Entre Ríos se beneficiaría de una III Guerra Mundial

Ezequiel Bauman-. Aunque suene terrible la idea, una III Guerra Mundial le convendría a Entre Ríos, tanto como le convino la I y la II Guerra Mundial.


La provincia de Entre Ríos ganaría ante una eventual III Guerra Mundial.
Dejemos en claro, primero, una cosa. Tal guerra de tal magnitud es hoy impensable. Por distintas razones, pero la principal es que son muchos los países poseen bombas atómicas y de hidrógeno, capaces de arrasar con la civilización humana y aún con el planeta Tierra. Esa diversidad de países con capacidad militar atómica es, a los efectos de pensar una tercera guerra mundial, un disuasivo. Escalofriante, sin dudas, pero disuasivo al fin.
Estamos hablando de la destrucción de la totalidad de los seres vivos, de todos los seres humanos, animales, vegetaciones, de todo el planeta entero arrasado. Solo pensar en esta posibilidad da miedo.
La escalada que plantea el gobierno de Estados Unidos, con Donald Trump de peligroso presidente y el avance de Rusia, con la autocracia regresiva de Vladimir Putin, no deja de ser hasta ahora una manera de posicionarse comercialmente ante el nuevo mundo emergente, liderado por China y la India. Así como en menor medida, Brasil, Sudáfrica y Turquía.
Esto no quita, como es de público conocimiento, que hay guerras asimétricas librándose en Medio Oriente y tensiones y conflictos en Euroasia que pueden ser el detonante de una conflagración mayor.
Es que detrás de bambalinas, la industria armamentística es un eslabón estratégico de las economías industrializadas de occidente y un modo de supervivencia para muchas guerrillas musulmanes.
El trasfondo son los recursos naturales que se agotan, como el petróleo, y la necesidad de las potencias de mostrarse fuertes ante una eventual inestabilidad mundial.


Los costos humanos de estos movimientos militares y económicos son abismales. Eso está fuera de toda discusión y lo mejor es que predomine la paz. 

Las guerras mundiales las libran principalmente las grandes potencias industriales, que redirigen su economía hacia la industria militar como horizonte estratégico, necesitando cada vez más de insumos para la misma, por ejemplo, energía. La mayoría de las grandes guerras se libran por petróleo y la totalidad de las guerras necesitan de abundante petróleo para hacer funcionar la maquinaria bélica.

Una de las fuentes de energía hoy día es el biodisel, cuyo precio aún no llega a ser rentable en relación al petróleo, pero que una guerra de tales características, con el petróleo como insumo principal, podría disparar el precio de las energías alternativas. En esa dirección es donde se presenta la gran oportunidad para Entre Ríos.
El desarrollo técnico, científico, sus recursos naturales y su materia prima y recursos humanos, hacen de Entre Ríos una provincia estratégica en un escenario donde se dispare la demanda y el precio del biodisel.
Como esta nota trata sobre un potencial escenario que, como se aclara al principio, es altamente improbable, podemos seguir con el razonamiento y pensar que una gran demanda de biodisel podría ser la punta de lanza para todo un desarrollo industrial en torno a la producción de energías a partir de granos vegetales. Sería la posibilidad de salir de la "enfermedad holandesa" que padece nuestra provincia.



La historia demuestra que Entre Ríos se benefició durante la I y la II Guerra Mundial porque crecieron los precios y la demanda de los alimentos que producía y exportaba. Fenómeno que sucedió en toda la Argentina.
A la par que Entre Ríos, en aquellas ocasiones, no se benefició de la industrialización que se asentó en Buenos Aires. Industrialización que se fundó a partir del corte de las importaciones, dado que Inglaterra y Estados Unidos, así como Alemania, dejaron de importar productos industriales pues redirigieron sus industrias hacia los esfuerzos bélicos, y Argentina siempre fue neutral.
Esa situación podría ser distinta esta vez, porque la exportación de biocombustibles naturalmente pasaría por el puerto de Bs As, pero su producción sería más barata en el lugar donde están las materias primas porque abarata el costo de su posterior traslado al puerto. Siempre pensando en una explosión de la demanda y en un crecimiento en volumen de producción a altos niveles.


Este ejercicio imaginario, que suena tan terrible, es en realidad una manera didáctica de contar cuánto depende nuestra provincia para su desarrollo -o por el contrario, su actual subdesarrollo- de factores externos, tanto los localizados a nivel nacional como los del exterior, no solo de los países vecinos ni tan siquiera de los países donde exportamos nuestras materias primas o importamos los productos finalizados, sino de factores geopolíticos que nos exceden y en los cuales nuestra incidencia en el desenvolvimiento de los mismos, es nula.
Muchas veces los entrerrianos consumimos noticias internacionales desde la óptica de las grandes agencias informativas sin percatarnos que por más lejanas que suenen tales noticias, nos atañen y hacen a nuestro futuro. El problema radica en que no consumimos esas noticias desde una óptica propia.
Es que noticias sobran, lo que falta es entenderlas.

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