Marta Zamarripa, la poeta militante


Joakito.- Marta Zamarripa es una poeta entrerriana que habitó practicamente toda nuestra provincia.

Nacida en Gualeguay, fue a la escuela en Victoria, estudió en Paraná en el extinto y muy meritorio (antes de convertirse en UADER) Instituto Nacional de Enseñanza Superior, y a partir de la década del 70 se instala en la ciudad de Concordia donde va a ejercer como profesora de Letras, desde donde promoverá muchos escritores nóveles y los publicara en los Cuadernos Literarios del desaparecido Diario Concordia donde ella dirigía el Suplemento Literario (antes los diarios traían suplementos literarios, hoy traen suplementos agrofincieros).



Esta poeta estuvo varios años al frente de la Editorial de Entre Ríos desde donde publicó a autores célebres de nuestra región como Alfonso Solá Gonzalez, Juan L. Ortiz, Gaspar Benavento, Ana Teresa Fabani y Alfredo Veiravé, entre otros autores y géneros.


Como poeta su vasta obra  incluye obras magníficas como "Tapial con luna"(1979),"Ayer y todavía"(1982) "Solo de mate para días de poca yerba"(1993), y  "Solo de garzas y otras levitaciones" (1998).
Marta desde su labor como funcionaria se cruzó con muchos autores de distintos lugares que habían padecido el exilio, otros la cárcel y la tortura, tal vez fue eso, lo que la llevó a crear la primera Cátedras sobre Derechos Humanos en la provincia de Entre Ríos, durante la segunda gestión del ex gobernador Busti.  y gracias a esa creación los Derechos Humanos como concepto, como discurso y como práctica, son parte de los planes de estudio del curriculum  de las carreras que se dictan hoy en la UADER





Marta Zamarripa ha sido premiada en Buenos Aires con la Faja de Honor de la Sade de Bs.As., recibida por su libro “Sólo de garzas y otras levitaciones” y fue ganadora del Primer premio del Ateneo Popular de la Boca, en Bs.As., por “Tapial con luna”, sin embargo, mas allá de algún emotivo video documental que puede ser visto en internet, Marta no ha tenido un reconocimiento oficial como se lo merece esta gran poeta militante.

Mujeres

Sé que nos une este silencio.
La pureza de caminar desnudos pedregales.
Estos grises días grises
que transitamos solas, que sabemos.
El humo de los rincones.
La opaca fruta de los paraísos
Ilustrando ventanas.
Hemos crecido juntas.
Germinadas por lluvias,
por rocíos,
por el dolor de estar en la intemperie,
de sacar nuestro ángel de la basura
de tejer la esperanza con la aguja de
mierda de los días.
Rezándole al amor,
a nuestros muertos,
al hombre que mataron en Camirí,
al retrato de ayer con nuestras trenzas.
A todo lo que es puro todavía
entre el chicle, los anticonceptivos
y la mugre en inglés que nos contagian.
Nos rebasan las mujeres que somos.
Con lunas en creciente.
Con broncas.
Con nostalgias.
Con unas ganas locas de hacer pueblos
De nuestra sangre ardida, enamorada…
Y así, desvencijadas,
nos inventamos calles con yuyitos
para que duelan menos los zapatos
y se ablanden los ojos,
los gatos,
los zaguanes.
Nos calzamos la voz. El almanaque.
Hoy hace mucho tiempo que nos pesan fusiles
de estar y estar y estar en pie de guerra.
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Eternidad del Soñador

Alguien corre el velo de los días
y el río pasa como un angel.
Nuestra vida con él
y es un nenúfar cerrado
cocido con los hilos de la tarde.
Quien lo recibirá aguas abajo
en el imperio de la Victoria Regia.
Puerta de transparencia,
catedral invisible
un sueño
convocado por el insomne soñador.
(A Tomas Vladimir Santich, a Julieta y Georgina)
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DEUDAS SIN FIN
(A mis alumnos desaparecidos.
A Gustavo Lambruschini.)
Cuando era la Patria,
me decías,
y yo pensaba en ellos,
en aquellos muchachos del Colegio,
que aún no sabemos dónde,
en qué lugar, a qué hora,
un miércoles o un jueves de qué fecha
dejaron su esqueleto, su último recuerdo,
su agonía, qué les pasó aquel día,
qué jornada vivieron
qué imagen fue la última,
la de un fusil canalla, las campanas
del pueblo, el rostro de la madre
los campos argentinos, la puerta
de la casa, aquel patio del fondo…
Cuando era la Patria,
me decías,
y yo pensaba en ellos,
su pupitre, el libro de lecturas,
los discos, la guitarra,
lo que amaban entonces
con ojos de estudiantes.
Cuando era la Patria
ellos fueron el último bocado de la Patria.

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