanto a Magnetto o, como muchos pensamos, era todo una mise-en-scene, prestidigitación?
Tom y Jerry no se odian, es un show.
Con tu enorme olfato político vos sabés muy bien que nunca “El Grupo” vendió tanto como con ese slogan genial “Clarín miente”.
Nos quedamos también con la duda de si realmente tuviste tantos roces con EE UU como nos quisiste hacer creer o si, por el contrario, no fuiste la agente de más obediente y aplicada del Departamento de Estado en su plan para neutralizar a la gran amenaza hemissssférica: Brasil.
Cuando tiraste aquella frase que pasó desapercibida entre tantas otras frases pero para mí es la más importante de todos tus años de gestión “si me pasa algo miren al norte”, ¿a qué norte te referías? ¿a Brasil o a EE UU?
Como el personaje de Molina en El beso de la mujer araña, tal vez tu misión fue ganarte la confianza de la guerrillera Dilma para obtener información y pasársela a los que mandan, los yanquis.
¿Por qué digo esto?
A ver, con sólo mirar tus políticas de gobierno por encimita queda claro, más que claro, que te cansaste de bombear a los brasucas y que nunca pero nunca una empresa estadounidense salió perjudicada.
Todo lo contrario: Monsanto, Chevron, DirecTV se hicieron un picnic durante tus años en la rosada.
Mucha gente cree que tus embates contra Clarín fueron pura y exclusivamente por pedido de multimedios estadounidenses con ganas de hacer pie en el feudo de Magnetto.
Digámoslo claramente, con los multimedios imperiales que operan en Argentina nunca te metiste.
Es más, en todos los sectores imaginables de la economía nacional, sotto voce, alguna empresa estadounidense se cansó de levantarla en pala.
En pala y en dólares, porque Argentina es hoy por hoy un país sin moneda propia.
Gracias a vos y al difunto, Argentina importa energía.
ARGENTINA IMPORTA COMBUSTIBLES FOR GOD’S FUCKING SAKE.
No sólo eso, militarmente somos el país más indefenso de la región.
Dócil y desarmado, tal como le gusta a EE UU.
Acaso tu verba anti imperialista no era más que el tero cantando lejos del nido.
Atropelladamente, a las apuradas, a la chapuza (con ese estilo tan tuyo) te mostraste dispuesta a retirar las acusaciones a los gerifaltes iraníes de los atentados en la AMIA y la embajada, condición sine qua non que los ayatolás impusieron para firmar el tratado de no proliferación nuclear con Obama.
Te tiraron un muerto y te quedaste en el molde.
¿A cambio de qué?
¿EEUU te extorsionó?
Ya sé, no me digas: a cambio de inmunidad para el día que dejaras el derpo.
Pues eso.
Ah, y una cosa más: a Néstor no le debés absolutamente.
Pero nada de nada, eh.
Sabemos que lo invocás por una cuestión de propaganda.
“Él.”
Ja.
Somos plenamente conscientes de que Vds. eran sólo una sociedad política.
Que al tuerto Lupín lo usaste mientras te sirvió y que te deshiciste de él sin más cuando se transformó en un piantavotos y un estorbo.
Y sí, para que el Kirchnerismo perviviera Kirchner tenía que morir.
No me canso de repetir, sos un personaje trágico puigeano: desencantada y maltratada por los hombres, orgullosa, altiva, trepadora, pendenciera y vanidosa pero, al fin y al cabo, una chica soñadora de barrio que solo quiere que la quieran.
Para cerrar te dejo un viejo chiste que circula hace años en EE UU.
Cuentan que un día Hillary Clinton se detiene con su convoy de campaña a cargar gasolina en una estación de servicio olvidada en un pueblo del Midwest.
El plashero pregunta a la custodia si puede hacerse un selfie.
Lo palpan de armas y le dan el ok para que se acerque a la señora.
-Hola Hillary, soy Josh Harris ¿me recuerdas? En la preparatoria salimos juntos unas cuentas veces. De hecho fuimos bastante más que amigos.
-Claro que te recuerdo, Josh ¿qué es de tu vida? ¿cómo has estado?
-Muy bien, muy bien. Me casé, tuve hijos… Imagínate si te hubieras casado conmigo… hoy serías la mujer de un empleado de una gasolinera en un pueblo perdido…
-No, Josh, te equivocas. Si me hubiera casado contigo hoy tú serías ex presidente de Estados Unidos.

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