Borges y Entre Ríos

Joakito.- No es para nada casual la relación de amistad de Borges con los poetas entrerrianos de la época, fundamentalmente con Mastronardi.



Su abuelo, el coronel Francisco Borges anduvo por Entre Ríos en la época de las rebeliones jordanistas y se casa con Frances Ann Haslam y de esa unión nació su padre, en 1874, Jorge Guillermo Borges. De este último queda la novela El Caudillo, que  transcurre en el ambiente de las guerras civiles provinciales.
Quizás de ahí toma Borges los sables, los cuchillos y las tacuaras a las que tanta mención hace en sus primeras escrituras, cuando era yrigoyenista y prologuista de Jauretche: Sus relatos eran amigables con esos paisanos que frecuentó su padre, que luego abandonó con el paso del tiempo, prefiriendo los compadritos orilleros de Buenos Aires.


A pesar de que se encuentren muy pocas referencias a nuestra provincia en su obra, es válido rescatar algunos pasajes de cuando el autor nacional por excelencia hace referencia al vecino país, Uruguay.

Borges hace mención a un recuerdo en una Antología de poesía uruguaya sobre
"una siesta, un olor a tierra mojada, una luz distinta", 
bien podría referirse a nuestra provincia. De todas maneras, Borges tiene presente las batallas y las disputas internas que por estos lados la historia mostró.
En "Milonga para los orientales" de 1965
"¿Quién dirá de quiénes fueron
Esas lanzas enemigas
Que irá desgastando el tiempo,
  Si de Ramírez o Artigas?"
También podemos encontrar en "El Aleph" señales de nuestra provincia (mezcladas siempre con los orientales de la banda) en párrafos de "La Otra Muerte" cuando el doctor Juan Francisco Amaro evocaba, frente al coronel Dionisio Tabares, lo que éste todavía no recordaba (y después recordaría): la actuación de Pedro Damián, personaje que había nacido en Entre Ríos, en la batalla de Masoller, en Uruguay, cerca de la frontera con Brasil.

Como se puede leer en varias declaraciones dadas por la historiadora Beatriz Bosch, se puede leer que la autora cuenta que cuando Borges vino a Paraná -en épocas del peronismo- a dictar una conferencia ella lo fue a buscar al Plaza Hotel y que Borges le contó que le confesó que nunca se había imaginado dando conferencias. Cuenta también, que luego de la conferencia fueron muy pocos los que se animaron a cenar con él. En esa cena en la Sociedad Italiana eran tres o cuatro los comensales que acompañaron a Borges, uno de ellos el ex gobernador e ideólogo del túnel subfluvial, Raúl Uranga.

No fue la única vez que Borges visitó nuestras tierras, el 29 de julio de 1963, El Diario de Paraná publica una foto del autor de Libro de arena para ilustrar una breve nota donde informa sobre su “visita a la redacción después de pronunciar la magnífica conferencia en el Colegio de Escribanos y bajo el patrocinio de la Asociación Mariano Moreno”. De esta visita quedó un testimonio en las descascaradas paredes de una casa en Laprida 19 (donde funcionó esa especie de masonería intelectual y artística llamada Asociación Mariano Moreno) cuando la estaban refaccionando para poner un local comercial, encontraron varias firmas estampadas en la pared. Una de ellas era la de Borges, acompañada de la fecha 1963.
Los masones por lo menos comprendían la importancia de la historia, los arquitectos que reacondicionaron la casa, no; de hecho tiraron abajo gran parte de la pared y la otra la pintaron.

La escritora de Ines Longo en “La herencia entrerriana de Borges”, entre otras cosas cuenta que “Borges realizó varias visitas casi ignoradas a Paraná en los tiempos políticos agitados de la década del 50”. Y que “vino para dictar algunas conferencias. Las primeras tuvieron público discreto pero después regresó dos o tres veces más, y hubo largas filas para oírlo que abarcaban dos cuadras”.
Pero Borges regresó a Paraná en 1969 también a dar una conferencia. Esta vez, traído por una empresa dedicada a fabricar maquinas de escribir. Uno de los presentes fue el periodista y escritor Adolfo Golz, que siempre narra un acontecimiento curioso: dice que al momento de comenzar la alocución el micrófono se “empacó” y no hubo manera de arreglarlo por lo que el escritor la emprendió a viva voz, pero la mala acústica del lugar que se sumó a la deficiente dicción del disertante convirtieron la charla en ininteligible. No obstante los concurrentes a la salida, en los corrillos, comentaban: “qué bueno, qué interesante conferencia…”

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