Maria Esther de Miguel la "cuentera" de Entre Ríos


Santiago Zorrilla.-Maria Esther de Miguel nació en Larroque el 1 de noviembre de 1925 y murió en Buenos Aires, el 27 de julio de 2003. Hija de padre español, encargado de la usina de Larroque, y madre entrerriana surgida de una colonia judía, supo retratar la historia de las mujeres y de nuestras costumbres desde la literatura casi como ninguno otro escritor.
Fue educada en la escuela pública en Entre Rios y se recibió de maestra rural.
Está bueno recordar que esta eximia escritora de chiquita ya era grande: a los ocho años fue cuando ganó su primer premio literario, por una composición del colegio.
En su obra "La hora undécima" (1961) que obtuvo un premio de la editorial EMECE narra sus vivencias como maestra rural y su acercamiento al catolicismo dado que ella provenía de una familia cuya madre era judía y le profesaron una educación laica.
Ya en Buenos Aires, teniendo 25 años abrazó aún mas el catolicismo e ingresó como laica consagrada en la Compañía de San Pablo, dirigiendo desde allí la revista Señales de literatura católica. Con ella al frente de la revista, abrió las páginas a escritores consagrados y de diversas tendencias espirituales y literarias como Jorge Luis Borges, Dalmiro Saénz y Abelardo Castillo. "Ahora sé que vine a Buenos Aires para seguir estudiando y escribir, pero la única coartada que encontré fue decir que venía al noviciado" había contado en una entrevista radial.
Después de varios años al frente de la revista, Margarita Abella Caprille, escritora, bisnieta del general Mitre y encargada del suplemento literario del diario La Nación decide publicar un cuento de Maria Esther de Miguel sin conocerla y que había llegado por correo a la redacción del diario.
Se trata de "La Foto", desde entonces la entrerriana pasó a colaborar con el diario por mas de 40 años.  Su vinculación con las letras no se daba solo por su participación y colaboración en La Nación, sino fundamentalmente por su matrimonio con  Andrés Bravo, militante socialista recordado por su extensa trayectoria en la editorial El Ateneo donde se había desempeñado en el área comercial llevando negocios editoriales por toda América Latina y haciendo conocer los libros argentinos en el país y en el exterior. Aunque nunca quiso tener hijos, ya que solía decir que en su vida lo importante era "tener un amante y escribir un libro".
Tiene un libro de cuentos poco conocido pero que fuera premiado con el Fondo Nacional de las Artes y de una grandeza extraordinaria llamado "Los que comimos a Solís" donde crea y recrea historias, mitos, leyendas, vivencias personales  y sucesos históricos, todos ligados a Entre Ríos. Entre los cuentos incluidos se destacan el que da título al libro; pero también "El Biyi-Biyi", con un fuerte componente autobiográfico y quizá el cuento más famoso de la autora; "La creciente", cuyo título anticipa un tema característico de nuestros pagos como son las inundaciones, y "La casagrande", uno de los mejores cuentos del libro. La primera edición de esta antología es de 1965, casi en el despuntar de su carrera literaria.
Con el “La amante del Restaurador” (1993) donde enlaza historia y ficción a partir de la figura de Juanita Sosa (dama de honor de Manuelita de Rosas, que es seducida por el padre de esta última: el gobernador don Juan Manuel de Rosas) empezó a figurar en las listas de los Best Seller.
Supo con esta novela histórica mostrar las actividades de las mujeres de acuerdo al rol que ocupaban en la sociedad: presidir o participar en las tertulias, formar o admirar la corte en torno a la “niña” Manuelita, conspirar o espiar, realizar tareas de limpieza y preparar la comida. Con esta novela gana el Premio Nacional de Literatura.


Le siguen también como bestseller "Las batallas secretas de Belgrano" (1995) y "El general, el pintor y la dama" (1996), distinguida con el premio Planeta de novela (en el jurado que le otorga el premio estaban nada mas ni nada menos que  Tomás Eloy Martínez, Mario Benedetti y Angeles Mastretta) y lleva vendidos más de 150.000 ejemplares en varias ediciones.
Tuvo una destacada actividad como dirigemte cultural ya que la entrerriana estuvo al frente del Fondo Nacional de las Artes y la Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Su último libro "El Palacio de los Patos"(2001) una obra magnífica donde narra ocurrido en el famoso palacio de la ciudad de Buenos Aires, el crimen de la rutilante Josefina Benegas Lynch  que tiene por protagonistas a todos los moradores. Un escritor alcohólico y decadente busca inspiración en los relatos de vida que su vecina, Lucrecia Borgia, le trae después de merodear por bares nocturnos. Dos mujeres que han perdido a sus hijos –una durante la dictadura, la otra en un atentado– buscan una justicia que demora en llegar. Javier Laferrière Mansilla acaba de quedarse viudo, y de enamorarse. Las mucamas; las hermanas de la congregación; el encargado Francisco; Carmen Larrosa, estudiante de Letras recluida en la mansarda; una mujer adicta a los tranquilizantes, su hija embarazada y enferma, y su hijo recién salido de un neuropsiquiátrico completan la galería de personajes. Y de sospechosos. Porque el inspector Naranjo ha llegado al edificio con un objetivo preciso: descubrir al culpable.
El Palacio de Los Patos existe, queda en Palermo. Fue famoso porque desde ahí se suicidó Leonardo Simons. Ahí vive Palito Ortega, y Charly García tuvo una disputa vecinal -que derivó en que tuvo que mudarse-. Ahí vive el habitual columnista de Noticias Entre Ríos, Aki Tejerina.  


Antes de su muerte, víctima de cáncer en junio de 2003 escribía su columna habitual en el diario La Nación. En este artículo publicado un día antes de la asunción del gobierno de Nestor Kirchner, que tenía como título "El tambor de la patria", invitaba a todos a participar de la reconstrucción del país y exhortaba a "la búsqueda del bien común, que no es noticia ajena sino prioridad".
Su rostro ocupa un lugar privilegiado en el Salón de Mujeres Enterrianas inaugurado este año por el gobernador Bordet en la casa de gobierno provincial.