Triunfo de los moderados

Osvaldo Quinteros-. Las alas moderadas de Cambiemos y el Partido Justicialista, serán las protagonistas electorales en Entre Ríos.


En Entre Ríos ha triunfado, para bien y para mal, o mejor dicho, en el marco de una falta total de rumbo, la moderación.
Las elecciones se dirimirán con las alas moderadas de todos los partidos emergiendo como las principales conducciones y candidaturas. Sin grandes antagonismos ni definiciones radicalizadas, la dinámica de definición de las candidaturas se hará sin mayores estridencias y, posiblemente, sin internas. Hasta los radicales se privarían de esa droga: la interna.
La moderación ideológica es el resultado de varios factores.
Pero no es exclusiva de la provincia de Entre Ríos. En la mayoría de las provincias está sucediendo lo mismo.
La excepción son los distritos vidriera: principalmente, la provincia de Buenos Aires, donde siempre se recargan los ánimos y se exagera la proyección futura y presente de sus resultados.



Hasta lo que queda del Frente Renovador lo comanda Emilio Martínez Garbino, cuya brújula política oscila de un partido a otro, pero siempre con moderación y vacío ideológico. Es el representante perfecto de un estado de cosas que se respira en el ambiente político de la gente común, para quienes sepan leerlo.
El Partido Justicialista trata de hacer de Bordet un líder. Éste trata de parecerse al PRO, en sus aspectos más volubles y razonables. El PRO va poco a poco alejando a sus dirigentes más ideologizados -el eclipse de la viceintendenta de Paraná, Josefina Etienot y del dirigente ruralista, Alfredo De Ángelli, son sintomáticos de este proceso- y la UCR, la otra pata de una coalición renga, está liderada por el sector más proclive a dialogar con el oficialismo provincial.
Los acuerdos son bien vistos.
La judicialización de los problemas políticos encontró su techo en el desprestigio de la justicia provincial y los medios de comunicación ya se adaptaron al nuevo cuadro de situación.
Incluso las entidades patronales están siendo cautas y los conflictos gremiales, aunque escalen en sus medidas de fuerza, no logran el acompañamiento masivo de otras épocas. Aún cuando una mayoría de los entrerrianos crean que tienen razón, particularmente en el caso docente.
La cantidad de paros docentes, marchas de estatales, mini cortes de calles en los municipios y piquetes en la puerta de fábricas fundidas, no encuentra eco en la dirigencia política, que toma distancia y hatsa luce indiferente.




La moderación es un hecho.
La danza de candidaturas -una mayoría son puras especulaciones preelectorales, para luego bajarse y negociar algo- está impregnada de dirigentes moderados con discursos moderados.
Buscan el voto de "centro". Que en todas las democracias es el que define las elecciones, siempre y cuando no haya crisis de grandes proporciones como las del 2001, que prohijó el kirchnerismo y el macrismo, dos versiones extremas en lo discursivo que, sin embargo, han tenido que bajar varios cambios para seguir teniendo existencia política. El kirchnerismo se esconde detrás del peronismo y el macrismo se esconde detrás del marketing insulso de Durán Barba.

Las altisonantes declaraciones de amor incondicional a los Kirchner de a familia Cresto en Concordia, mutó en amor incondicional pero menos apasionado (como aocnsejan los manuales de marketing) hacia Rogelio Frigerio.
Los tres diputados ultraK se aclipsaron (Barreto, Huss, Gailard) y Julio Solanas fue perdiendo espesor. Los dos senadores nacionales ultraK se dieron vuelta y hoy votan todo lo que pida Cambiemos, incluida la mayoría automática en la Corte Suprema que luego su partido criticó, siempre cuidándose de recordar su estratégica participación.




El paisaje electoral es otro.
Es cierto que la campaña electoral no empezó. Que todo puede cambiar si uno u otro contendiente se siente acorralado o ante una derrota inminente y catastrófica. Pero hoy por hoy ese no es el escenario.
El escenario es el de una paridad entre Cambiemos y el PJ entrerriano, lo que lleva a estas posturas cautas porque será el voto de centro, el voto apolítico el que defina. Hoy parece además que esa definición será por poquito y quizás ni siquiera alcance para que ninguno de los dos partidos se quede con tres bancas de las cinco que se ponen en juego en la Cámara de Diputados de la Nación. El Frente Renovador se quedaría con la banca en cuestión y las restantes se las repartirían en partes iguales Cambiemos y el peronismo, más allá de quién termine sacando más votos.
Esta es la foto de hoy.
No la película.
Aunque anticipa el perfil de cómo serán los candidatos. Lo cual también condiciona las estrategias de campaña.

Por lo bajo, lo que existe es una falta de estrategia provincial de los principales partidos políticos. En definitiva, aunque con matices y declaraciones altisonantes, nadie tiene una solución para los problemas crónicos de la provincia.
Apuestan a la ayuda nacional y a un milagroso crecimiento del precio de las materias primas que exportamos.
Ninguna de esas dos variables depende exclusivamente de la decisión o voluntad de los dirigentes entrerrianos, por eso se degrada también la calidad de la discusión pública.
Esta degradación facilita la moderación. No así la vida de la gente de a pie.


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