Punteros y clientelismo

Joakito-.Los estigmas sobre los punteros. Las medias verdades sobre el clientelismo. Un abordaje para reflexionar sin tantos prejuicios.


Hay palabras utilizadas en la política y en el sentido común también, que no importa el origen ni la rigurosidad en el análisis de esa palabra, sino que ésta es entendida de por sí como algo malo.
El término clientelismo se piensa como “eso que hacen los punteros” y en los propios barrios referirse a alguien como “puntero” muchas veces parece una acusación.
El término “clientelismo” encaja en esa concepción facilitando los discursos políticamente correctos. La carga negativa es a priori, lo que dificulta cualquier acercamiento serio al fenómeno para ver su desenvolvimiento, alcance y verdadero poder.
Seguir pensando que la política clientelar se da en términos de órdenes (“te doy esto y vos hacés lo otro”) es mirar la superficie, ya que lo que establecen las redes clientelares es una cierta circulación.

Si empezamos a desmenuzar la palabra clientelismo nos encontramos con una definición que nos dice que las personas y grupos obtienen del gobierno tratamientos excepcionales, como favores, concesiones, privilegios y exenciones que les representan un provecho propio. Pero que esas personas, a menudo descriptas como "víctimas del clientelismo", tienen una relación asimétrica de poder con el dirigente político que le otorga los favores del Estado. A diferencia, por ejemplo, de los ingresos extras a empresas por la prohibición de exportaciones tales o cuales, que describe un arreglo de intercambios: «si me das eso, te doy esto», en una transacción en la que ambos ganan apoyándose mutuamente. En teoría, por lo menos, esto es así.
La otra condición es que el clientelismo está fuera de todo protocolo oficial, de todo formalismo y se base en acuerdos verbales. Reglas no escritas y a menudo para el sentido común, reglas de cierto y sometimiento solapado.
Este "clientelismo" tiene, entonces, sus "víctimas" y del otro lado, los ejecutores, los victimarios, que son los "punteros".

Javier Auyero, sociólogo, autor del libro "La politica de los pobres" y uno de los autores que mas sabe sobre el tema, sostiene sobre el "clientelismo" y su concepción que hoy es utilizado como sinónimo de corrupción, de político que vende drogas, de policía que chorea; y que todo es clientelismo, y cuando un término empieza a servir para todo, en realidad, no sirve para nada, sobre todo para la ciencia política. Sostiene Auyero que "el sistema clientelar, por definición, es selectivo, particular, no es universal. Si fuese universal, si todos entraran, y todos pudieran recibir sus beneficios, no sería un sistema clientelar. El sistema clientelar funciona, justamente, sobre la base de que no hay para todos, hay para los pocos que pueden vincularse con el puntero".
Es preciso indicar que muchas veces los políticos  y­ funcionarios estatales­ tienen formas variadas de
construir ­su ­base ­de ­apoyo ­político: ­focalizando ­o ­prometiendo focalizar­ los ­recursos gubernamentales ­hacia ­los ­seguidores ­políticos ­(política ­de ­patronazgo),­o­ distribuyendo ­bienes colectivos ­a ­amplios ­sectores del ­electorado ­(política ­programática),­o bien, ­una ­combinación de ­los dos.
Bajo esta concepción, nos encontramos que hoy en día la mayoría de las relaciones sociales establecidas institucionalmente son clientelares, ya sea la del concejal con su electorado, la del cura con sus feligreses o la del hincha con la barra de su club.


¿Es necesario que siga existiendo el clientelismo?
Si, responde Javier Auyero, "porque sin él, el sistema político argentino directamente no podría sobrevivir debido a las características propias del clientelismo que se legitima a partir de­ dos­ tipos­ de­ prácticas­: por­ un­ lado,­ la­ búsqueda­ de votos ­y/o ­de ­participantes ­para­ la ­máquina­ política ­mediante ­la ­distribución ­personalizada ­de ­recursos; y ­por ­el ­otro,­la ­resolución de­ problemas ­de sobrevivencia ­mediante ­el ­establecimiento ­de ­relaciones ­duraderas ­con ­mediadores ­políticos ­por ­medio ­de ­la ­oferta ­de ­votos,­ asistencia a ­actos,­participación­ en ­la ­máquina ­o ­en ­su ­fuerza ­de ­choque y ­en ­dos esferas vinculadas­ pero ­diferenciadas ­(el­ campo ­político y ­la ­vida­ cotidiana ­de ­los sectores­ populares)".
Acá es donde podemos emplear otra palabra clásica del mundillo de la política y que también es utilizada para denostar a la política o mas bien contribuir a eso que se conoce como la "apolítica" que es el concepto de "puntero" ya que estos también son parte de la escena cotidiana que se ve dentro del sistema político: los intercambios que refieren al clientelismo no son solo materiales, sino que además -en una relación clientelar- se intercambian valores, ideas y formas de interpretar el mundo: en este caso la mediación y esa forma de ver el mundo se da con los punteros.
"A su vez, es importante y muchas veces necesaria la presencia del clientelismo y los punteros como mediadores ya que por este sistema se pueden canalizar recursos desde las elites hacia los líderes y mediadores locales, fortalececiendo los intereses de éstos y los de sus comunidades. Pero a su vez, el clientelismo y los punteros obstaculizan la puesta en práctica de políticas sociales de carácter universal, desalentando la participación social y política,  atomizandola,  quitando le autonomía y por lo tanto favoreciendo al establishment".

