El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

¿Se vota con "el bolsillo" o con la "memoria"?

Ezequiel Bauman-. Cuánto gana y cuánto pierde el gobierno al decir que luego de las elecciones hará las "reformas estructurales"



Se ha hecho un lugar común dividir la economía de la política a la hora de analizar el comportamiento del público en relación al gobierno. Así, por dar un ejemplo coyuntural, se analiza que el gobierno de Cambiemos debe apelar a la política -entendida ésta como confrontación con el gobierno anterior de la Dra Cristina Kirchner- porque en el área económica los indicadores no están a la altura de lo que se prometió.
Esta separación entre economía y política es una separación meramente académica, que sirve para estudiar las variables claves de la sociedad. Lo que sucede es que los ciudadanos no son académicos de ciencias sociales y no distinguen tajantemente donde termina la economía y empieza la política.


Pongamos un ejemplo: Argentina dejó de vender pollos a Venezuela por una ruptura diplomática originada en las disidencias del ingeniero Macri con su par, el presidente Nicolás Maduro de Venezuela.
Esto afectó el empleo en Entre Ríos, una de las provincias más importantes de la industria aviar.
Luego, la canciller Susana Malcorra buscó ser jefa de la ONU y en su campaña acordó con Venezuela y por tanto, abandonó la política trazada por Macri en los inicios de su presidencia, cuando su primer viaje fue al Paraguay en una reunión del MERCOSUR donde maltrató a Venezuela.
Cuando Argentina aflojó su escalada contra Venezuela, ya había quitado las retenciones al maíz, principal alimento de los pollos. Los precios del maíz subieron, subiendo los costos de producir pollo. Por lo tanto, a Venezuela, que mientras tanto sufrió una nueva devaluación -aunque no reconocida oficialmente- ya no le convenía comprar los pollos entrerrianos. La situación del empleo en la industria aviar, mientras tanto, se fue deteriorando por el desplome del consumo y el aumento de la pobreza, que impacta en que se coma menos carne, especialmente la carne más barata. Aunque este desplome fue atenuado por una cultura creciente de consumir -entre las clases sociales que acceden a la libertad para consumir- carnes magras por sus beneficios cardiovasculares.
Si bien el gobierno argentino no encaró ninguna campaña oficial de salud para difundir estos beneficios, las campañas de gobiernos extranjeros (como el de Estados Unidos) impactaron entre los sectores más educados de Argentina.
Éstos son los hechos. Ahora bien:
¿Dónde empieza y dónde termina el problema económico y el problema político?



Varios estudios sociológicos llegan a la conclusión de que en materia estrictamente económica -o lo que los ciudadanos entienden como economía- importa más la visión de conjunto que se tenga sobre el destino del país y de la región o ciudad donde se viva, que la situación personal, la cual suele ser analizada por los ciudadanos a partir de cuestiones de carácter más personal (tener o no trabajo, esforzarse más o menos, tener mayor o menor suerte, comprar mejor o peor, etc).
A su vez, los Estudios Culturales señalan que la política -o lo que los ciudadanos entienden por política- está cada vez más atada a sensaciones y perfiles de los políticos, que a las viejas instituciones partidarias y los cánones ideológicos de otrora.

La intersección entre estas dos realidades sobre una misma materia abre nuevos interrogantes, que en rigor son viejos interrogantes de los economistas clásicos y también incluso de los grandes filósofos que fundaron las ciencias políticas y jurídicas que nos fueron rigiendo durante la historia. Más allá de la evolución y los grandes avances civilizatorios, hay interrogantes que perduran.
En este sentido, cabe preguntarse cuánto gana y cuánto pierde el gobierno al decir que luego de las elecciones harán un ajuste aún más drástico del que ya hicieron y fracasó.
Lo que gane entre los partidarios del ajuste ortodoxo -una minoría muy pequeña- lo pierde entre los votantes informados. A no ser que éstos últimos prefieran un ajuste a la "vuelta al pasado" con que amenaza el gobierno en su arremetida feroz contra el kirchnerismo.

La conclusión, quizás prematura, es que separar drásticamente los resultados económicos de la política no es un buen consejo para un gobierno.
El kirchnerismo, en este sentido, tiene una enseñanza contundente. Al viejo modelo económico de dolar alto y retenciones, en un contexto mundial favorable, le sumó un relato político que ataba indiscutiblemente estos elementos (como los derechos humanos, la colaboración con Latinoamérica, el cuidado del empleo, etcétera) a su éxito en el crecimiento a tasas astronómicas.
Esa fórmula le dio 12 años de vida política intensa.
Aún con otro perfil ideológico, en Cambiemos deberían tener en cuenta esta fórmula y también, un ejemplo en contrario: el Doctor Raúl Alfonsín también ató su relato político -democracia, democracia, democracia- a su éxito económico -la democracia social, traducida en el Plan Austral, Plan Primavera, "economía de guerra" etc- y el fracaso de ambos, con las Leyes de Impunidad y la hiperinflación como puntos cúlmines, ató su gobierno a la bancarrota, con la renuncia anticipada a la presidencia y luego, con el propio Alfonsín sin ganar nunca más una elección.