Selección de poemas de Washinthong Cucurto


La nota sobre Washintong Cucurto, el poeta porteño y emprendedor editorial generó numerosos pedidos para conocer mas su obra. Aquí una selección -según nuestro gusto- de algunos de sus poemas.


Oración del repositor en el supermercado
Señor,
aquí estoy gozoso de salud
y Heno de trabajo,
frente a las góndolas de las verduras
aquí estoy en el supermercado
y todavía no he visto al amigo Whitman;
estoy entre batatas y papas y coliflores alegres
soñando colifloreamente,
con chicas cola de pato.
Señor,
te habla tu hijo shiome
la jugada a favor que te salió contragolpe.
Haz que el arroyo Sarandí se cristalize
con un suave y delgado movimiento de tus dedos
que a sus bordes cristalinos crezcan
tilos,
eucaliptus
y moreras en cinta
para cuando ella baje del 148
pose su dorado pie sobre el asfalto de Sarandí.
Entonces el riseñor volverá a cantar en la pampa.
El picaflor volverá a libar la flor en el campo.
Berazategui será un camino de canciones.
Ezpeleta la ciudad perdida para el amor.
Señor,
haz que paren las lluvias en Concordia
que este niño caprichoso deje de llorar
que la corriente del niño desaparezca
sino pobre del superpoeta Durand, Daniel.
¿Perecerá bajo las aguas de Concordia?
Señor,
haz que los muchachos de la selección
jueguen la final
del evento mas hermoso de la tierra,
del deporte mas poético del mundo,
fútbol-poesía-viva,
la destreza del pie y la armonía de la pelota,
Resérvanos un lugar para nosotros
los intelevisivos,
grasitas de Evita,
ciudadanos nunca ilustres,
los que la puchereamos día a día.
Resérvanos un lugar
aunque sea en el banco de suplentes,
el jujeñito que juega en la Puna
donde no flamea la albiceleste;
ayuda a estos malandras,
sátrapas,
rantifusos de la esférica,
atorrantes de la gambeta,
malcriados del hincha.
Dios mío,
soy un grasita que apenas ve un pozo en la calle
un bondi Iaburando a full los amortiguadores
en el empedrado;
Ia poesía negra y mala
como tenaza de carpintero,
arisca como una moto.
¡Danos un gol, Señor!
Que es el pan y la alegría de los pobres;
que cuando ella baje del bondi
el arroyo Sarandí sea un camino de canciones,
de vez en cuando me mire,
deje de scanear códigos de mortadela.
Haz que Diego vuelva
y tanos gallegos y brasucas
caigan rendidos a sus pies
es decir su zurda
¿Angelical o demoníaca?
Afina la puntería del fino Crespito,
goleador sin goles,
romperedes sin red,
ilumina al rabonero Matias Almeyda
refina la zurda refinada de Fernando Redondo.
Ayuda a Gabriel Batistuta,
florentino y dantesco,
arcángel de toda alegría,
dueño de toda dicha.
Danos un gol, señor.
Gol celeste y blanco,
gol azul y oro,
gol granate,
gol de River Plate,
gol tripero y pincharrata
por la calles de La Plata,
gol en Avellaneda
cruza la pelota
de vereda en vereda
gol rosarino
leproso y canalla,
gol de pura suerte
como ganarse una mina
por Corrientes,
gol con olor a muerte
gol funebrero
gol de emboquillada,
gol vertiginoso
gol de López Piojo,
gol con ritmo culebrón
como los de la Bruja Verón.
¡Danos un gol, Señor!
que se lo gritaré a mi jefe,
se lo dedicaré a mi madre.
La pelota nos espera
en el centro del campo:
Dulce mariposa vencida por la lluvia.
Barrilete sin luna,
esfera cósmica,
caja de coral donde los hombres
guardan los sueños más sublimes.
La pelota nos espera, riacha,
flotando en un charquito,
como una cebolla embarrada
en la pileta del verdulero.
Tú sabes, Señor,
si Argentina gana en Francia
la Nación volverá a ser
esa casita de chapa al costado de la ruta;
reverdecerán las flores,
el riseñor volverá a cantar en la pampa,
el picaflor volverá a libar la flor en el campo.
Los desocupados tendrán el corazón ocupado de alegría.
La inflación será un Frankesteín reconquistado,
los perros dejarán de ser discepolianos.
La negra baja del bondi, y se calza
la chabomba con cancha.
Ponete Ia albiceleste,
que todos sabemos que vos sos
argentino.

