Los tres mosqueteros

Lucas Carrasco-. Busti, Bordet y Urribarri se unen contra el discurso antiperonista del PRO



Una cierta historia sesgada por el progresismo más berreta, divide al peronismo, especialmente en el tramo donde Perón estuvo exiliado, entre "colaboracionistas" y "combativos".
En el grupo de los colaboracionistas se encuentran los dirigentes sindicales, como emblema, que fueron luego asesinados por Montoneros. Una visión cínica -como la mía- podría sugerir cierto interés justificatorio detrás de ese revisionismo histórico a la medida de Fimenich. De hecho, ese revisionismo histórico que ve como colaboracionistas a los sindicalistas asesinados por Montoneros, se encarga tanto de remarcar que no apoya "la conducción" de Montoneros (por el pecado de haber vivido para contarla) que en el fondo, hay que sospechar.
Después de todo, Augusto Timoteo Vandor conseguía mejores condiciones laborales para los metalúrgicos de los años 60 que los peones afiliados a las Ligas Agrarias. Pero a no enojarse: ya sé que está prohibido en Argentina hablar con números y cifras reales y que salirse un milímetro de la historia oficial del revisionismo histriónico es pecar de todos los adjetivos negativos de ocasión. Porque los adjetivos negativos cambian según la época, pero la sentencia en juicios sumarios de la intelectualidad es la misma. Es delito razonar. Salirse de los cánones de la historia escrita por los ganadores y perdedores de una guerra imaginaria (y saldada por consenso) en la que parece obligatorio participar.
Lo que llama la atención es que las actitudes colaboracionistas de los políticos peronistas de los años 60 y 70, no fueran siquiera recordadas. ¿Quizás porque no fueron asesinados? ¿Quizás porque los consideraban mediocres y carentes de valor estratégico en la mirada de que la clase trabajadora iría al paraíso? Quién sabe.



El debate hoy se plantea, al interior del peronismo, entre réprobos y leales.
Como la lealtad no puede ser más que a un conjunto de nebulosos y cambiantes enunciados bastante facinerosos, se personifica.


Nada nuevo en los mecanismos semióticos con los que el peronismo procesa sus coyunturas, especialmente, la derrota. 

La lealtad debe ser a Cristina Fernádez, sea cual sea la opinión de la vieja señora en cada circunstancia. O así haya cambiado de opinión a los tres minutos. O diga un bolazo magistral.
Por ejemplo, que Venezuela no se puede comparar con Santa Cruz, como hicieron los personeros del imperialismo Santiago Del Moro y la agente de la CIA Mariana Fabbiani, junto al cruelmente asesinado Alfredo Leuco y otro más que no recuerdo en una photoshop más falso que el INDEC de Moreno, pero tratándose de Cristina, que sea falso es un asunto menor.
Como es un asunto menor, a esta altura, la catarata de puteríos con que tratan de desacreditarla a la vieja señora. Es tanto el odio a Cristina y tan irracional, que dan ganas de defenderla.
Peeeero ¿desde cuándo Venezuela integra el Club de los Réprobos?
¿No hubo, hace unos meses, en ese salón velatorio que se llama Instituto Patria, un homenaje a Venezuela, con la presencia del embajador del cesarismo militar caribeño y la ex presidente?
¿Santa Cruz, acaso, no había que esconderla, por ser el ejemplo perfecto de un ajuste neoliberal y represivo? Oh, cierto.



El esquema del debate se traslada al peronismo entrerriano y se le cuestiona a Bordet hacer lo mismo que Urribarri y a Urribarri no hacer lo mismo que Busti.
O sea, se le cuestiona a Bordet pegarse al gobierno nacional -que es lo que siempre hizo, con mucha coherencia...¿qué culpa tiene que los gobiernos cambien?- tal como hizo Urribarri. Y se le cuestiona a Urribarri que no haga lo mismo que Busti: joderle la gobernabilidad a Bordet y aliarse con sus opositores, así sean un grupo de multimillonarios buscando desabastecer de alimentos a la sociedad.
Así las cosas, es imposible un abordaje más serio sin adentrarse en discusiones tan pelotudas que dan ganas de irse a dormir.

Así que todo lo escrito antes no es más que una anécdota, algo sin mucho vuelo. Lo importante es lo que viene: la oposición provincial, que es oficialismo nacional -y local en muchos municipios- razona de este modo. Con estos criterios, dado que la mayoría de quienes construyeron estos esquemas de análisis no estaban (ni están mucho que digamos) insertos en el peronismo realmente existente, sino que fueron quienes dotaron de educación ideológica básica a los caciques de la oposición. Estudiaron sus textos, leyeron sus libros, devoraron sus artículos. Y se sorprendieron cuando esa masa informe de intelectuales adhirió al kirchnerismo y hoy, desde el lugar que sea, son críticos del PRO.
La oposición espera que el peronismo provincial se comporte como le enseñaron que se comporta el peronismo. Con la automaticidad de una historia trastocada en políticamente correcta, aunque violentamente estúpida.
Y entonces, están descolocados porque los tres mosqueteros -Busti, Urribarri, Bordet- se comportan como en la novela de Alejandro Dumas.
 D'Artagnan, nacido en la Concordia de Francia en el siglo 17, es emboscado por el conde de Rochefort, quien le roba su carta de presentación, su identidad. Por tanto, nace en D'Artagnan un deseo de venganza que lo perseguirá por varios años. Retado a duelo por tres mosqueros, cuando el cardenal Richelieu los arrincona y arresta (porque los duelos estaban prohibidos) los mosqueteros se unen y luchan contra los guardias del cardenal. De manual.




El discurso antiperonista, sacado de la galera del fracaso económico del PRO, iba a producir este resultado. Era previsible en su vulgaridad, era elemental en su rusticidad. ¿Sorprenderse ahora? ¿Tiene sentido?

Otro asunto es si la gente convalida estas jugadas de salón con su voto. Habrá que ver.
Alejandro Dumas, en su vejez y en pleno auge de reconocimiento y creatividad, termina publicando, antes de morirse, una colección de recetas de cocina que recogió de varios países que había visitado. También de manuscritos históricos y libros en desuso. Se llamó Gran Diccionario de Cocina.
Fue una de sus pocas obras sin éxito.