Los peronistas se temen a sí mismos

Pablo Pereira- Una fulminante crítica al peronismo y a una nota de Noticias Entre Ríos.



En 1993, los futuros paladines de la revolución nacional y popular kirchnerista eran candidatos, en cada provincia, del neoliberalismo más feroz de la región, el implementado por el peronismo.
Pero además de hacer campaña hablando de las bondades del libre mercado, la pena de muerte, la represión a los pobres, el festejo a los indultos, los peronistas pusieron, en cada provincia del país, afiches con el escudo de la UCR y la palabra "hiperinflación".
Hoy los peronistas se temen a sí mismos y prefieren debatir sobre el rumbo de Cambiemos y no sobre el pasado reciente, del cual, con matices, se alejan todos menos la familia de la ex presidente. Hasta el punto de que el único autorizado a hablar en nombre del kirchnerismo es el hijo de la ex presidenta. Ni siquiera la hermana de la ex presidenta, por razones obvias de desastre.
El problema es que a la ex presidenta, para justificar la corrupción, le conviene polarizar con el gobierno y al gobierno, polarizar con la ex presidenta para así no tener una oposición que se pueda presentar como alternativa, eclipsando o retardando lo más posible la renovación peronista.



En Entre Ríos, la sentencia humillante del gobernador Gustavo Bordet -nada menos que el diario ultraoficialista La Nación- "el kirchnerismo se terminó el 10 de diciembre" fue acatada unánimente a través del silencio de los aludidos.
En los corrillos de la política provincial, se cree que Bordet postulará a su esposa, sostenida por la tríada del propio Bordet, Urribarri y Busti, a quienes Lucas Carrasco llamó "Los tres mosqueteros" sin su habitual corrosión literaria, excepto una alusión muy sutil al final. Solo para entendidos en la literatura de Alejandro Dumas.
¿Es porque el PRO en el gobierno reorganiza el espacio de la oposición, volviendo a juntar -como parece insinuar esa nota- lo que antes estaba fragmentado (incluso más que fragmentado, peleado a muerte)?
No sería de extrañar que el peronismo se reorganice y vuelvan a unirse alas de derecha y de izquierda, ateos y católicos, marxistas y fascistas, la biblia y el calefón.
La excusa en este caso es el discurso antiperonista de Cambiemos, coalición que está formada por un partido de raíz indudable en el peronismo como el partido FE del Momo Venegas.
La primer candidatura a Jefe de Gobierno de Mauricio Macri,, fue respaldada por el Partido Justicialista porteño. En plena campaña electoral por la presidencia, Macri inauguró una estatua de Perón, la primera en la Capital Federal. Recientemente asistió a un acto del 1 de mayo junto a sindicatos. Sin embargo, hay quienes se esfuerzan en caricaturizarlo como antiperonsita. Quizás para unir el caudal residual del kirchnerismo al peronismo que concentra el poder en la mayoría de las provincias. Quizás porque sueñan volver al gobierno nacional antes de tiempo.  



Sea como sea, el gobierno nacional a  aumentado el presupuesto para asistencia social, ha entablado diálogo con los dirigentes sindicales y les ha solucionado sus finanzas decaídas en las obras sociales, sin pedirles a cambio que lo aplaudan como a un mesías.
Es cierto que la economía aún no repunta y que desde el gobierno se cometen muchos errores, por impericia o por falta de experiencia. Pero también es cierto que esos errores tratan de enmendarse y que esto lejos de ser visto como una debilidad, es entendido por la gente como un baño de humildad, necesario después de tanta soberbia peronista.
El peronismo ha gobernado 24 años de los 32 años de democracia cumplidos el 10 de diciembre de 2015.  La mitad de esos 24 años fueron comandados por el kkirchnerismo.
Que el peronismo se niegue a discutir el pasado en problemáticas estructurales es negarse a debatir sobre sí mismo, es temerse a sí mismo. Todo un síntoma, opinaría el viejo Freud.
La realidad nunca puede ser puro presente, es un  axioma básico de la filosofía. También de la existencia humana, es una condición de los seres humanos concretos, los que votan.



En definitiva, en las próximas elecciones, habrá quienes no quieran hablar de los 12 años que pasaron y remitan todos los males de la sociedad a una oscura conspiración derechista y habrá quienes opten por no volver al pasado.
Las elecciones en cualquier lugar del mundo son un plebiscito sobre el gobierno. Eso es cierto. Pero no hay que olvidar que el peronismo gobierna la mayoría de las provincias -incluida Entre Ríos, donde tiene mayoría en ambas cámaras legislativas provinciales- y tiene la mayoría en la Cámra de Diputados de la Nación y una holgada mayoría, que incluye quórum propio, en el estratégico Senado de la Nación.
Por lo tanto, el peronismo es corresponsable -de mínima- de la gestión en el Banco Central, en la Auditoría General de la Nación, en las designaciones de jueces y de cortesanos, de las relaciones exteriores incluyendo los empréstitos y los arreglos de los diferendos judiciales en el exterior. Además del gobierno efectivo en la mayoría de las gobernaciones y las intendencias del con urbano, que el escritor peronista Jorge Así denomina con humor y algo de verdad, "minigobernadores".
La gente tendrá que plesbicitar este cogobierno. O bien, el gobierno de cada lugar.
Se verá luego en las urnas quiénes son mayoría.
Lo esperable en un régimen democrático es que los perdedores acepten la derrota y el mandato de las urnas, respetando los tiempos institucionales.




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