Educacion y pobreza

Joakito-. La relación entre padres, trabajo, educación de los hijos y pobreza.




Según la CEPAL las escuelas públicas cubren alrededor de 90% de la población escolar en América Latina. Si se asume que la totalidad de los niños pobres asisten a establecimientos públicos, se infiere que más de la mitad de los estudiantes de escuelas públicas son pobres.
En tal sentido la educación pública y la pobreza están estrechamente asociadas. Amartya Sen,(economista indio, premio nobel de economía en 1998)  postula que el bienestar de las personas depende de su capacidad para desarrollar plenamente distintas actividades relacionadas con el quehacer humano. La educación, así como la salud, el estado nutricional, etc, permite a las personas desarrollar una vida plena, a la vez que amplía las alternativas de vida disponibles.
Esta conceptualización es la que toma intelectualmente la ONU para desarrollar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el cual refleja el nivel educacional, la esperanza de vida y el ingreso per cápita, considerados parámetros del grado de bienestar de diferentes sociedades.
Nuestro país ocupa el puesto número 40 en el índice de desarrollo humano de 2014. Según este mismo informe, América Latina y el Caribe tienen el índice más alto de desarrollo humano (IDH) de su propia historia, una medida compuesta de la longevidad, el nivel de vida y la educación. Sin embargo, el progreso se ha ralentizado en esta y otras regiones en los últimos cinco años en comparación con el periodo 2000-2008, y las vulnerabilidades persistentes amenazan con revertir dichos logros.
Por otra parte la educación constituye un aspecto básico de las políticas orientadas a reducir las desigualdades en la distribución de ingresos y superar la pobreza: la oferta y demanda de trabajadores con distintas calificaciones educacionales son determinantes en la distribución de ingresos. En términos generales, mientras más equitativamente estén distribuidas las oportunidades de educación, más igualitaria será la distribución de los ingresos. A su vez, la condición indispensable para superar la pobreza es el desarrollo de las capacidades productivas de quienes se encuentran en esa
situación.




La educación pública favorece la integración social al promover formas culturales comunes (la historia, la patria, el barrio) y al generar valores solidarios y humanistas. La misma convivencia escolar puede ser valiosa en este aspecto. Compartir experiencias con quienes provienen de distinta
clase, etnia, u otro factor distintivo, forma la base de aceptación y respeto mutuo entre las personas.
 Los estudios mundiales realizados sobre este tema coinciden en señalar que mientras más igualitariamente estén distribuidas las oportunidades de inversión en recursos humanos, mayor será el potencial de crecimiento de las economías. El vínculo entre igualdad y crecimiento radica en el capital humano; la amplia difusión de la educación entre las personas favorece tanto a la equidad como al crecimiento económico.
El impacto de la educación sobre los ingresos y la superación de la pobreza ocurre también a través de canales indirectos como son la salud, nutrición, fertilidad y otros. Esto es, la mayor educación estaría asociada a mejores hábitos de salud, higiene y demás conductas que repercuten sobre el
bienestar de las personas y, en particular, sobre la superación de la pobreza.



Volviendo al IDH, Argentina debería definir algunas opciones estratégicas para crecer, pensando en términos de qué tipo y forma de acumulación de capital humano se quiere tener, qué formas de innovación productiva, que cambio de su estructura se quisiera lograr y qué formas de inserción internacional está dispuesta a encarar.
Para hablar de pobreza hay que entender que se trata de una situación particular de determinado grupo social que carece de lo más elemental y necesario para acceder al sustento diario de sus vidas y por consiguiente no pueden satisfacer las necesidades básicas de cualquier familia. Pero como hemos escrito anteriormente, no se trata de visibilzar los factores económicos para hablar de pobreza.
Sin embargo, son muy pocos los indicadores que hablen sobre la relación existente entre la pobreza y la educación. Uno de estos indicadores fueron las llamadas prueba PISA que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de la Unión Europea. Estas pruebas  indicaron que los alumnos cuyos padres poseen un nivel de educación elevado y trabajos que los proveen de ingresos satisfactorios pueden ofrecer a sus hijos mejores medios de estudio (libros, computadoras, aprendizajes privados), un vocabulario más rico en el intercambio familiar cotidiano y más tiempo de atención y ayuda de los padres en las tareas escolares. En tanto, en los hogares pobres, donde los padres sólo han alcanzado un bajo nivel de estudios y, a menudo, se encuentran desempleados, los niños y adolescentes reciben un menor o insuficiente apoyo.
Uno de los puntos nodales es entender que hoy en día ingresar al sistema educativo, por más obligatorio que sea, no genera la expectativa de movilidad social que supuso hace 40 o 50 años atrás.
Entonces, lo que se puede establecer en cuanto a una relación simétrica entre pobreza y educación es que en el progreso en el estudio de las jóvenes generaciones estaría la clave que permitiría reducir en un futuro próximo los males económicos y sociales de las naciones que padecen hoy a causa de la pobreza, por lo tanto el desarrollo de los países de América latina crecería en la medida en que se afirmara la certidumbre formal del trabajo de los padres, lo que incidiría en mejoras en la atención de los rendimientos escolares de los hijos.




Podemos ampliar el número de beneficiarios de Asignación Universal por Hijo o la cobertura de becas educativas, pero esto no resuelve el problema. ya que tanto el oficialismo como la oposición hacen de la pobreza un campo para dirimir sus diferencias y no asumen una problemática en común para comenzar a transitar sus coincidencias. Por eso no hay políticas de Estado frente a este tema. Por eso es necesario también tomar al salario mínimo como eje para debatir sobre pobreza. A saber: en la definición de Salario Mínimo Vital y Móvil, está que debe alcanzar para que el trabajador pueda garantizar la “educación de sus hijos” (“salario mínimo vital es la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”, art. 116 Ley de Contrato de Trabajo).
Entonces a  la educación de los hijos la garantiza el salario del padre, y el posterior empleo del hijo está ligado al grado de educación que haya alcanzado.
Por eso, no sólo sin educación no se erradica la pobreza, sino que con pobreza, es decir, sin salarios dignos, no se accede a la educación en un grado satisfactorio que corte generacionalmente la pobreza. La relación entonces entre pobreza y educación es un relación recíproca. Sin embargo desde los espacios de poder se sigue midiendo la pobreza como si la pobreza se refiriera estrictamente a poder o no poder sobrevivir, ocultando el derecho a vivir dignamente, tanto en términos materiales como simbólicos o culturales.

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