El federalismo político

Armando González Belíz-. Una mirada sobre el federalismo realmente existente.




En una comparación con el resto de los sistemas federales, Argentina tiene la mayor variación de sistemas electorales en cada una de las entidades federadas, que en nuestro caso son las provincias, a la que hay que agregar, desde la última reforma constitucional, el distrito autónomo que oficia de capital federal, ahora llamado Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El interesante artículo de Ezequiel Bauman sobre el unitarismo existente se enfoca sobre la economía y más específicamente sobre la cuestión impositiva y la Coparticipación Federal. Su planteo es realista. Pero en mi humilde opinión, para acabar de comprender el asunto, se requiere unas pinceladas sobre nuestro federalismo político.


Los primeros apuntes que hay que remarcar son que cada distrito federado, tiene de piso mínimo 5 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación repartidos por el sistema electoral d'Hondt y tres senadores, dos por la mayoría y uno por la minoría.
El sistema d'Hondt se aplica en sistemas parlamentarios, monarquías constitucionales y sistemas presidencialistas (como el argentino).
Aquí un ejemplo de cómo funciona el sistema d'Hondt en las elecciones españolas:




Los países que utilizan este sistema electoral son AlbaniaArgentina,8 Austria,9 Bélgica,9 BrasilBulgariaCamboyaCabo VerdeChile,10ColombiaRepública Dominicana,8 CroaciaRepública ChecaTimor del EsteEcuadorEspaña,11 9 EstoniaFinlandia,9 Guatemala,8 HungríaIslandia,9 IsraelJapónKosovoLuxemburgoMacedoniaMoldaviaMontenegroPaíses Bajos,9 Paraguay,8 Perú,8 PoloniaPortugal,9 RumaníaEscociaSerbiaEsloveniaTurquíaUruguay,8 Venezuela y Gales.

Este sistema electoral se utiliza solo para elegir diputados nacionales, pero para la inscripción de los partidos políticos y su financiamiento, varían las reglas en cada distrito federado, en cada provincia argentina.
En general, el sistema político nacional tiende al bipartidismo y esto es seguido en las provincias. Pero la democracia hace milagros y hay muchas provincias gobernadas por partidos provinciales o con escaños legislativos provinciales de partidos sin existencia en el orden nacional.
A esto hay que sumar la altísima volatilidad que tienen las leyes electorales en Argentina, tanto las que rigen las elecciones nacionales como las de cada provincia.


A esto agreguemos la aguda observación de la profesora de la facultad de Ciencias Sociales, Liliana De Riz en un paper sobre el federalismo argentino. Dice, sobre la elección de los diputados nacionales:
 La renovación parcial de los mandatos cada dos años,
amplifica el efecto mayoritario y arroja magnitudes que varían
entre dos y treinta y cinco bancas. La distribución institucional
del poder en la Cámara baja refleja las preferencias de las dos
últimas elecciones y esto conspira contra las terceras fuerzas que
tienen menores recursos para mantenerse en sus bancas. Sin la
reforma del sistema electoral, Argentina seguirá siendo un
cementerio para los nuevos partidos, tal como lo demuestran los
frustrados intentos realizados desde el regreso de la democracia
En el caso del Senado Nacional, la incorporación, tras la reforma constitucional de 1994 de la elección directa de los senadores minimizó el impacto de los distintos sistemas electorales subnacionales, dado que antes los representantes provinciales al senado nacional eran elegidos por las legislaturas locales (que tienen distintos sistemas de elección de legisladores provinciales, incluso, algunos son bicamerales y otros unicamerales, algunos votan por distrito único y otros no, etc).
La incorporación del tercer senador por la minoría a su vez le resta poder a las provincias en su negociación y tienden a consolidar el bipartidismo, aunque en los hechos, esta idea de Alfonsín, traducida en el Pacto de Olivos con Menem que permitió la reforma constitucional, no previó el hundimiento de la UCR justo cuando se realizó la primera elección directa de senadores: octubre del 2001.



Aún así, en el Senado, a la sobrerepresentación de provincias chicas se agrega la sobrerrepresentación de la UCR y la subrepresentación de partidos mayoritarios electoralmente, como el caso del PRO, que actualmente gobierna el país (y tiene pocos senadores propios, uno de ellos, el entrerriano De Angelli, electo en 2013 pero recién afiliado al PRO en 2017).




Nuestro sistema presidencialista y federal -combinación extraña pero eficaz en el país de donde fue copiado, los Estados Unidos de Norteamérica- tiene un problema que se origina en la propia Constitución, como bien señala el Dr Daniel Sabsay

La incorrecta aplicación de las disposiciones constitucionales ha sido el resultado,
en primer término, de una interpretación demasiado extensiva de ciertas
cláusulas. Entre ellas, la denominada “comercial” (art.75, inc.13) que le concede
al Congreso de la Nación competencia en materia de comercio interprovincial.
Esta atribución ha sido objeto de una interpretación de tal amplitud
que, prácticamente, no habría acto susceptible de superar las fronteras de una
provincia que no quede comprendido de manera exclusiva dentro de la competencia
federal. Las facultades implícitas y las concurrentes derivadas de los incisos
32 y 18 del mencionado artículo también han servido como una suerte de
“palancas”, útiles para la extensión de la esfera de atribuciones nacionales.

Un capítulo aparte merece el asunto de los recursos naturales. Pero eso daría para otro artículo.

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