El laberinto y la ventana

Ramiro Pereira-. El laberinto y la ventana

La otra cara de Enrique Pereira




Lucas Carrasco-. Conocido como dirigente radical y defensor a ultranza de Alfonsín, Enrique Pereira siempre se destacó por su erudición que, muy pocos sabían aunque a él no parecía importarle, forjó como autodidacta. Su catarata de conceptos políticos - él creía, básicamente, en la socialdemocracia-fueron volcados en numerosos artículos de su autoría, mayormente conocidos por el público al que siempre quiso dirigirse: los militantes y dirigentes radicales.
A dos cuadras de su casa en calle Santa Fe, tenía un estudio donde, al entrar, era imposible no asombrarse. Por fuera parecía una casa abandonada. Por dentro, en una habitación inmensa, todas las paredes estaban hasta el techo de estanterías con libros. De los más variados autores.
En sus últimos años, se dedicó a recopilar y sistematizar la historia de la UCR entrerriana, a través de nombres y dirigentes que, sin ese trabajo de hormiga, hubieran quedado en el olvido.
Ese proyecto fue el último de su vida, antes de morir, a los 71 años.

La municipalidad de Paraná, ahora que tiene una editorial propia y está dirigida por radicales, debería publicar ese material tan valioso y necesario para los historiadores de hoy y del mañana. 

Al morir, fue velado en la sede central del radicalismo en Paraná. Fue la primera vez que el entonces diputado -según me contó- José Cáceres, entraba en ese edificio. Lo hizo en calidad de vicepresidente del Partido Justicialista, en plena etapa de lo que ahora se llama la grieta. Cuando el conflicto con el campo partió al medio a la dirigencia política.
La Cámara de diputados, presidida por Busti y con amplia mayoría de peronistas, le realizó un homenaje.
Pocos dirigentes radicales han logrado semejante grado de reconocimiento. Más si se tiene en cuenta que Enrique Pereira no fue -y, según tengo entendido, nunca quiso- ser candidato a lugares preponderantes en las listas.



Desde la adolescencia, soy amigo de uno de sus dos hijos, el abogado Ramiro Pereira,Ya cuando ambos teníamos 15 años, discutíamos apasionadamente cuestiones políticas. Aún lo hacemos: hemos mantenido una amistad de décadas sin pensar nunca, pero nunca eh, igual. Y eso que la Argentina es un país que se esmera por cambiar las coyunturas de manera drástica, rápida y persistente.
Muchas veces, Enrique Pereira, porque estábamos en su casa, escuchaba y hacía algún comentario. Pero siempre respetuoso de mi posición contraria.
Años después, yo fui un fugaz militante del Partido Comunista. Cuando lo cruzaba en la calle, hablábamos de eso. Su conocimiento del marxismo era apabullante. Y raro, viniendo de un socialdemócrata.
La mención a esas conversaciones de calle viene a cuento por lo siguiente: Enrique Pereira se paraba a conversar y debatir con quien se le cruzara. En aquel momento, yo me preguntaba cuánto tardaría en llegar, desde el Comité Provincial de la UCR, hasta su oficina o su casa, que quedaban a cuatro o cinco cuadras. Probablemente, una eternidad.

Pero Enrique Pereira tenía, también, otra afición: la poesía.
Esa cara oculta la descubrí hace unos días, cuando Ramiro me recitó, de memoria, el poema que se publica por primera vez a continuación. Fue escrito en los años 60. Permaneció inédito hasta hoy.
Pasaron más de medio siglo. Es decir, fue escrito de joven por Enrique Pereira, que falleció en el 2009.
Aún en el medio siglo que transcurrió, el poema aún tiene vigencia en su planteo político de fondo.

De indudable aroma a los clásicos de la literatura, especialmente la castellana, el poema es, además del valor en sí mismo dentro del campo literario, un síntesis de Enrique Pereira: ahí está la erudición, la capacidad de analizar procesos históricos, la rima consonante, la sátira como género, la métrica clásica, pero también el humor, la picardía y ese arte de polemista elegante, que no se dejaba tentar por los tabúes de la época.





NUESTRO HOMENAJE A LA REVOLUCIÓN FRANCESA *



Había una espantosa monarquía

gobernando con nobleza rancia

un país llamado dulce Francia

por los finos poetas y mi tía





Los monarcas llamábanse Borbón

por ser ese precisamente su apellido

ya que el general Oscar Gestido

es en Uruguay Senador de la Nación.



Los pobres que eran muchos y mortales

vivían muertos de hambre y sin cultura

por eso las mujeres y los curas

convocar querían los Estados Generales.



Los hombres groseros sin respeto

al rey llevaron a prisión

Gardel dijo “ya no soy Borbón”

“ahora te llamás Don Luis Capeto”.



En eso un barón de la marina

mozo capaz, de rara perspicacia

usó su sexo con clara pertinacia

y procedió a inventar la guillotina.



Napoleón saltaba derredor

pisoteando adornos de carey

y diciendo “Ahora que no hay rey

tengo ganas de hacerme emperador”



Logró el hombre el ascenso tan preciado

y lanzóse a la conquista de la Europa

para lo cual necesitaba mucha tropa

o sea, pilonera de soldados.



Al viento flameaba la melena

hasta que marchó para la Rusia

donde la cosa se le puso sucia

y fue a parar a Santa Elena.



Moraleja:

Si te metés a libertador

en contra de gobiernos atorrantes

no es actitud muy elegante

el luego proclamarte emperador.



* Escrito en la década el ’60, bajo el seudónimo Antonio Jenofonte y Obes, por Enrique Pereira (28/09/1938-14/05/2009)