Calveyra, el entrerriano que brilló en Paris


Santiago Zorrilla.-Compañero de Cortázar y Pizarnik, Calveyra es fundamental en el paisaje literario entrerriano.

Nació en Mansilla, Entre Ríos, para irse en la década del 60 a vivir a París, ciudad donde residió hasta su muerte,
En su primer libro, "Cartas para que la alegría", publicado en 1959, con 30 años, escribe unos versos memorables:

"En el ferry fue tan lindo mirar el agua. / ¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara."
"'¡No quiero ser poeta!; dicen que grité. Repito la frase por miedo a que vuelva. La pongo cuidadosamente encima del papel, el quiero al lado del no. ¡Cuánto abismo...! Y ser, la palabra ser: casi un sustantivo, por poco un paisaje. Y no. No estaba en mi naturaleza ser poeta; contra una opinión difundida, nadie nace poeta, son los otros los que cierran el puño alrededor de algo que resulta ser el canto de uno, que todo lo ignoraba del tema. No, yo no creía en el destino: en un mundo construido de golpe, el destino nos habla como desde muy lejos..."



Calveyra, que había estudiado en Concepción del Uruguay y en La Plata se muda a Francia al obtener una beca en 1960 para escribir una tesis sobre los trovadores provenzales. En Francia se cruza y trabaja con escritores de gran renombre como Julio Cortázar, Laure Bataillon y Alejandra Pizarnik, por nombrar solo algunos.
Cuando irrumpe en la escena literaria con "Cartas para que la alegría", es reconocido inmediatamente por el mundo intelectual y de las artes, particularmente por el grupo de la Revista Sur que dirigía Victoria Ocampo y desde esa revista era alabado por otro gran escritor entrerriano como lo fue Mastronardi.
Calveyra desarrolló su prolífica tarea como poeta y también como dramaturgo en París, al punto tal de ser reconocido por el gobierno francés que le otorga el prestigioso premio de "Ordre des Arts et des Lettres" en el año 1986 (Orden de las artes y las letras) Officier des Arts et des Lettres (1992); Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres (1999).
Si bien, este poeta escribía en castellano su obra fue publicada en francés y se mantuvo desconocido por mucho tiempo en nuestro país hasta que varios trabajos editoriales lo reconocieron, traduciendo y publicando sus obras.
Quiso ser novelista pero inmediatamente después de haberla escrito y editada mando a guillotinar todos los ejemplares, cuando esta novela había sido su primer libro escrito.



“Recuerdo lo que siempre discutía con Mastronardi: con la poesía no hay idea de progreso. Pienso que esa idea de progreso me demoró mucho. De la poesía uno sólo saca poesía. La idea de progreso no cabe. Esa fue mi formación” dijo en una entrevista realizada en 1980.

Por nuestros pagos, quien se tomó muy en serio su trabajo, fue la profesora Claudia Rosa, que llevó adelante el trabajo de recopilación de su obra dramática, publicada por la editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Eduner), (Arnaldo Calveyra. Teatro reunido,2012). Claudia Rosa, el día de la presentación de esta obra, donde se escuchó la voz de Calveyra desde Francia, se preguntaba

"¿Por qué hay que publicar el teatro de Calveyra? Arnaldo irrumpe en la literatura argentina porque nos hace vivir la poesía de un modo inusitado. Un texto de Calveyra se lee en ‘estado Calveyra’, en un estado específico de la voz, del tono. Provoca una fina ironía, recordando que entre la palabra y el mundo hay un estado de situación que sólo lo logra el signo”.




En su faceta como dramaturgo se supo nutrir de sus amistades, entre ellas, su amistad con Peter Brook, prestigioso dramaturgo inglés, a quien Calveyra lo visitaba asiduamente.
Estando en Francia nunca dejó de ser entrerriano, y su prosa (casi nunca escribía en versos, al igual que Baudelaire) llevaba dentro la memoria provincial, no por la descripción de paisajes o de los ríos, sino por el ritmo de escritura -y también de lectura-  demasiado fluvial.
"El hombre del Luxemburgo", "La cama de Aurelia", "Si la Argentina fuera una novela", "Diario del fumigador de guardia", "El libro del espejo", "El origen de la luz", "Maizal del gregoriano" y "Diario de Eleusis" se suman a la nombrada "Cartas para que la alegría", que fueron recopiladas todas por Adriana Hidalgo en el año 2008.









“Lo que más espero de un poema: una cosa por vez y sobre todo nada de abstracciones. Para las abstracciones está la filosofía. Cuando un poeta busca nociones en lugar de cosas es porque es un filósofo frustrado” sostenía en una de sus últimas declaraciones.