Del obrerismo al obrismo

Lucas Carrasco-. El peronismo pierde su sujeto social y pasa del obrerismo al obrismo. Esto explica la crisis intelectual del país.



En los propios términos en los que el Frente Para la Victoria peleó las elecciones presidenciales de 2015, ganó finalmente Cambiemos: el obrismo.
El obrismo es mostrar obras públicas. Reales o imaginarias, se amontonan entre los goles del Fútbol privatizado en manos de testaferros de Cristina Kirhner o, como sucederá en breve, en manos de Clarín y algún otro competidor de escala internacional, para evitar que crezca por encima de una escala manejable, por eso el partido Clarín (una fábrica de hacer nuevos kirchneristas), ya está mostrando sus dientes al PRO por este cesarismo de la duda constante, para llamar de manera elegante al culto a la personalidad que Macri obliga a sus ministros, mientas está constantemente de vacaciones. Seguramente, reflexionando sobre la productividad laboral.

La falta de infraestructura crónica, las desigualdades regionales y el curro que implica la obra pública (privatizaciones de obras que puede el propio estado hacer y la flexibilización que significa la tercerización), han cubierto el vacío ideológico de los políticos naif y desatado esta atolondrada búsqueda de obras públicas sin una planificación, un objetivo social bien estudiado y un sentido estratégico.
El ansia por inaugurar cualquier boludez torna desopilante el desfile de corte de cintas -junto a las autoridades militares, eclesiásticas y público presente; es decir, todo el funcionariado que pasa una mañana al pedo para aplaudir al Presidente, Gobernador o Intendente: tontísimo el asunto, ¿no?).

El peronismo instaló esta noción de obrismo ya con Duhalde cuando fue gobernador bonaerense y el peronismo dejaba, en manos de Menem, de representar al obrerismo.
Esta suplencia de un sujeto social concreto por uno difuso y efímero, está en la base de la crisis de identidad que sufre el peronismo, mas allá de los puteríos de conventillo que se recalientan antes de los comicios. Y que son, naturalmente, atractivos para el periodismo. Como todo puterío menor y olvidable.
El peronismo, en este sentido, tras su remodelación que hizo el kirchnerismo (con sus pro y sus contras) padece la crisis ideológica de la socialdemocracia europea y el progresismo yanqui, aunque en los países desarrollados no hay alharaca porque se inaugure una rampla, dado que no padecen este déficit crónico de infraestructura de Argentina. Lo cual torna normal que un servidor público haga su tarea; parte de la cual comprende la realización de estas pequeñas obras públicas necesarias por el crecimiento económico, demográfico y cultural del lugar. Simple.



Mientras Argentina sigue sin avanzar con la salida al pacífico -donde se concentrará el grueso de la economía en las próximas décadas, con el centro en Asia- y potenciar sus hidrovías -la Hidrovía Paraná-Paraguay es el mejor ejemplo de esta monumental desidia- se suceden inauguraciones de obras públicas nimias que son parte del trabajo de un funcionario público, no es para tanto. Hasta quedan ridículos inaugurando plazoletas, bancos de plazas, casitas precarias presentadas como centro de salud y así. Con las autoridades militares, eclesiásticas y público presente...

¿Las mil escuelas que en buena hora inauguró el kirchnerismo (capaz que fueron menos, pero igual fue un número importante) mejoraron en algo la desigualdad educativa de la Argentina? Quizás, pero tibiamente, a juzgar por los resultados concretos. Y es ya en sí mismo un dato que ni siquiera se haya creado un instrumento de medición para saber ésto. Lo cual hubiera sido igualmente imposible dado que no existía, ni existe, un diagnóstico oficial sobre esta desigualdad estratégica, la educativa.



La carencia de un sujeto social es el problema que enfrenta la centroizquierda en el mundo. Y hoy, acá, ahora, la centroizquierda -con sus toques folklóricos nativos- es el peronismo. Esa carencia se suple con ideas idiotas, perimidas en el campo de la epistemología, de que son los medios de comunicación, una especie en extinción, los adversarios y a la vez, el centro del poder. Es una mirada que carece de sujeto social, sobreideologiza sobre una nube de acelgas y se encierra en un círculo vicioso del que no puede salir, dado que tamaño yerro semiótico condiciona la comprensión de la realidad. En esta mirada, que agiganta el poder de los medios de comunicación, se encuentra el germen de la posverdad, de la derechización de la centroizquierda y su impotencia estructural y de la falta de resultados sociales cuando la economía no tiene vientos (decantados por ósmosis, aparentemente) a favor.
Algunos intelectuales europeos -marginales, por suerte- quisieron encontrar una salida a la impotencia de la Tercera Vía y la crisis de los partidos socialistas; en los movimientos nacional populares de Latinoamérica, cuyos resultados concretos son deprimentes: Ecuador sigue con el dolar como moneda cotidiana de uso, Venezuela, además del desastre para la democracia sigue siendo un país petrolero de morondanga como cualquier dictadura árabe del rubro, Brasil es uno de los países más desiguales del mundo y Argentina tiene un 30% de pobres. Ni las economías más vulnerables de la Unión Europea, que son las que fueron parte del "socialismo real" del bloque soviético, tienen estos indicadores sociales tan desastrosos.

¿Dónde está, entonces, la solución?
Ni idea, Hay que buscarla. 
Lo que está claro es que el obrismo buscó parecerse demasiado a la centroderecha, tal como la socialdemocracia reconvertida en Tercera Vía, y los resultados están a la vista: una catástrofe electoral que barrió con el ala izquierda del peronismo a nivel nacional, donde solo quedaron sobreviviendo el ala conservadora de gobernadores del norte y dos excepciones lamentables: Alicia Kirchner, la reina del ajuste, y Gustavo Bordet, que tardó tres minutos en mimetizarse con el macrismo.
Ese proceso fue el que llevó a la bancarrota a la socialdemocracia europea y al progresismo yanqui y ahí se encuentran las razones -parte de las razones, al menos- para entender a Temer, Le Pen, Trump y Macri.
De manera que puede que la suerte electoral de lo que fue el kirchnerismo lo desplace del escenario, pero su ideario puede terminar teniendo fuerza dado el desconcierto del ala conservadora del peronismo, que no sabe para dónde ir.
Pase lo que pase, en la medida en que no se aborde la complejidad de la política sin sujeto social, el país seguirá hacia la degradación, con sus vaivenes de acuerdo al precio de los commodities.
El default es cultural. Excede al peronismo y no hay, por ahora, un horizonte de salida.



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