Liebig, de imperio a pueblo fantasma

Santiago Zorrilla.-Este pintoresco pueblo le debe su nombre a Justus von Liebig , el padre alemán de la química inorgánica.



Nacido en 1803, Liebig descubrió en 1847 la manera de hacer un extracto de carne sustancioso y potente que servía para dar sabor y vitaminas a los platos. Creyendo que en el Río de la Plata podía producirse a un tercio de lo que costaba hacerse en Munich, en 1865 abrió una inmensa planta industrial con la firma de "Liebig's Extract of Meat Company", creada en Londres junto al visionario alemán George Giebert.

La fábrica inicialmente se ubicó en Fray Bentos, Uruguay, donde hoy se produce celulosa, pero uno años mas tarde se construyó, en Entre Ríos, cerca de la ciudad de Colón, ya que el lugar resultaba estratégico por la calidad de sus tierras de crianza vacuna, y porque en el mismo sitio pudieron hacer un puerto de gran calado para embarcar el producto en clippers que lo llevaban directamente a Europa, casi sin escalas.

En el año 1870 el extracto alimentó al frente alemán durante la guerra franco-prusiana. En 1875 produjeron 500.000 kilos de extracto hecho con las 1.500 cabezas de ganado que se sacrificaban diariamente con este fin .
En 1878, la fábrica empezó a fabricar también corned beef (viandada), picadillo de carne, tuco, lengua y sus propias latas para envasar.
Este monstruo industrial necesitó tanta gente empleada para su funcionamiento, que los ingleses construyeron un pueblo entero alrededor de la planta.

Un pequeño saladero, propiedad de Apolinario Benítez, originaba por entonces a su alrededor un poblado precario que se convertiría en precursor de la localidad.
Sin embargo, el verdadero impulso al asentamiento tardaría hasta los años póstumos del siglo, cuando -a raíz de un descubrimiento que revolucionaría el mercado cárnico- capitales ingleses llegaran hasta este rincón entrerriano para fundar la Liebig’s Extract of Meat Company Limited.


 "Cocina más grande del mundo", decían los medios porteños, considerando que en dicha época y hasta la década del '50, se faenaban 1.500 animales diarios, en fajinas que duraban seis meses por año; y la ocupación alcanzaba a 3.500 obreros en turnos diurnos y nocturnos. 

Este pueblo supo también de su esplendor durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. ya que desde sus costas, donde se había instalado un puerto exclusivo, salían los barcos con el extracto de carne y el famoso corned beef.
Tal vasto era el desarrollo de este emporio frigorífico que hasta el propio Príncipe de Gales lo visitó allá por el año 1935.
Caminando las calles de Liebig uno se da cuenta de las diferencias que existían entre patrones y obreros. De un lado el barrio obrero, El Pueblito, con casitas simétricas e iguales, y del otro La Hilera, donde se levantaban los chalets más vistosos del personal jerárquico de la empresa. La calle divisoria que atraviesa Liebig de Oeste a Este era como La Manga y desembocaba directamente en la fábrica.

En 1970 la planta frigorífica  de Liebig se llamó FRI. CO. SA., haciendo más latas que carne y  en 1980 la planta de Liebig y las casas de sus gerentes se vendieron al frigorífico Vizental de San José, y desde entonces la fábrica se desguaza de a poco.

Liebig pasaría a depender solo de su atractivo como producto turístico, erigiéndose incluso frente a la plaza un monumento a la lata de corned beef como símbolo del pueblo.

Por estos días,  Liebig, busca salir de su presente fantasmagórico intentando abrirse como destino del llamado turismo histórico. Intentando, en realidad, sobrevivir y no ser otro pueblo fantasma más. 

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