La soja, la política y el subdesarrollo rural

Joakito.-¿Como se mide el impacto de la pobreza en las zonas rurales?




Cuando los indicadores de pobreza de las zonas urbanas muestran una mejor respuesta, aunque se considere insuficiente, ante la evolución favorable de los indicadores económicos, sobre todo del crecimiento del ingreso por habitante o renta per cápita, esa misma reacción no se produce muchas veces en las áreas rurales. ¿Como se mide el impacto de la pobreza en las zonas rurales?



Para medir la pobreza en las áreas rurales se lo hace a través de un estudio denominado FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola) de 1993 que se constituyó en una referencia clave, no sólo por contener la información más completa y fiable sobre el estado de la pobreza rural, sino por el enfoque metodológico que adopta. Su concepción de la pobreza queda explícita al afirmar que la pobreza no es un estado de las personas, sino el efecto de procesos dinámicos; la pobreza es una condición social, no un fenómeno personal.


Hay que tener en cuenta que los procesos de empobrecimiento del campo no se generaban dentro de unos compartimentos estancos caracterizados por una secular pobreza, sino que se insertaban en el funcionamiento de la actividad económica global. De aquí la crítica a aquellas políticas sociales que pretenden reducir la pobreza y que no contemplan esta realidad, con lo que se limitan a transferir recursos a los sectores más pobres. Con ello, no hacen sino perpetuar, o empeorar, la pobreza existente, al no tener en cuenta que la dinámica de las políticas económicas puede estar produciendo un transvase de recursos mucho mayor en el sentido contrario.

Para poder analizar la pobreza en los sectores rurales hay que tener en cuenta variables diferentes a las de la población urbana. 

Se trata de evaluar el crecimiento de la población rural, los bajos niveles de educación, el aislamiento geográfico y la falta de acceso a las comunicaciones, la gestión de los recursos y la ordenación del medio ambiente, la discriminación de género contra la mujer, los factores culturales.
Se hace necesario para poder evaluar la pobreza en los sectores rurales medir el acceso a los bienes y los activos, la tecnología y la transformación de las actividades agropecuarias, las instituciones al servicio de los pobres (especialmente las financieras) y el acceso a los mercados en el contexto de la globalización.
En Argentina los sectores rurales a partir del monocultivo de la soja, se han visto envuelto en el llamado “boom agrícola” que ha sido el resultado de importantes cambios tecnológicos y organizativos que se traducen en un ahorro de mano de obra y una importante reducción de costos. Entre estos, se destaca la adopción a gran escala de la siembra directa y los llamados “pools de siembra”, que permiten reunir recursos en un mismo esquema de inversión.
En los últimos años, el sector también se ha visto favorecido por el aumento de los precios internacionales y la ventaja competitiva derivada de la fuerte devaluación del peso argentino tras la crisis de 2001-2002.


Sin embargo es muy difícil establecer cual es nivel de vida de las poblaciones rurales ya que Argentina es el único  país en América Latina continental cuya encuesta de hogares no tiene cobertura de áreas rurales. Esto tiene que ver con que cerca del 90% de nuestra población se encuentra en áreas urbanas dándose fuertes bolsones de población pobre en las áreas rurales.
Medir la pobreza en los sectores rurales se torna dificultoso no solamente porque la Encuesta Permanente de Hogares se realiza en ambientes urbanos sino también que por ejemplo el Censo Nacional Agropecuario toma como unidad de análisis a las explotaciones agropecuarias más que a los individuos que viven en las mismas y en otras áreas que se pueden definir como rurales. De todas maneras la mayoría de los estudios vinculados al tema estiman que la pobreza es considerablemente más elevada en las áreas rurales que en los grandes aglomerados urbanos y que esta brecha persiste con el paso del tiempo.
Teniendo en cuenta el poco material empírico para analizar que hay sobre la cantidad de población rural y sus condiciones de vida,  se suele tomar la llamada Encuesta de Impacto Social de la Crisis en Argentina (ISCA), realizada por el Banco Mundial en 2002 como tendencia. Esta encuesta estuvo a cargo de la consultora “Opinión Pública, Servicios y Mercados” (OPSM), durante los meses de junio y julio del año 2002, pocos meses después de que se desatara la crisis económica y política de finales del año 2001.

