Anacleto Medina, el caudillo aborigen

Santiago Zorrilla.- Uno de los pocos caudillos de origen aborigen de Entre Ríos



Anacleto Medina era hijo de un aborigen santiagueño y de una mujer de origen charrúa que fallece en el parto, por lo que es inscrito como criollo en la  iglesia de Nuestra Señora de los Remedios de la Banda Oriental.
Si bien fue criado en Uruguay, en 1810 se asienta en nuestra provincia donde cumple un papel fundamental en la lucha por la independencia contra los realistas españoles que ocupaban Entre Ríos. Liberados de los españoles se suma al ejército de Artigas y el propio Artigas lo nombra como mentor militar de Francisco Ramírez (sargento instructor).
Si bien Anacleto era el segundo al mando de las tropas de Ramírez cuando avanza sobre Buenos Aires o cuando vencen a Artigas en el arroyo Las Tunas, hay que decir que Anacleto Medina era un estratega militar formado íntegramente con Artigas y de su mas absoluta confianza.
Era un soldado de ley y con coraje, tal vez por eso, Francisco Ramírez lo retuvo a su lado, a quien Anacleto se había aliado luego de lo que él consideraba una mala estrategia de Artigas, en lo que fue la invasión luso brasilera a Uruguay.



Su estrecha relación con Ramírez queda plasmada poéticamente en lo que fue rescate de la Delfina cuando Ramírez es atrapado por fuerzas enemigas.
Este rescate de la Delfina, lo documenta el propio Anacleto aunque Martiniano Leguizamón lo saca de la escena a Anacleto y coloca como salvador y transportador de la Delfina, al General Galarza. Recién en el la década del 70 va a ser la historiadora Beatriz Bosch, quien reconocerá  la autenticidad de los apuntes de Anacleto Medina que Leguizamón daba como falsos.



Derrotado Ramírez se une a las órdenes de López Jordán Padre (medio hermano de Ramirez).
Cuando López Jordán se enfrenta al gobernado Mansilla pelea junto a él y se subleva  en 1822, derrotado es  tomado prisionero y condenado a muerte.
Sin embargo, Lucio Mansilla valoraba las cualidades de este “aborigen misionero” y le perdona la vida. Como retribución, Anacleto Medina se puso al servicio de Mansilla, quien lo nombró teniente coronel y lo puso al mando del escuadrón Escolta del Gobierno. Sus posteriores éxitos militares le permitieron ascender a coronel en 1826.
Incluso Anacleto Medina se había  negado a apoyar a Estanislao López (quien había traicionado a Ramírez) contra Mansilla, es el propio Mansilla el que lo  ascendió a teniente coronel y se lo lleva consigo a Buenos Aires al finalizar su mandato.

Combatió junto a Urquiza en la Batalla de Caseros y luego de la unificación del país regresa a su Uruguay natal.
Uruguay se encontraba dividido entre colorados y blancos,
Anacleto decide sumarse a las tropas del general guerrillero Timoteo Aparicio, que hizo una revolución blanca. Cuando es derrotado en la Batalla de Las Piedras, se refugia junto a Aparicio en el Brasil, y es allí donde dicta a su secretario sus memorias, sobre todo respecto de la muerte de Ramírez y el rescate de la Delfina, que como dijimos estas memorias fueron puestas en duda durante mucho tiempo por cuestiones más políticas que historiográficas.


Va a regresar junto a Aparicio a combatir en Uruguay pero es derrotado.
Estaba ya muy anciano y casi ciego, por lo que confundió una partida enemiga con fuerzas propias. Cayó prisionero y fue cruelmente ejecutado, en julio de 1871.

“Murió con él un viejo batallador, una figura legendaria que hizo culto del coraje en los combates” 

supo escribir el historiador Anibal Sanchez

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