La prensa militante

Lucas Carrasco-. La prensa militante, tanto la K como la PRO, se da por vencida y no encuentra nada positivo en sus filas. Así que se dedica a encontrar El Mal en el adversario.



Los constantes ataques al enemigo le sirven a su vez, a esta prensa militante, para vivir su pequeño microclima con satisfacción: no solo porque encuentran una polarización que no hallan en la sociedad, sino porque el adversario los dibuja como quisieran dibujarse.
¿Qué más lindo para un periodista militante K que ser tomado por un peronista guevarista que sueña con una revolución social y la unidad sudamericana? ¿Qué más lindo para un periodista militante PRO que ser pintado como un individualista salvaje que cree en el libre mercado y la competencia?
¿Qué le importa a, por ejemplo, Jorge Brito, que estos dos boludos jueguen el narcisismo de las pequeñas diferencias si total con cualquier escenario, el Banco Macro es el que más gana?
Para Freud el "narcisismo de las pequeñas diferencias" se daba entre etnias próximas. Cuanto más se parecen, más se odian. Y es en ese odio donde se construye la propia identidad.
Como es una identidad hueca, sin en sí ni para sí, es que Freud la llama "narcisisimo" y no identidad.

Al darse por vencidos, al apostar solo al fracaso del adversario elegido, esta prensa militante da por vencida y rendida al modelo de sociedad que ambos comparten, el de un tercio de los argentinos bajo la línea de pobreza.
De vez en cuando, si el tercio sube un punto o baja un punto, una de las dos hinchadas lo verá como un triunfo porque será una derrota ajena.
Cualquier discusión seria sobre cómo dejar de tener un tercio de los argentinos pobres está prohibida en el paraíso artificial de la prensa militante.
Y es que, en el fondo, el perfil de la economía argentina depende mucho más de lo que internamente se supone de las variables internacionales. De un juego donde no está invitado a jugar nuestro país.
En la antesala de la incesante profundización de esta extranjerización, tenía sentido que la industria de la política debata con pasión una idea algo estúpida pero atractiva que sostiene que nuestro país está dividido en dos por cuestiones ideológicas tan profundas que arrancan con la historia misma.
Así, trazar una "línea" Mayo-Caseros- Fusiladora (por los hechos del 25 de mayo de 1810, la batalla de Monte Caseros de 1852 y el Golpe de Estado contra Perón, autodenominado Revolución Libertadora) es un placer que Mariano Grondona les creó a los quieren mirarse luchando en la "línea" Rozas- Yrigoyen-Perón que Manuel Gálvez creó en uno de sus tantos desvaríos y que por cierto, no le interesaba ni a Yrigoyen -cuya sola comparación con su pariente lejano, Juan Manuel de Rozas, lo enojaba- ni a Perón, quien prefería verse al lado de San Martín, Julio Argentino Roca y Bartolomé Mitre. Al lado, no. Por encima.
Por supuesto, la mayoría de la prensa militante no alcanza este grado de sofisticación y se dedica a tiempo completo a narrar las peripecias de la familia de Lázaro Báez o si algún funcionario macrista tuitea algo que no es aceptable para la Policía Cultural del Progresismo.
El grado de mayor sofisticación exige cierto esfuerzo intelectual y creerse un poco el propio discurso, porque hay que, a su vez, crearlo, para que encaje en las luchas políticas que actualmente les convengan a cada facción. Por eso, estas personas son más caras y menos dóciles que los escribas de la vida de los Báez o los amantes de la Policía Cultural Progresista.
En cualquier caso, tener de espaldas a la sociedad es una condición indispensable, entre otras cosas, para no volverse loco.

El imparable aumento del financiamiento de la industria de la política lleva a que esta prensa militante sea funcional a este aumento y ambas variables se realimenten.
Si tal o cual "espacio" -se entiende por "espacio" a los familiares de un político- quiere disputar, por ejemplo, la intendencia de Paraná, necesita 100 millones de pesos para la interna y la general.
En el caso de la provincia de Buenos Aires, hay quienes calculan un piso de mil millones de pesos.
Como no hay empresarios privados que puedan poner semejante plata sin el aval del gobierno (del cual, ese empresario, depende: los financistas de la política, en el plano empresario, son los prebendarios, eso moldea también luego el tipo de modelo económico existente) termina siendo la SIDE la que pone ese dinero, parte en efectivo y parte cubriendo los costos, por ejemplo, financiando esta prensa militante.
La SIDE es la única entidad estatal que puede manejar una caja en negro, designar los invitados a la mayoría de los programas de cable, pagar encuestas, otorgar información valiosa obtenida ilegalmente al periodismo o al político que se busca hacer crecer y armar causas judiciales que, aunque luego nunca lleguen a nada, destruyen el adversario elegido o lo levantan, lo erigen en víctima y eso, como cualquier político habilidoso sabe, siempre es campaña electoral "gratis".
La SIDE puede hacer esto en una sola mañana y sin que se les mueva un pelo a los encargados de ejecutar estas estrategias. Que, por cierto, son el mismo staff al servicio de quien gobierne, que es lo único que cambia. Por lo demás, pueden asesinar a un fiscal y al otro día investigar el asesinato de ese fiscal, para culpar a quien quieran.
Cuanto más se encarezca el costo de pertenecer a las élites políticas, más injerencia tiene la otra parte de la política, la que opera detrás de bambalinas. Y más se garantiza que la economía termine siendo, gane quien gane, un capitalismo de amigos de la SIDE- que además, pueden hundir una entidad bancaria si tienen ganas- y una clase política convertida, con todas las letras de la definición sociológica de clase, en clase. El sueño de los intelectuales amantes de la oligarquía.