De acuerdo a esta tendencia existe una brecha de 60% a nivel nacional entre el ingreso per cápita familiar promedio de la población rural y urbana, tendencia que aún no se ha reducido.

La principal fuente de ingresos de los hogares de áreas rurales dispersas continúa siendo la producción agropecuaria. Sin embargo, es importante considerar que ésta tiene un peso significativamente mayor en los ingresos de los hogares no pobres.

Al analizar el perfil de los hogares pobres se encuentra que tienen jefes de familia algo más jóvenes, con menos años de educación y con tasas de ocupación más bajas. 

Además, la principal fuente de ingresos de estos hogares es el empleo asalariado agropecuario (permanente o transitorio). Es decir, que los pobres participan en mayor medida en actividades agropecuarias como asalariados que como productores.
A su vez los empleos suelen estar asociados a la informalidad y el sector rural argentino  muestra niveles de informalidad superiores al 50%, siendo esta situación sistemáticamente mayor en las áreas rurales que en las urbanas. Esto refuerza la desigual distribución de ingresos, ya que los trabajadores no registrados perciben remuneraciones promedio significativamente más bajas.
Como comentamos mas arriba la falta de estadísticas completas sobre el sector hace que haya muy poco trabajos realizados para evaluar la pobreza rural. Uno de estos trabajos es el que hicieron Clara Craviotti y Susana Soverna  (“Sistematización de Casos de Estudio de Pobreza
Rural”, trabajo realizado para la Secretaria de Agricultura Ganaderia y Pesca de la Nación) que consideran que una amplia variedad de actores y situaciones quedan comprendidos bajo el rótulo de “pobreza rural”, en un país donde el sector rural es tan heterogéneo como Argentina. Entonces las autoras conforman diferentes categorías: asalariados puros, asalariados a porcentaje, asalariados con tierra, campesinos puros, campesinos asalariados, campesinos en diferenciación o en transición, pequeños productores capitalizados en crisis y otros grupos no agrarios e inactivos. Como fuentes de ingresos, además del trabajo intra y extra predial, consideran las migraciones, la producción de auto-consumo y las transferencias formales e informales. De todas maneras estas autoras no centran solo en el análisis de los ingresos para evaluar la pobreza rural sino que  toman otras variables como la calidad de los suelos y la disponibilidad de agua, la existencia de tierras disponibles para la producción y la existencia de fuentes alternativas de empleo.


Según los datos de censo nacional del 2010, en Entre Ríos la población rural viene en caída: La población rural concentrada(pequeños pueblos) sólo aumentó en relación al censo anterior un3,5%, mientras que la que se localiza en el campo se disminuyó un 19,6%. Esos son los datos duros. Al igual que a nivel nacional hay pocos estudios sobre el impacto de la pobreza en los sectores rurales. Uno de esos pocos trabajos es el realizado por Graciela Mingo (Facultad de Trabajo Social y ex Directora de Estadísticas de la provincia) y Gabriel Villanova (Facultad de Ciencias Agropecuarias)
Este estudio se centra sobre la población rural que se dedica a la explotación y el cultivo de arroz en la provincia. Alli destacan que la estructura agraria y en el área rural las poblaciones y hogares pobres tienen una incidencia porcentual mayor que la de la pobreza urbana pero en cifras absolutas, la pobreza urbana la redobla en número. Y remarcan que para medir la pobreza rural se trabajo con los indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) que se desglosan del Censo Nacional de Personas y del Censo Agropecuario. Estos indicadores son hacinamiento, vivienda precaria, escolaridad del jefe de hogar con primaria incompleta y servicios sanitarios deficientes.


Mas allá de la falta de datos duros, nuestra provincia fue una de las pocas que a nivel de políticas sociales y de desarrollo social prestó atención a los sectores rurales. Las políticas de atención a los pequeños productores están dentro de la Dirección de Desarrollo, Economía y Mercados en el ámbito de la Subsecretaría e Planificación y Desarrollo Estratégico. Desde esta secretaría históricamente se ha priorizado el trabajo en la región noroeste que es donde la pobreza rural tiene más peso.


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