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Inundación
Voy a Quilmes a ver a mi padre que se inundó,
increíble, el gran incendiario del demonio, inundado.
“Estamos con el agua hasta el cogote, guacho”,
me grita mi hermano en el teléfono, exagerado.
Este poema debería llamarse:
“El gran vendedor ambulante bajo las aguas”.
Amigos, así es la vida , de pronto arremete y nos deja sin nada
y, como si nada, continúa.
Todo sigue y yo mas viejo.
Baltazar, un hombrecito de cinco años, ya me reprocha cosas…
Morena, su hermana, (mi hija querida, a la cual salvaré del
papelón de la vida moderna no escribiéndole jamás un verso)
ya camina y pronto me llenará de reproches…
Amigos, así es la vida , este planisferio de Taiwán en el que sucede nuestra existencia.
2007. ¡Cuántos años pasaron desde mi nacimiento!
Y la vida sigue, de nada sirve lamentarse,
sobre nuestra tumba crecerán las margaritas que se manducará el yobaca de un botellero.
Trabajando como burros, volviéndonos locos,
pasan los años y cuando queremos acordarnos
llega el día en el que algo sucede,
dejamos de vivir la vida mediática, ya no fumamos
nuestro cigarrillo CJ, el de los obreros de Jujuy,
por un momento no pensamos en nuestro trabajo
ni en nuestros hijos, estamos dentro del break,
del día del quiebre de nuestras vidas.
¡Ese día del parate nos llega a todos!
Llega el día en el que el rufián del Once se inunda,
el fantástico incendiario de conjetural sonrisa,
pero ya no nos importa que el gran vendedor ambulante
o todos en Florencio Varela estén bajo el agua…
La palabra es que ya no nos importa nada.
Podrían venir los estadounidenses, saquear todo,
matar a todos y no nos importaría, nuestra exclusiva
y cínica vida moderna seguiría como ahora, iríamos igual
entre cadáveres al supermercado, al kiosco, a llevar
a los jueguitos electrónicos a nuestros críos.
Todo sucede afuera pero nada nos afecta, nada
sucede dentro de nuestras cuatro paredes.
Podrían ponernos una bomba en el culo
y todo seguiría igual.
La palabra es que nada nos importa.
Mas, aún así y a pesar de todo, llega el día
en que las cosas se caen de la mesa,
sucede aquello que es demasiado.
El break renace en nuestro interior,
mas no en la vida , la vida no, amigos,
la vida no es metaforizable, y continúa….
Y como prueba: el vendedor máximo de chucherías
del Once, como máxime, se inunda.

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Mis amigos peronistas
Ya no me saludan, ayer,
en un festival de poesía me los encontré a todos, cuántos días sin verlos,
poetas peronistas del 90, buenos muchachos...
admiradores de la Montaña Mágica, de la credibilidad
de la realidad que se
rompe.
Qué alegría de verlos... están frente a mí,
qué sensación, están todos los cerebros lúcidos
de la vieja patria peronista y montonera
que sólo existe en un par de versos prodigiosos...
Es otoño, muchachos, salgan a las calles.
Una alegría de verlos, gran emoción
pensé en abrazarlos...
Mas mi amigos peronistas ni un “hola”,
yo andaba como siempre pensando en mis hijos
con mi compañera cartonera hablándole a gente de Gonzalo Millán,
de la importancia para el mundo que tiene la alegría de La Casa de Cartón,
Martín Adán...
para el mundo del Instituto Goethe del centro de la Ciudad...
Ayer, con mis amigos peronistas
comíamos pizzas,
jugábamos al fútbol, hablábamos de poesía, la mente burguesa
no inundaba la esfera de las atrocidades
¿qué fue de los crecimientos libres, de las estéticas liberadoras?
¿Qué fue, dónde carajo está la poesía del futuro que cambiaría
el mundo? ¿Qué hacen con la cabeza llena de formalidades, vanguardias y retaguardias?
Siguen envueltos en la seda de la poesía igual que en un capullo...
subnormales, 30 % de hombres, Fidel los hubiera colgado a todos...
tendidos humildemente para que el capitalismo se los culee.
Ángeles guardianes de la esfera del oro,
practicantes de la mejor poesía,
ya ni me ven,
ni me saludan, ayer, nomás,
pensar que me querían tanto,
y yo sigo siendo aquél
que ayer nomás decía
el canto azul y la canción profana
ayer...
hoy, soy invisible,
les gritó “¡Oa, muchachos, mírenme!”
¡Es otoño, muchachos!
Acá estoy, mírenme
trabajo cada día más,
mis amigos peronistas se volvieron viejos y panzudos,
hasta pelados, a mí no me llegará la vejez a los 45 años y pelado,
jamás la vejez me llegará pelado, sino con canas blancas, pero jamás pelado,
y qué exito
tendré con las mujeres: Imaginensé:
un negro con una cabellera blanca.
Completamente blanco.
Mis amigos peronistas, ex admiradores de montos, porque montos no pudieron ser,
no les daba el cuero, tenían cinco años.
Pero disfrutaron de la década del 90 más que cualquier monto,
de las putas dominicanas,
Brasil, los viajes a la Conchinchina...
La pasaron bien.
Mis amigos peronistas ya no son más amigos míos,
comentan del cartonerío como una mala salida, se volvieron viejos,
ya no pueden correr una pelota,
están pelados y panzones...
... Yo tengo la necesidad... de comprar...:
cuatro prestobarbas por semana,
voy 3 veces al mes al peluquero...
Soy el lobizón en un mundo de finlandeses...
¡Es otoño, muchachos salgan a la calle,
no me hablen más de rimas!
Este poema es para que quede bien en claro...
qué es el peronismo... peronismo, sagrada palabra...
Mis amigos peronistas tienen el peor concepto del peronismo,
creen que el peronismo es la interpretación,
la intelectualidad burguesa,
muchachos, viejos del orto, el peronismo es juventud...
no se puede ser peronista sin ser joven.
Regla número 1:
En el viejo y revolucionario Partido
no se aceptan viejos chotos pelados
pálidos sin vida. E incapaces de
agarrar una pala, poner agua en un termo.
Regla número 2:
El Viejo Partido, no acepta
poetas sicoanalizados...
El sicoanalista del pueblo es Juan Perón...
El antiquísimo Partido no se encontrará nunca
con los grandes poetas peronistas de este país.
No aplasta el culo a la silla diez horas por día.
Yo aplasto el culo diez horas y otras 20 corro, corto, cojo, boxeo y escribo poemas a favor de mis amigos peronistas.
Mi día tiene 40 horas.
Mi día no se acaba nunca, no conoce la oscuridad,
en él retumba la cumbia... como en mi corazón...
Además tengo dos hijos y hermanos, compañeros del trabajo,
y tengo dos mujeres de este pueblo, ellas no escriben versos,
no pierden el tiempo en reuniones de poetas o presentaciones de libros,
mis dos mujeres trabajan cada día,
ellas son el triunfo final, de sus vientres saldrán
las personas que harán olvidar a estos viejos chotos,
pelados del orto, ellas están de parte de la vida, son la vida,
me dan vida y retoños hasta que cumpla 80 años.
Mis amigos peronistas, burgueses subsidiados por sus padres o el estado,
o la renta, hijos de políticos, de profesores, de ex montos que ahora tienen empresas, el zorzal llama a los montos,
el monto llamo al mono
pero el mono se ha independizado
ahora lee y escribe y certifica
“no se hace llamar peronista”.
Dice el burgués horrendo, cerdo acodado en los medios del Poder:
“Estan envueltos en la red de la poesía, igual que en un capullo”.
Yo agregaría, de estos judíos saldrá el monstruo o mariposa,
palidez y panza.

