Bordet apuesta a su reelección

Martín Vázquez-. La única lectura posible de un frente que se llame "Somos Entre Ríos" y albergue un cambalache ideológico, es que Bordet juega a todo o nada.




Suele suceder que desde la cúpula del poder se consuman encuestas al gusto de quien las paga. Hay que entender el razonamiento de los encuestadores cuando falta mucho para las elecciones: para qué hacer enojar al mandamás de turno si uno puede mes a mes, hasta la hora de la verdad, tener jugosos contratos: ya habrá tiempo de explicar que X noticia en realidad alteró "la arquitectura electoral de la sociedad".
A esto hay que sumarle el clásico Diario de Yrigoyen. De hecho, si uno lee la prensa entrerriana Bordet es la suma de todas las cualidades. Ni siquiera la oposición tiene un discurso contra él, más que quejarse de la herencia que recibió. Como si no hubiera heredado de Urribarri lo que más quería, la gobernación.
El caso es que si bien desde afuera suena difícil creer que Gustavo Bordet considere que su gobierno está en condiciones de someterse a una especie de plebiscito, los hechos son evidentes.
No solo en el nuevo nombre del frente peronista, el cambalache ideológico y el creciente culto a la personalidad, que es un mal que viene afectando en grado creciente la calidad de la vida pública entrerriana y del cual, al principio, Bordet tomó distancia. Quizás por debilidad política. Hoy ya se autopromociona como si fuera una figura del espectáculo, dado que no puede inaugurar obras públicas, presentar un plan de desarrollo o algún logro de su propia impronta.
Su gobierno tiene cosas buenas. Sobre todo, la continuidad de las obras públicas que inició Urribarri. El mantenimiento de la red social y que no reprime la protesta.
No hay mucho más.
Hasta ahora, las cuatro gobernaciones justicialistas se sostuvieron por precios internacionales elevados en las materias primas, algo clave para una provincia pastoril; y por el bochornoso gobierno de Sergio Montiel, el último radical con una visión profunda de provincia y un proyecto para llevarla adelante. Su rotundo fracaso, su extrema crueldad y el autoritarismo que exhibió, es un recuerdo que explica por qué Urribarri y Busti pudieron enfrentarse tanto. Enfrente no había nada. La UCR estaba en vías de extinción. Los salvó desde Buenos Aires Mauricio Macri.





Lo que une a distintos sectores debajo del liderazgo débil de Bordet es la creencia de que lo pueden manejar. Hasta ahora, esa creencia tiene bastante correlato con la realidad. Hay que ver sino hasta el punto que llegó Allende en su afán de ponerse el Ministerio de Salud como sombrero. Recién lo echaron cuando el Ministerio ya parecía conducido por Al Capone.
Es así en casi todas las áreas de gobierno.
Pero la generosidad de Bordet para financiar desde comunistas a fascistas de primer orden mientras viaja por todo el planeta, le ha ganado este lugar de gran aglutinador. Aunque les cueste a los amontonados explicar bien en qué consistirían las virtudes gubernamentales de Bordet.



Jugado a todo o nada, si pierde la elección legislativa, tendrá el mismo poder en el Congreso Nacional que si las gana. A lo sumo ganará un diputado más en una Cámara de 257 diputados nacionales y de 9 entrerrianos. Gane o pierda, Cambiemos tendrá más diputados que actualmente.
Lo distintivo para Bordet será que si pierde se le alborotará la interna, huirán despavoridos los hoy amontonados y su reelección quedará en veremos.
Si gana, nadie lo enfrentará. Ni siquiera el radicalismo, que en Entre Ríos está más cómodo negociando el calor de las generosas arcas provinciales que el amarretismo del gobierno nacional, que encima tiene un discurso incómodo. Los radicales imaginan que si el PRO vence en todo el país, el neoliberalismo se profundizará y los obligará a la ruptura de la coalición. No lo dicen en voz alta, pero ese es su razonamiento íntimo. Ya perdieron toda esperanza en torcer el rumbo ideológico del gobierno nacional.
Los radicales entrerrianos que piensan en términos de "Cambiemos" son porque son funcionarios. La gran mayoría de los radicales en realidad piensan en la UCR como un partido provincial, que puede quedarse con el botín mayor, la gobernación, si fracasa el PRO a nivel nacional. Sino, le dejarán a Rogelio Frigerio que sea candidato. Difícilmente muevan un dedo para militar esa candidatura. Aunque venga con la chequera más grande de la historia.



"Somos Entre Ríos" se cocinó bajo un rumor increíble: la esposa del gobernador sería la candidata a diputada nacional.
No importa si finalmente termina siendo candidata, lo que importa es que ese rumor que Bordet pagó a la prensa para que se difunda, fue aceptado por la dirigencia política, reconociéndole un lugar de liderazgo único que en los hechos no ejerce.
Da la misma sensación que cuando la ex esposa de Scioli, Karina Rabollini, venía a Entre Ríos, una vez por semana, a dar instrucciones a la dirigencia peronista que atontada hacía como que la tomaba en serio a la funcionaria del Banco Provincia. Apenas la señora Rabllini volvía al campo con su novio o se iba a otra misión encargada por su ex marido, la dirigencia peronista entrerriana volvía a sus quehaceres: cómo lograr que gane Bordet y pierda Daniel Scioli y en lo posible, sacarse de encima el lastre de Blanca Osuna. El plan les salió perfecto.
 Lo único que no tuvieron en cuenta es que el hartazgo creciente de la ciudadanía podía llegar al extremo de poner a Alfredo De Angelli a manejar el gobierno provincial o incluso votar como castigo la fórmula trucha de Adrián Fuertes y Busti.
Bordet se vio obligado a la modestia. Y la calesita. El ex ultraK pasó a ser un macrista de primera generación. Le faltaba teñirse el pelo al mismo estilo de Frigerio. Capaz que si se lo pedían...



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