La degradación de la democracia.

Martín Vázquez-Una visión pesismita pero real sobre los partidos políticos entrerrianos.



El costo de la política resiente la democracia.
Como es sabido por las personas informadas, la mayoría de los partidos políticos entrerrianos no irán a internas "de verdad".
No es que estén de acuerdo en casi todo ni haya grandes consensos. De hecho, a Bordet los peronistas lo toman en serio en tanto y en cuanto es el que maneja la billetera del pueblo para repartirla entre los políticos que eligió para mantenerse en el poder. Nadie lo tomó -aún, por lo menos- en serio como líder y eso es bastante evidente. Nadie lo elogia Nadie le necunetran algo positivo, que no esté a la defensiva ni sean palabras de ocasión, a su gestión. Nadie sabe cuál será su posición sobre cualquier tema. Nadie conoce cuál es el rumbo adonde quiere llevar la provincia. Y cómo.

En la UCR, por su parte, están recontracalientes con el PRO, con quienes no coinciden en nada y lo hacen explícito: si no les dan los cargos que piden, no hay Alianza.
Los que pasaron de aliarse al socialismo con el PRO, hacen malabares discursivos para explicar cómo es posible que se den vuelta tanto. Los casos de corrupción del gobierno nacional y sus arranques de autoritarismo, le quitan cualquier autoridad en materia republicana e institucional. Nuevas piruetas para disimular esta evidente situación.



¿Por qué, entonces, no hay internas? 

Por el costo.
Hacer una campaña electoral cuesta cada vez más caro.
Es fácil si se hace desde el estado, total la plata la paga el pueblo. Pero nadie está en condiciones de juntar el dinero necesario para ir a las PASO sin robar dinero del estado para sus fines personales y, a menudo, familiares. No más que eso.

¿Qué privado pondría semejante platal para sobornar periodistas, alquilar militantes, hacer folletería y todo el merchandise con alguna consigna tonta y vacía y la cara de otro? ¿Para qué?
Con el único propósito que lo haría es para que luego el político se la devuelva, robando ese dinero del estado.
Pero si los intereses que pagan los bancos por dejar la plata en plazo fijo son mayores a los dividendos que da la criminalidad política, más allá de que reine la impunidad, no es negocio financiar alguna marioneta hoy en día.



Antes, cuando había menos medios de comunicación -por tanto, menos empresarios de medios para sobornar- y la gente se tomaba en serio el voto y los partidos políticos (y así nos fue...) era más barato para un empresario tener este tipo de negocios: contratar un carilindo, que diga tonterías sin decir nada, poner afiches en toda la provincia y luego obtener privilegios y favores del estado, con un margen de ganancia muy superior a cualquier negocio legal.

Hoy está también el narcotráfico como negocio ilegal competitivo.
Como es sabido, manejar el dinero del narcotráfico no se penaliza en Argentina. No hubo, de hecho, un solo banquero en la historia argentina condenado por lavar este dinero. Ni un solo estudio contable. Ni un solo estudio jurídico. Ése es el negocio, más que financiar campañas. Porque además tiene menos iresgos que financiar campañas, como bien sabe Lázaro Báez.
Las ganancias son fabulosas y además, a este nivel, el narcotráfico no necesita sobornar policías ni políticos provinciales (que la mayoría de las veces carecen de los conocimientos necesarios para comprender este clase de criminalidad).


Los punteros y la red de compraventa de votos en el bazar de la política, dependen de una red asistencial que solo puede manejar quien acceda a los recursos estatales. Se debate su eventual uso discrecional, pasando por alto que este reparto discrecional es posible sí y solo sí tales recursos escasean. Lo que lleva a asegurar que sin pobreza, no hay clientelismo.
Cuando la pobreza era del 10%, las internas partidarias tenían sentido. Hoy, que supera el 30%, las internas son caras y amañadas por la desesperación de la gente que necesita vivir de las migajas del enriquecimiento de la clase política.



El resultado del encarecimiento de las campañas es que se resiente, cada vez más la democracia, en tanto los partidos políticos dejan de ser democráticos y pasan a ser clanes. Estructuras vacías para cubrir un vacío legal y constitucional, pero sin ninguna función real en el desarrollo de la política.
De hecho, no discuten programas, ideologías, modelos económicos. Se resignan a seguir a tal o cual líder, de derecha o izquierda, no importa, lo importante es que asegure la llegada al control del estado para luego repartir los conchavos, concesiones y privilegios.
Si el líder decide alquilar cuadros estatales de otro partido -como por ejemplo Bordet con Adrián Fuertes- el partido no se quejará, dado que teme perder el favor del líder.
Una vez que el líder pierde votos o deja el poder, pasa a ser objeto de escarnio del mismo conjunto de aduladores profesionales, y el partido político al que pertenece, se callará para congraciarse con el nuevo líder, sea de su partido o del que haya ganado las elecciones.

Un dirigente político puede tranquilamente estar en un partido político ante cada elección. En Entre Ríos son bastantes singulares los casos Martínez Garbino, de Juan Domingo Zacarías, de Lucy Grimault, y siguen las firmas.
Incluso, hay quienes ya han sido aliados de todos los partidos en alguna ocasión. ¿Cuál es la diferencia entonces?
Si se puede cambiar de partido ante cada elección, si se pueden aliar al último adversario traicionando al primer aliado, los partidos políticos, cáscaras vacías ideológicas, ya no sirven siquiera para hacer carrera en el estado sin tener los méritos necesarios.
Pero como tampoco funcionan los concursos -excepto en la docencia, isla aparte por suerte- ni los méritos para ascender en la administración pública, el resultado es un megaestado que no sirve para nada. Que no logra dar buenos servicios, que no cobra impuestos de manera equitativa y que no puede mejorarle la vida a la gente. Pero sí jodérsela.




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