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La ciudad
Pese a todos los libros de cartón mal armados; mal pegados;
pese a todas las palabras y los pensamientos tilingos,
sobreviviremos.
Mail tras mail y puño por puño, sobreviviremos.
Construiremos otra ciudad, otro barrio de Once,
otra estacion ferroviaria, otra plaza,
si estamos juntos, solo juntos, compañera de todo;
pese a la bronca y la violencia construiremos un mundo
nos levantaremos con ganas, como me decís en tus mensajes:
¡qué ganas de verte; cómo te extraño!
Librito tras librito, construiremos todo de la nada,
¡El barrio estará orgulloso!
Cuántos mas libritos de cartón fabriquemos,
mas niños los leerán.
Construiremos caminos, puentes, obeliscos y casas,
y al final del camino una prole de críos nos dirán gracias.
Comenzaremos unidos y terminaremos en pedacitos
de otros que son como nosotros;
hijos, solaris, compañeros, soñadores y esclavos.
Esta ciudad nos recordará a otras
se meterá de prepo en el alma de otras.
Acá estará siempre Buenos Aires, Nuevo Once,
La República de todos.
A un cartonero
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Hombre de Cristina
Me he reducido a ser un hombredeCristina.
En esta época,
en estos días, en estos quilombos matutinos
y porteños, me dejo llevar por la fantasía
que sale de la boca de una mujer.
No participo, soy viejo, mis hijos
me dejaron los nietos pa que los cuide.
No participo y cuido-críos
y la miro, la veo a ella por cadena nacional en bicicleta.
Mi amada Cristina, morocha seductora
y hasta me atrevo a imaginarle gordas caderas.
Mi caderona nacional.
La escucho, la oígo hablar por ejemplo,
de cooperativismo,
de mujeres embarazadas que tendrán
-a falta de un maridosu
ayuda social.
La morocha nacional no puede hacer que nos enamoremos de otra.
Veo su cara, su cuerpo, sus palabras, su infinita tristeza
(y es para ponerla sola en un jarrón)
la tristeza infinita de su alma.
Su infinita tristeza en afiches y letreros
por donde quiera que viajo en la gran ciudad.
Se me pianta una lágrima, no voy a negarlo.
No participo, soy viejo,
pa cualquier militancia que no sea leer
a Pepe Cuevas, a Lhin, a Teillier.
Su foto en las calles, tomada de la mano
de unos niños rumbo al colegio...
Soy viejo para el kirchnerismo,
esa es la palabra exacta.
Pero no estoy viejo para Cristina.
Se me pianta una lágrima,
la veo, la escucho, me reduzco a ser un hombredeCristina,
mis hijos se separaron, se emborracharon
y me dejaron sus hijos,
hijos de hijos de hijos,
estoy viejo
para la militancia,
para el reduccionismo del kirchnerismo,
la veo, la escucho,
esa tristeza evidente e infinita,
en sus ojos, es la misma de mis ojos.
¡Oh, morocha nacional, tomame de la mano
como a un escolar pobre y enseñame la Casa Rosada!