¿Se le opone a éste sistema cerrado, mafioso, de espaldas a la sociedad; se le opone la militancia, la movilización, la actividad de las organizaciones sin fines de lucro?
Sí, en parte.
Depositar demasiadas ilusiones en este aspecto no es conveniente. Porque la economía está demasiado extranjerizada, y el sistema político corporativo tiene demasiados tentáculos y tentaciones en la sociedad civil.
Hay que recordar que la salud pública, por poner un ejemplo, depende en buena medida de los capos de la CGT, hijos intelectuales de Onganía -que creó este modelo sindical- y que al carecer de instituciones sólidas, Argentina convive con una policía corrupta, el crimen organizado y un estado catolizado que operan entre la gente común marcándole límites muy estrechos de libertad concreta y real.
En última instancia, el sistema político corporativo, ante revueltas o rebeliones contra la miseria y falta de libertad de la gente, opera de manera rápida y astuta, tirando por la ventana a un intendente.
Los encargados del barrido, limpieza y ordenamiento del tránsito urbano pasan así a ser los responsables de los recitales, los secuestros, la falta de atención médica, la pobreza, la política monetaria, el déficit fiscal, el oligopolio en los medicamentos y el narcotráfico internacional. Parece un chiste. Pero basta encender el televisor para darse cuenta de que esto es sencillamente así. Es la manera en que el sistema político corporativo se reproduce a sí  mismo.

Sobre el fondo negro de una prensa militante que se da por vencida, la presuposición de que la sociedad misma está rendida, es bastante acertada.
Uno podría hacerse ilusiones -venden mucho las notas fundadas en ilusiones- pero estaría mintiendo.
No hay alternativas ni las habrá: un tercio de los argentinos seguirá siendo pobre, gobierne quien gobierne.
En primer lugar, porque ninguna fuerza política grande se propone revertir el tercio de pobreza que dejó Cristina Fernández y aumentó Mauricio Macri. La otra gran fuerza política, el Partido Medieval, a expresado a través de su excepcional y carismático líder, Jorge Bergoglio, su apoyo irrestircto a los empobrecedores, siempre y cuando financien las unidades básicas del Partido Medieval, que son los colegios y universidades privadas, principales productoras de la desigualdad educativa. De hecho, es una unidad básica del Partido Medieval, la UCA, la que mide que uno de cada tres argentinos, es pobre.
En segundo lugar porque la masacre a los musulmanes ya no deriva -como desde 2003- en un precio alto del petróleo (y por lo tanto, de la soja, el trigo, etc, es decir, los derivados de una economía mundial donde el petróleo aumenta) además de que, aún con la soja a 600 dólares, como durante el 2008-2009 y 2010, apenas un tercio del tercio de los argentinos pobres deja de ser un tercio más pobre.
La tragedia venezolana sirve de ejemplo: con el petróleo por las nubes, no pudo revertir el apartheid El socialismo del Siglo XXI sirvió para que los socialistas del siglo XXI estén del lado blanco del apartheid. Para el resto, no alcanzó.
Cuando el petróleo se encarece, los economistas chantas lo interpretan como una "inestabilidad" en el mercado mundial -porque ganan poder países como Irán, Siria, Rusia, Venezuela, en fin, todos esos países que tienen petróleo y lo extraen a través de empresas yanquis malas o empresas escandinavas progresistas y ecológicas subsidiarias de empresas yanquis) y por lo tanto, mudan parte de su cartera de inversiones hacia activos "seguros" como los alimentos. Razonan que el terrorismo malo -el musulmán- podrá hacer volar por los aires los pozos petroleros de los terroristas buenos -los invasores cristianos- en alguna parte de Musulmandia, pero lo que es seguro es que la dictadura china seguirá alimentando a su gente con trigo y a sus élites con chanchos (alimentados a su vez con porotos de soja). La Sociedad Rural Argentina debería cantar La Internacional en mandarín.
De manera que si alguna invasión yanqui a un país petrolero sin bomba atómica sale mal, siempre estará para defender la democracia, la libertad de los mercados y las leyes de la oferta y la demanda, el país donde una feroz dictadura habla en nombre de Mao en el Foro de Davos para calmar las angustias de los vendedores de armas, intranquilos porque no saben si el twitstar Donald Trump quiere dejar de bombardear Libia porque no sabe donde queda.
En tercer lugar, nada puede cambiar porque el país en la última década reforzó la infraestructura, la logística y el circuito financiero de la República Unida de la Soja: un país agarrado con pinzas, donde todos los caminos conducen al puerto, de ahí se fondean las arcas del Banco Central y luego se derraman las migajas que sobran para sostener un Estado que vive de cobrar impuestos al consumo y al trabajo pero tiene un tercio de sus habitantes sin consumir y más de la mitad de los habitantes sin trabajar legalmente (recordemos que el 40% de la población económicmente activa está en negro, y que las estadísticas hacen todo lo posible por reducir la población económicamente activa, para que la desocupación no se note tanto).


La prensa militante sigue una tendencia mundial donde, como cada vez hay más medios de comunicación y la verdad es así relativizada, lo que genera audiencia es el fanatismo.
Para que el fanatismo prenda, cuanto más simple y tonta sea una idea, mayor éxito tendrá. Incluso, basta con una foto o un dicho desafortunado de algún ignoto militante del bando contrario, para hacer todo un análisis ideológico que al estanciero Juan Manuel de Rosas le parecería más idiota que un chsite estándar de Midachi.
Pero asín funcionan las cosas.
Y todos están contentos con su lugar en el mundo.
Los felicito.


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