Federalismo y antiperonismo

Pablo Mori-. El unitarismo fue cambiando a lo largo de la historia para ser hoy la clave del antiperonismo.



De los tres gobiernos nacionales no peronistas surgidos desde el retorno democrático, dos fueron hegemonizados por el radicalismo y uno por un partido, hasta entonces, vecinal, el PRO. Cuyo despliegue terriotrial se hace desde la zona metropolitana, incluso para elegir candidatos (como Miguel Del Sel o Alfredo De Ángelli, en Santa Fe y Entre Ríos, respectivamente).
Los tres gobiernos no peronistas surgidos desde 1983 hasta el 2015, sin embargo, tienen una similitud: están hegemonizados por un dispositivo político afincado en la zona metropolitana que rodea el puerto.
Es un dato llamativo, que se pasa por alto.
Alfonsín gobernó con la Coordinadora, una agrupación porteña que controló todo el gobierno nacional.
La Alianza tuvo como candidato a Presidente y a Vicepresidente a dos porteños.
Cambiemos tiene un Presidente porteño y una vicepresidenta porteña.
La tendencia al unitarismo, como se ve, se lleva de maravillas con el antiperonismo. O republicanos, como se autodenominan ahora los gorilas, para quitarse un poco de peso en la mochila de su historia. De hecho, suelen renegar tanto de su historia que hasta reniengan de la historia del país. Como Macri pidiéndole disculpas al Rey de España por la Independencia de 1816, Patricia Bulrrich confundiendo 1810 con 1816 y hasta sustituyendo próceres liberales de la ilustración de los billetes, por animales.


Esta operación de ahistoricidad no solo tiene que ver con borrar su pasado por parte del antiperonismo, sino también con disimular los conflictos que forjaron nuestra nación y aún persisten en el bajofondo de nuestra coyuntura. Por ejemplo, la cuestión federal. Al borrar la historia, se borran también los símbolos que dan entidad y orgullo a las provincias para pelear por un reparto desigual, donde crecen las diferencias entre una zona metropolitana con indicadores de bienestar económico parecidos a los europeos y provincias que se parecen a África.
Entre Ríos está en una escala intermedia. Pero es con los recursos naturales de las provincias que se sostiene artificialmente el estilo de vida europeo de los porteños.



Las apelaciones a la "unidad de todos los argentinos" son el canto de guerra que parece una remake de "ni vencedores ni vencidos", frase de triste historia. La pronunció Urquiza tras la batalla de Caseros. Y la pronunció Lonardi, tras derrocar a Perón en el marco de la autodenominada Revolución Libertadora.
La apelación a difusos "Pactos de la Moncloa" tiene esta raigambre semiótica entre nosotros. Por eso entusiasma tanto al arco llamado "republicano".
A esta operación en torno a la historia, cargada de ideología pero en nombre del fin de las ideologías, se suma el radicalismo, que al aliarse con el PRO perdió toda impronta de partido nacional y popular, tal como se reivindicaba hasta la constitución de Cambiemos.
Tenía con qué.
La línea Alem-Yrigoyen-Alfonsín fue predominante en el radicalismo.
Hoy son constantes las comparaciones (forzadas) con Alvear, con la excusa correcta de que fue el último presidente no peronista que electo democráticamente terminó su mandato.
El primer mandato de Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, que posibilitó el triunfo de Alvear, también lo concluyó. Y su segundo mandato, al igual que Illia y Frondizi (aunque Yrigoyen ganó sin proscripciones) fue interrumpido con un golpe de estado.
La operación intelectual de equiparar al peronismo y sus triunfos electorales con los golpes de estado, borra la complicidad del aniperonismo con estos golpes de estado y sitúa al peronismo en un inmerecido lugar de antidemocrático y golpista, poniendo la culpa en el peronismo por el final de los gobiernos de Alfonsín y De La Rúa.
No es ninguna ingenuidad.



Otro dato: desde que se elige Jefe de Gobierno porteño, tras la Constitución reformada en 1994, dos de los tres Jefes de Gobierno electos fueron Presidentes. De La Rúa y Macri.
El Jefe de Gobierno porteño se elige por el contubernio de Alfonsín con Menem en el llamado "Pacto de Olivos". El caudillo radical esperaba que la Capital Federal fuera el bastión de la UCR. No le erró. Hasta que el 2001 se llevó puesta a la UCR, que entró en peligro de extinción.

Desde entonces, también en el país se vota por distrito único presidente, sin colegio electoral, lo que le dio un enorme poder a la provincia de Buenos Aires, que hasta el 2015 fue un bastión del peronismo.
Aunque la provincia de Buenos Aires tiene la mayorí ade su población en el conurbano,, lo que hace de la zona metropolitana el centro electoral del país, aún cuando el conurbano conserva un bastión electoral para el peronismo.
El federalismo, bien gracias.

Tenemos entonces las coordenadas de un clivaje que quizás ya está caduco: no peronismo porteño versus peronismo bonaerense. Quizás está caduco por la derrota del peronismo en provincia de Buenos Aires y en varios distirtos del conurbano que rodea a la Ciudad de Buenos Aires.
Tal vez el clivaje sea en los próximos años federalismo versus aniperonismo.