La presentación de Bittel

Gonzalo García Garro-. Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días de dictadura militar.

Los fines de semana deberían durar 3 días

Lucas Carrasco-. ¿Por qué no hacer que los fines de semana duren tres días para bajar el desempleo?



La cuestión es sencilla: la mayoría de los argentinos con trabajos en blanco, tiene cada tanto un fin de semana de tres días y hasta de cuatro días, por los llamados "feriados puente". La vida sigue. El grado de productividad (el real, no lo que vociferan los charlatanes a sueldo de las cámaras empresarias) no baja. No bajó  en Suecia cuando se acortó la jornada laboral a 6 horas.
Para quienes están en blanco, un feriado es un aumento de sueldo (pues recibe la misma retribución por menos tiempo de trabajo: tanto es así que quienes trabajan los feriados, cobran el doble ese día). En algunos casos, por la cantidad de feriados que hay en Argentina, se necesitan contratar uno o dos trabajadores más. Con lo cual, los feriados amortiguan (tibiamente, tal y como son las cosas hoy realmente) el desempleo.

Los feriados, en las capitales de provincia -que albergan el trabajo estatal útil y el mayormente inútil- no resienten ningún servicio público. Las jornadas laborales del principal empleador de más de 17 provincias, que es el Estado, son de 6 horas. Sin contar que casi nadie arranca a las 7 de la mañana, aunque "fiche", ni deja de trabajar a las 13. Cualquiera sabe que la cosa es de 8 a 12 de la mañana, con un break de 10 a 11, para comentar las últimas novedades de la vida privada de los jefes de  la "oficina", donde a menudo no hay ni donde sentarse. Menos algún trabajo (real) que hacer.
A tal punto que cuando se quiere simular trabajo -cuando algún funcionario político recién asumido abre la puerta de la "oficina"- todos agarran, inmediatamente, algún papel. Tener un papel en la mano simboliza trabajo. En plena era de internet.

 El Ministerio de Turismo -una estructura estúpida al servicio de empresarios rapiñeros e inútiles- puede luego mostrar agradables cifras, jamás corroboradas ni elaboradas con estándares científicos, de que los empresarios del rubro son más felices cuanto menos trabaje el resto. Aunque la contradicción sea obvia: sus trabajadores, durante los feriados, para que los empresarios festejen, deben trabajar. Mientras el resto, "descansa". Aunque no sean los trabajadores de los rubros que más cansan los que hagan turismo, más vale.
Esta contradicción, tan obvia, tan evidente, tan sencilla, se disimula con cifras, porcentajes, números, billetes apilados. Como si el turismo, a diferencia de la compraventa de acciones, no fuera un rubro que requiere de mano de obra humana.
Bue. Sigamos.
¿Hay muchos feriados?




En 2017 Argentina tendrá 17 feriados. En 2015 tuvo 28 días no laborables, feriados.
Hasta el 2017, Argentina fue el país con más feriados en el mundo. Hoy, es superada por Colombia y la India, que tienen 18 feriados, uno más que Argentina.
En India, al igual que en Argentina (con la diferencia de que India es uno de los países más poblados del mundo, tiene diferentes idiomas y culturas, conflictos militares y movimientos separatistas: nosotros no tenemos nada de eso) a los feriados nacionales se suman los feriados locales. Por ejemplo, Entre Ríos tiene sus propios feriados y la ciudad de Paraná, los suyos aparte. Casi todos por imposición de la iglesia católica. En casi todas las provincias. Y en casi todas las ciudades.
Corea del Sur tiene 16 feriados, uno menos que Argentina. La productividad laboral es altísima (los salarios también). Es un país desarrollado. La clave de su desarrollo es la alta calificación de su mano de obra, como se puede leer en este informe. 
Según el Fondo Monetario Internacional, el PBI per cápita es de 30.000 dólares. El de Argentina es de 13.467 dólares.