También es cierto que hay pocas políticas de carácter universal, mas allá de la salud y de la educación. Es cierto que los hospitales funcionan pero muchas veces no tienen ni siquiera hilo para cocer a los chicos, y hacia dentro de estas instituciones también actúan al dedillo las políticas clientelares; muchas veces para no caer en el ostracismo de la cama de un hospital por meses, se recurre a amigos de la política para poder conseguir una prótesis, por ejemplo.
Las escuelas públicas por su parte se han convertido en una especie de depósito de pobres, dejando de ser desde hace un tiempo el mecanismo de integración  y de ascenso social que otrora fue.
Las relaciones clientelares en la política en los últimos años han llevado a que los ciudadanos de a pie piensen que ésta es algo totalmente ajeno a ellos y se sienten como un objeto que puede ser utilizado, como diría Javier Auyero "la relación de los ciudadanos con el Estado, ya no es de sujetos sino de "pacientes": pacientes en el sentido de pasión y de padecer, ya que se sienten involucrados  en una red que no pueden controlar, en la que a veces, muchas veces, aparece un puntero y acelera un trámite. Y esta relación nodal es una relación de espera".
Ahora bien, la suposición de que gracias al clientelismo y los punteros se pueden ganar elecciones es, para todos los especialistas, una visión exagerada. Aunque a menudo -por propia conveniencia- los punteros repitan esta visión caricaturizada, que les otorga un poder que en el conjunto del sistema político, no tienen. Y una influencia de tal magnitud que en sistema electoral, tampoco tienen.
Auyero sostiene que el clientelismo en sí no gana elecciones, sino que lo que resuelve "es un problema organizacional para un partido político moderno: ¿Qué hago entre las elecciones? Resuelvo problemas, distribuyo recursos, ayudo a hacer trámites".


Otro error común en la percepción del clientelismo es que se trata de un fenómeno exclusivamente peronista. No es así. Además de que es una práctica bastante extendida -con sus modalidades locales- en los países subdesarrollados del mundo.
El propio Auyero sostiene a su vez que el clientelismo no es una práctica exclusivamente peronista sino una manera consolidada de hacer política hacia el interior de los partidos, incluyendo varios partidos provinciales ya que no existe una afinidad electiva, “ideológica”, entre clientelismo y peronismo.
El tema es que la maquinaria peronista tiene acceso privilegiado a los recursos del Estado, sin los cuales es muy difícil hacerlo, y que se trata del partido con mayor penetración territorial.
El peronismo tal vez sea quien mas aceitado tiene este mecanismo de relaciones sobre todo en su relación con los sectores mas vulnerables. Se puede afirmar que "hay una manera peronista de ayudar a los pobres", es aquí donde aparecen las unidades básicas como soportes institucionales del clientelismo político. Y esta manera de ayudar a los pobres se sustenta en una cierta memoria histórica, entonces, al margen de mayor o menor gratitud hacia el mediador (puntero) de la aprobación o no de las prácticas partidarias o de los actos de gobierno, existe una creencia legitimada en la red de solución de problemas.
Al respecto desde Noticias Entre Ríos dialogamos sobre el tema con Guillermo Berón, dirigente peronista de Bajada Grande de la Corriente Renacer Peronista quien opina que clientelismo es un termino referido al comercio, a mercaderes, al cambio de algo por algo y que puntero es un desprendimiento de ese clientelismo. Desde su perspectiva, él se considera un "humilde militante peronista y cree sentirse lejos de comerciar con la doctrina",  la doctrina, dice que la consideran  "como una forma de vida,  y no de vivir de la doctrina".
Beron agrega que "lamentablemente (clientelismo y punteros) son dos conceptos que están desvirtuando la política, la lucha sigue de no contaminar la acción, siempre y cuando siga la militancia acorde a la doctrina". Sostiene que "todavía hay muchos.que escuchamos los discursos del general y de Evita y nos seguimos emocionando".

Cuando hablamos de clientelismo y de punteros no estamos hablando de un sistema de manipulación de sujetos inocentes, por el contrario,la pertenencia a un sistema de relaciones sociales estructura cierta visión sobre la realidad, donde interactúan mediadores (punteros) y "clientes" en un contexto de exclusión social.
Auyero sostiene que nadie se define como cliente, si no, "como alguien que está tratando de resolver sus problemas en la vida cotidiana. En este caso, relacionándose con una maquinaria política, estableciendo relaciones políticas a cambio de poder resolver situaciones de supervivencia".
De todas maneras no todo es un bajón en el sistema clientelar de la política, ya que enseña cosas necesarias para la supervivencia: Quien participa de maquinarias clientelares sabe que recibe algo a cambio por esa participación, y también sabe que si no va al acto, si no se vincula, si no le pone buena cara al puntero no va a tener eso que necesita. Ser cliente, en ese sentido, da lecciones que son, a la vez, lecciones políticas y lecciones de supervivencia.
Queda todavía por resolver los aspectos negativos del sistema clientelar que se dan cuando a cambio de resolver determinados problemas, los sujetos tienen que decidir si asistir o no asistir al acto y es cuando el puntero dice "vos sabras que es lo que pasa si no vas", y esto se perpetúa en el tiempo cuando los gobernantes y los punteros monopolizan la capacidad de resolver los problemas, porque reduce la capacidad de elegir de los sujetos por fuera de las relaciones clientelares.
Pero resolver esta problemática se vincula con una mayor equidad social, instituciones más sólidas y servicios públicos -como educación, seguridad, salud- de calidad.
Ninguna de estas cosas las resuelve un militante barrial.