El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

¿Es cierto que la sociedad está polarizada?

Osvaldo Quinteros-. Los datos concretos desmienten que la sociedad está polarizada. ¿Por qué se insiste, entonces?



Durante el mandato de Cristina Kirchner, ésta insistía en que estaban en juego "dos modelos". Lino Barañao, actual y entonces ministro de la estratégica cartera de Ciencia, podría desmentir ese enunciado.
Actualmente, el gobierno nacional sostiene que busca "en la comparación con el pasado" lo que no encontró en la economía.
Lo curioso, sin embargo, es que los mismos que difunden la idea de una sociedad polarizada están a favor de las mismas cosas en los grandes temas. No en enunciados abstractos solamente, sino en cosas concretas.
Pongamos ejemplos de coyuntura: el 2x1 que beneficia a represores, mereció la condena de todas las fuerzas políticas "polarizadas".  La emergencia social, transformada en ley, fue votada por todas las fuerzas políticas "polarizadas". Lo mismo sucede con el rechazo a Donald Trump (extensible, en realidad, a los republicanos yanquis en general) a Le Pen en Francia, a Putin en Ucrania. No son asuntos menores, ninguno. Son ejemplos en materia penal, relaciones internacionales, economía y desigualdad social, ni más ni menos.
En realidad, las grandes disidencias sí son en relación a temas menores. Un ejemplo es lo sucedido en el Instituto del Cine. Si uno mira los enunciados de los bandos contendientes -la batalla duró tres días, sin que cambie nada, por cierto- ve un abismo de diferencias. Si uno mira los resultados y los hechos concretos, ve puro humo.



Lo curioso es, además, que los mismos que exaltan la supuesta polarización de la sociedad luego muestran encuestas donde Cristina Kirchner mide lo mismo en provincia de Buenos Aires que lo que sacó Aníbal Fernández cuando fue derrotado por la actual gobernadora María Eugenia Vidal, que no para de sumar peronistas a su gabinete.
Mientras que en los otros grandes distritos electorales, como CABA, la disputa es entre dos facciones de Cambiemos, una encabezada por Lousteau y la otra por Carrió, ambos críticos del PRO pero ninguno polarizando con el kirchnerismo.
Como tampoco polariza con el kirchnerismo el socialismo santafesino, cuya principal disputa será con el sector de la UCR aliado al PRO. Ni en Córdoba, donde el peronismo no K de De La Sota se medirá con el radicalismo crítico del PRO.
¿Dónde está, entonces, la llamada grieta? ¿En los distritos chicos? ¿En Formosa, Tierra Del Fuego, San Luis, Neuquén?

En Entre Ríos, distrito intermedio, el kirchnerismo está sobrerepresentado en el Congreso Nacional, pero los dos senadores ultraK se dieron vuelta enseguida, y los diputados que permanecen fieles a los K, con la excepción de Julio Solanas, no participan de la vida interna de la política entrerriana más que desde la marginalidad. Todos se alinearon con Bordet, cuyo Ministro de Turismo, Adrián Fuertes, sacó casi 20% como candidato a gobernador del Frente Renovador, por fuera de cualquier polarización. Hoy, Bordet está unido a Jorge Busti (que viene de estar aliado con el PRO en la anterior elección) y con Urribarri, principal referente K en la provincia, mientras que la versión local de Cambiemos apoya en la Legislatura entrerriana todo los proyectos del oficialismo provincial, incluidas las movidas más audaces e inéditas como el juicio político a Chiara Díaz o el estrafalario endeudamiento en dólares con la coparticipación de garantía.
¿Y la polarización?



Para los medios porteños, sumidos en una lógica de negocios que depende de los favores de la política, esta polarización es un hecho y llegan hasta persecuciones, mentiras obvias y municiones gruesas por trofeos pequeños. Pero la sociedad está lejos de acompañar este periodismo de guerra comercial.
Los datos disponibles muestran claramente que la polarización, en todo caso, pasa por otro lado: la brecha entre pobres y ricos, la brutal desigualdad social.
Esa polarización no tiene nada de frivolidad y sin embargo es la que menos se discute. Incluso, esta verdadera polarización, se tapa con el incesante griterío de los polarizados cuando discuten cualquier tontería.



Ese griterío es funcional a la guerra comercial de los medios que dependen de los favores políticos, pero es también funcional -probablemente, sin quererlo- a tapar la discusión sobre la verdadera y peligrosa polarización, que es la desigualdad social, cuyos efectos explotan, literalmente, todos los días y son los que verdaderamente amenazan, hoy y ayer, la gobernabilidad.
Ese griterío responde por supuesto a las lógicas propias de los medios, a su simplificación, búsqueda del espectáculo, vértigo y frivolidad.
La gente consume estas porquerías, tanto como los show de Tinelli, pero no los toma en serio.
Por eso, cuando Moria Casán fue candidata a Jefe de Gobierno -algo que ya nadie quiere recordar- no pasó del 1%, aún cuando estaba en el pico de su popularidad mediática.
La gente no es tonta.
Sabe diferenciar el circo de la gobernanza. El entretenimiento de la administración. Y el espectáculo de la verdad.
La polarización tan mentada no es más que un capítulo del interminable espectáculo de las frivolidad. Mientras que la mitad de los chicos en Argentina, son pobres o indigentes.