Sí, Argentina tiene muchos feriados en comparación internacional. Pero deberían existir más. Japón estudia agregar a sus actuales 16 feriados (uno menos que Argentina) algunos días más, para aumentar su productividad. No andan debatiendo sobre Rozas y Mitre como excusa, sino que se plantean que la gente tal día no trabaje y punto.
Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Para conmemorar, ya sin frivolidades solemnes, cosas importantes de la vida, como el Día Nacional del Alfajor, la Semana de la Pavada, el Viernes de Borrachos y cosas así, agradables. No hace falta conmemorar la ajena amargura de la muerte de un prócer para estar tres días al pedo. Así el prócer haya sido torturado y humillado popularmente, como el prócer que conmemora la Semana Santa. (Ese que resucita todos los años, quitándole cualquier suspenso).
Hace 50 años, era imposible tener tantos feriados.
Hace 100 años, era imposible no trabajar un sábado.
Hace 200 años, era imposible no trabajar un domingo.
Hace 300 años, era imposible no trabajar, aún si uno fuera ministro, terrateniente o algún curro del estilo. Hasta los religiosos trabajaban (obviamente, siempre alcanzaba para que alguno, pero no más de un puñado, dedique su jornada laboral a la haraganería y luego diga que estuvo hablando con Dios, como hacen hoy la totalidad de los religiosos profesionales de diversos credos, porque hoy, nuestra sociedad puede darse el lujo de tener religiosos profesionales en cantidad, lo cual posibilita la pluralidad de enfermedades psiquiátricas, más conocidas como "religiones")
¿Qué cambió?
La tecnología.
Todos sabemos que en nuestros lugares de trabajo sobra gente. Que hay tecnologías disponibles (el problema, en todo caso, sería el costo de estas tecnologías) para reemplazar el monótono, aburrido e inútil trabajo de la mayoría de los seres humanos, que bien podrían dedicar algunas horas a una profesión útil, haciendo que los profesionales útiles trabajen menos pero con más eficacia, invirtiendo más tiempo en estudio, investigación, imaginación y creatividad.
Lo impide un sistema social, una distribución del capital acumulado y fundamentalmente, una idea idiota de que el trabajo dignifica. Mentira.



El poscapitalismo no es posible, hoy y ahora. La distribución del trabajo, sí.
Hay un texto de Gandhi -el socialista indio que se destacó por su lucha contra la dominación inglesa- donde propone que los trabajos más humillantes sean realizados como tareas comunitarias por todos.
Da el caso de la basura.
(Recordemos, pasaron 100 años casi: hoy hay máquinas, contenedores, plantas de reciclaje, uniformes de trabajo y conocimiento científico sobre la problemática de la basura, que además, es una industria en sí misma).
Dice Gandhi que, como se trata de un trabajo denigrante, si todos los habitantes de un barrio se comprometieran a recoger la basura dejada por cada familia en la puerta de la casa, cada uno debería invertir no más de una hora por semana en ese trabajo, que no sería remunerado.
El planteo es ingenuo. Pero filosóficamente correcto.
De hecho, la invención de máquinas y tecnologías han reducido notablemente el problema de la basura en las grandes ciudades desarrolladas, quitando trabajo humano. La parte del trabajo humano más denigrante, que causaba más enfermedades y que obtenía peores sueldos.
Obvio: la contracara de este avance de las máquinas y la tecnología, es la desocupación.




Recientemente, Suiza -que no preconiza el Socialismo de Heinz Dieterich precisamente- fue a un referéndum para que los cantones (provincias) decidan por sí o por no a una renta universal básica para todos los ciudadanos, para que de esa manera decidan si quieren o no trabajar.
La propuesta incluía asignar 2.500 francos suizos mensuales (unos 2.254 euros) por adulto y 625 (565 euros) por cada menor de 18 años.
Además de afrontar el problema de la automatización del trabajo, buscaban equiparar la cuestión laboral con las mujeres, muchas de las cuales (cada vez menos, en los países desarrollados) dedican una parte de su vida al embarazo. Además, buscaban remunerar el trabajo de hombres y mujeres que cuidan sus hijos o sus padres.
Un 78% rechazó la propuesta.
Una pena, porque si esa renta hubiera existido en la década del 20, Hitler se hubiera mudado de Austria a Suiza y se hubiera dedicado a la pintura. Aunque, claro, Suiza no habría podido enriquecerse gracias a los nazis.




La izquierda debería revisar sus concepciones filosóficas sobre el trabajo. Aunque eso signifique abandonar el aspecto teleológico del marxismo y el materialismo histórico como único motor de la historia humana.
La derecha debería revisar sus elogios a la explotación y la concentración de la riqueza, porque sin consumidores, no hay mercado. Y sin mercado, no hay capitalismo.
¿O acaso es un modelo deseable que el 1% más rico del planeta, que concentra más dinero que el 99% de la población mundial restante, tengan que construir castillos y fortalezas (por qué no en los cantones suizos...je) para protegerse de los estallidos sociales nacidos de la brutal desigualdad?
¿No sería -¿no lo es ya?- una especie de retorno a la edad media en la etapa del feudalismo?
La historia no se repite como tragedia ni como farsa. La historia no se repite. Pero enseña a imaginar el futuro.