La presentación de Bittel

Gonzalo García Garro-. Es oportuno hoy también recordar a Deolindo Felipe Bittel, un representante o dirigente afín a un sector del peronismo que reiteradamente sufre ataques, muchas veces injustos, especialmente de los sectores de la izquierda gorila, en relación a los hechos acaecidos en aquellos días de dictadura militar.

¿Facebook y Twitter cambiarán el capitalismo financiero?

Ezequiel Bauman- Las redes sociales se hunden en la Bolsa. Pero es más probable que sobrevivan y lo que muera sea el capitalismo financiero.




Cuando hablamos de capitalismo financiero el lector inmediatamente capta el término con negatividad. Tiene razón.
Sin embargo, el capitalismo financiero no se caracteriza solo por hacer dinero del dinero -lo que se denomina multiplicador bancario- sino también por una cualidad que lo hizo, en sus buenos tiempos, equiparable a la democracia y que funciona, razonablemente, en sociedades desarrolladas.
Consiste en que el público pueda comprar acciones, que significan una parte de una empresa. El valor de la empresa se define en una constante subaste de acciones, cuyo precio se origina en las ganancias o pérdidas que esas empresas presenten.

Las redes sociales, y las grandes compañías de servicios de internet, están empezando a salir a la Bolsa buscando financiamiento público.
Desde que Twitter salió a la Bolsa, hace tres años, hoy vale un tercio. Facebook no ha logrado aún ser rentable. Snaptchat se está hundiendo.
Aún cuando estas empresas habitan los noticieros de todo el mundo, son el canal preferido de Jefes de Estado, caudillos antimperialistas y la farándula mundial, aún cuando tienen muy pocos empleados y gastos operativos muy bajos, no resultan rentables.
Le pasa, incluso, al propio Google.



La clave de esta falta de rentabilidad radica en que son empresas que al cotizar públicamente, al salir a la Bolsa, presentan un modelo de negocios que, al igual que el servicio que "ofrecen" a los usuarios, debe cambiar constantemente. Por eso los fundadores y CEO de estas compañías son celebridades que trascienden el mundo empresarial: es su creatividad lo que da vida a la empresa.
La creatividad no siempre va de la mano con el ganar dinero, como sabe cualquier artista o lector de biografías de grandes escritores de la humanidad.
Incluso, la mayoría de estas empresas emblemas de Silicon Valley recién salieron a la Bolsa cuando comenzaron a tener un plan de negocios con una meta de rentabilidad, que no siempre alcanzaron.





Puede que este diagnóstico transforme el capitalismo finaciero antes de que estas empresas -estratégicas desde el punto de vista de un Estado, para cuestiones militares, económicas y políticas, por razones obvias- desaparezcan por no poder funcionar vajo las reglas actuales del capitalismo financiero.
Por ahora, sobreviven porque las inmensas fortunas que hacen sus creadores, son luego multiplicadas por los canales financieros más habituales: comprando acciones de otras empresas más rentables. Por lo tanto, pueden ir a pérdida y poner capital propio, aunque esto adelgace la porción de capital en acciones.

Sin dudas, esta situación irregular no puede perdurar.
Todos los días hay nuevas regulaciones en EEUU, que de a poco van siendo agregadas en el resto del mundo, tratando de corregir estas variables.
Ahora mismo, existe en los Estados Unidos un fuerte debate al respecto, que abarca también a los proveedores de internet y las regulaciones para que el flujo de éste sea libre. Algo que no sucede en nuestro país, ni por asomo.




Tarde o temprano, el capitalismo financiero en su aspecto primario y originario -el acceso del público a los mercados de acciones- cambiará y serán las estratégicas empresas de internet, cuyas rentabilidades son distintas al capitalismo industrial para el cual fue moldeado el mercado de capitales.
La pregunta desde Argentina -desde Entre Ríos, por su bajo grado de desarrollo tecnológico, es inútil hacerse estas preguntas- es si seguirá en la cola de los países subdesarrollados en esta materia o tomará el toro por las astas.
Ha juzgar por los antecedentes inmediatos, no hay mucha esperanza.