El mundo fue y será una porquería

Lucas Carrasco-. Trump iba a desatar la III Guerra Mundial a tuitazos (y limones argentinos), pero su esposa no le dio una mano.




¡Epa! ¿No se venía la III Guerra Mundial? ¿No se analizaban -con todo respeto- los escenarios si se desataba esa guerra nuclear? ¡Al final, todo el megadrama con Corea del Norte, que iba a disparar "armas de destrucción masiva" contra Japón y Corea del Sur mientras Donald Trump le tiraba con limones argentinos, resultó un asunto menor, dado que el archivillano del PC coreano volvió a comer sus medialunas y el exvillano de América del Norte está en una II Guerra Mundial de manos con su esposa inmigrante!

                                        La mano de Dios



La I Guerra Mundial se desató en el Muro de los Lamentos. La esposa inmigrante de Trump (no viene a cuento su nombre, después de todo, es una especie de maniquí) no le quiso dar la mano.
La II Guerra Mundial, cuando tampoco le quiso dar la mano, fue en el Vaticano.
Todo muy religioso, aunque las ortodoxias de ambas religiones vean mal el matrimonio en segundas nupcias, con inmigrantes (de países satánicos) y con tanta diferencia de edad. Aunque, claro, digan lo contrario en algunos -en muy algunos- casos y aunque, a los presidentes, se les perdona todo. Especialmente si es el presidente del país que financia la ortodoxia de ambas religiones.
La mano que el maniquí no le da a Trump, se la dará Dios.
En breve, si no lo destituyen, el presidente de los EEUU será un gran estadista reflexivo que demuestra la solidez de las instituciones y bla, bla, bla...

Macri, en vez de dedicarse a tirar limones contra el gordito del PC coreano, se fue a Corea del Sur, Japón y hasta China, para firmar los mismos acuerdos que el kirchnerismo con las represas inauguradas 280 veces pero que aún son, apenas, como el Estadio Único en Paraná: un holograma, digamos. Parte del habitual recetario de obras públicas imaginarias con que debate el obrismo argentino. 
En un gesto de inteligencia y sorpresa, el presidente argentino hizo una doble movida silenciosa: retiró la nutrida comitiva que viajaba a Brasil para repudiar a Nicolás Maduro de Venezuela, en un acto organizado por...Temer; y asistió a la asunción del nuevo presidente ecuatoriano, el izquierdista dolarizado Lenin Moreno.
Una inteligencia diplomática que hasta ahora no se le veía.
Aunque, en el fondo, no cambie nada.  Es elogiable este giro. Que, además, cumple con sus promesas de campaña en materia de política exterior: prometió desideologización, búsqueda de inversiones, multilateralismo. Ok, está cumpliendo.
La eficiencia te la debo.
Igual, es muy difícil el mundo que le tocó.
Argentina quería volver al mundo, pero el mundo ya andaba con otra.




El gordito del PC coreano heredó, además de un país para jugar al baloncesto, armas nucleares. Así que a diferencia de otros dictadores, más democráticos (comparado con  Kim Jong-un) y peinados decentemente, como Sadam Husein y hasta Gadafi, de Irak y Libia, no fue derrocado ni su país invadido.
A Trump le habrán explicado -con dibujitos, así lo entiende- que una cosa es hacer terrorismo de estado en países sin bomba nuclear y otra, en países como Corea del Norte, Irán y Siria. Por eso, se dio vuelta y de querer sacar al dictador sirio, pasó a asistirlo en esos pequeños holocaustos a Musulmandia que tanto alegran a occidente y hacen pasar por serio a un presidente de los EEUU.
Para los crímenes de lesa humanidad más comunes y habituales, Trump siguió con la bandeja de golosinas que le dejó el Tío Tom Obama: Yemen, Somalía, esos países que pagan tasas más bajas que Entre Ríos.
Con Irán y Corea del Norte, siguen los acuerdos bajo la mesa.
Pero no es lo mismo robar el petróleo de un país sin bombas nucleares que uno que sí.
Argentina, mientras tanto, sigue la colaboración en materia nuclear con Irán iniciada con Alfonsín. Y los acuerdos con Chevrón siguen siendo tan secretos como cuando estaba Kicillof.
Eso es lo bueno de las políticas de estado, siempre nos cagan.

Donald Trump alimenta los show de humor progre en el prime time de los canales de cable de EEUU. Que no quiera hacer una III Guerra Mundial podría ser grave, pero más grave hubiera sido que cumpliera sus promesas de campaña y no bombardeara Musulmandia.
De pronto, se volvió moderado (o sea, asesino) pero la maquinaria del chiste ya estaba en marcha. El estereotipo -que le ayudó tanto a ganar- ya estaba instalado. Difícil dar marcha atrás para la industria del entretenimiento y la anestesia, si la industria del asesinato masivo sigue su curso normal. Así que hay que reírse (y escandalizarse, si uno es medio pelotudo) por si le dio o no la mano la maniquí de su esposa inmigrante.
Todo vuelve a la normalidad.
Parece un Clinton.


Como en el cuento del Pastorcito Mentiroso, avisar tantas veces que viene el lobo, anestesia la llegada del lobo. Sin III Guerra Mundial, se puede bombardear los objetivos estratégicos, que realmente le importan al complejo militar/petrolero que domina el eje anglosajón y, por tanto, el mundo.
Esopo, el verdadero autor de la fábula del Pastorcito, remataba:

"Siempre se debe decir la verdad, ya que si se miente siempre cuando se diga la verdad nadie te va a creer."

Ahora bien: si el lobo, finalmente, se comió todas las ovejas y al propio pastor mentiroso, ¿por qué es el pastor el protagonista y no el lobo? El pastor, miente. El lobo, hace lo que hacen los lobos: se comen las ovejas y a su cuidador. ¿Por qué, en suma, es la mentira la protagonista de la fábula, y no la verdad, que está encarnada en el lobo?
Esopo vivió en la Antigua Grecia.
Aún no existían los grandes monopolios de la prensa.