Las importaciones llegan a los mercados populares




Juan Francisco Coniglio

Como joven entrerriano y militante político, estudiante de Ciencias Políticas, quiero contar una experiencia que seguramente le habrá sucedido a muchos otros argentinos en estos últimos meses. Y principalmente quiero compartir esta situación de la vida cotidiana porque me hizo lamentar la falta de inteligencia y de ideal de protección a las economías regionales por parte del gobierno actual.
Soy de la capital de Entre Ríos, una provincia reconocida nacional e internacionalmente por la producción de cítricos.
El día de ayer me encontraba haciendo las compras habituales en la feria de la ciudad, conocida como la Feria de Salta y Nogoyá, un lugar frecuentado por todos los paranaenses en donde se comparte la cultura del trabajo.
Me acerco al sector donde se encuentran ubicadas las verdulerías, con el objetivo de comprar lo que me estaba haciendo falta. En ese interín, me pongo a conversar con el verdulero mientras le pido una variedad de alimentos, entre ellos unas naranjas. Es entonces que el verdulero me ofrece las únicas que tiene disponibles, a un precio altamente superior al que yo recuerdo haber pagado en oportunidades anteriores. Ya que estaba ahí, y llevado por la curiosidad, de todas formas las compré. Cuando llego a mi casa, noto que las naranjas tenían una extraña etiqueta que identificaba la producción; me puse a investigar, dado que no me sonaba que sean de la zona y me llevé la sorpresa de que esas naranjas provienen de España. En un caso similar, recuerdo haber visto, hace no mucho tiempo, arándano uruguayo en góndolas de Paraná.
Lo llamativo y preocupante de esto es que se está importando un producto que se produce en nuestra provincia y da trabajo a muchas familias de la región. El otro aspecto grave es que están vendiendo un mismo producto a un precio altamente superior. Según un informe de la Federación del Citrus de Entre Ríos (Fecier), el kilo de naranjas importadas cuesta en el Mercado Central $20, mientras las entrerrianas valen entre $4 y $5.
Éste es un caso puntual y sirve para reflejar cómo la apertura indiscriminada de importaciones está perjudicando seriamente a muchas economías regionales. El gobierno nacional debería privilegiar la producción local, darle soluciones e incentivos, otorgándole acceso a créditos blandos para poder mejorar su tecnología y hacer más eficiente las producciones, pero evidentemente prefieren tomar el camino más corto de importar y perjudicar al productor local y al bolsillo de los argentinos con altos costos.
Como expresó el diputado Zavallo cuando presentó un proyecto alertando sobre esta situación: “Históricamente, la importación de productos llevada adelante por sectores importadores o grandes cadenas comerciales, no ha generado los efectos deseados en la baja del precio al consumidor; por el contrario, genera un negocio puntual para el sector importador, mayorista o cadenas de venta, con el agravante de traer aparejado un daño comercial severo a la producción primaria e industrial de nuestro país”.
Lo mismo que sucede con algunos sectores de la citricultura, pasa con la producción porcina y avícola, los lácteos, las manzanas y otros productos que sustentan economías regionales.
Para concluir, quiero dejar de manifiesto que, en pleno siglo XXI y en el marco de una economía capitalista, sería utópico estar totalmente en contra de las importaciones. Considero que las mismas son buenas y necesarias en la medida que llenen un vacío de ciertos productos que no se producen en el país.