El miedo a hablar del BERSA

Ezequiel Bauman y Lucas Carrasco-. Dos diputados de Cambiemos hicieron lo que no sucede desde hace una década. Mencionaron -con timidez- al BERSA, la clave de nuestro subdesarrollo.



Cualquier periodista honesto sabe que esto es así. Que no se puede hablar del Bersa.
Así como cualquier estudiante de primer año de Ciencias Económicas sabe que acá está la clave del estancamiento, la pobreza, la desocupación, la falta de desarrollo de Entre Ríos. Una provincia que, como cualquier estudiante del país de primer año de Historia, sabe que fue orgullosamente autártica, autónoma y vanguardia del federalismo en el país.
Las líneas que siguen derivan en conclusiones que nos avergüenzan como entrerrianos, como periodistas y como analistas de la realidad.
  
Primero fue el diputado nacional bonaerense Marcelo Sorgente, que ante las críticas de José Cáceres -ex vicegobernador- sobre el modelo de la valorización financiera del macrismo, le enrostró una chicana fácil pero mencionó la palabra prohibida en la discusión pública entrerriana.


 “La única bicicleta financiera que tuvo la provincia es la que funcionó en el Senado, cuando Cáceres ocupaba la Vicegobernación”. “Eskenazi y el negocio del Nuevo Bersa SA, los acuerdos con Venezuela y las cosechadoras truchas en Angola”.



Después fue Sergio Kneeteman, presidente del bloque de diputados provinciales de Cambiemos, en un fresco comunicado de prensa. Recién llegado a nuestra redacción. Menciona lo maldito, lo prohibido.


El diputado provincial  Kneeteman presentó un proyecto de resolución en el que requiere al Nuevo Bersa, agente financiero de la provincia, la “implementación a la brevedad posible de una línea de créditos hipotecarios para viviendas, en términos similares a la anunciada por el banco Nación Argentina”.En el texto destacó que el banco tiene “la responsabilidad social de reinvertir parte de los dineros de los entrerrianos que pasan por sus manos”.“Ser agente financiero implica que todo el dinero que entra en el Estado provincial y a los municipios pasa por el Banco de Entre Ríos, y el banco cobra importantes sumas por eso”.

No se puede discutir de política económica sin discutir la privatización del BERSA. 
Bochornosa porque Entre Ríos paga por los supuestos servicios que en Santa Fe Eskenazi debe pagar como canon al gobierno. Y en el caso entrerriano, sin ninguna contraprestación a cambio. Se le regala el dinero de jubilados, docentes, policías, beneficiarios de planes sociales y trabajadores estatales para que Eskenazi, que nunca puso un peso para ganar la privatización del banco, juegue a la timba financiera con suculentas ganancias en Lebacs y plazos fijos a corto plazo. 
Cuando la provincia necesita dinero -ya no solo los créditos a tasas astronómicas en el Mercado Abierto Electrónico o en el exterior- el Bersa NO ESTÁ, NO ASOMA LA CABEZA. 
Ni siquiera hace de agente financiero, pagando en tiempo y forma a los jubilados y estatales, y esperando luego los ingresos fiscales y los préstamos de Nación o de la banca privada. No. Paga luego de que ingrese esa masa de dinero, a la par que retiene esa masa de dinero demorando el cronograma de pagos, no poniendo billetes en los cajeros, no entregando cambio y cobrando, a tasas usurarias, préstamos que nadie sacó pero quizás gastó hasta un peso, o diez pesos de más en la tarjeta de débito. 
  
La palabra maldita sigue siendo maldita, dado que Eskenazi fue borrado de las páginas del diario hiperoficialista La Nación, que antes lo ubicaba junto a Lázaro Báez y Cristóbal López en el trío delictivo que armó el kirchnerismo. Aún cuando las operaciones de Eskenazi siempre fueron a un nivel superior - los negociados con Repsol e YPF, por ejemplo- y a escala internacional, generando una enorme deuda externa. De pronto desapareció de las páginas del diario macrista y sus principales columnistas, dejaron de mencionarlo, lo que supondría un arreglo con el gobierno nacional, que evidentemente, maneja la Justicia Federal, dado que todo aquel empresario que se haya beneficiado aún más que Lázaro Báez por ejemplo, si acuerda con el macrismo, queda exento de causas judiciales. Como Moneta, Brito y Eskenazi. 

En los medios entrerrianos, las publinotas de la Fundación Bersa, hecha para evadir impuestos, explican por qué Eskenazi es la palabra maldita. Y son todas loas a un banco cuya imagen en la gente común, es deplorable, como puede constatar cualquiera que tenga que perder mañanas enteras de rehén del monopolio del curro. 




Ausente en la discusión sobre la pobreza en Concordia, sobre los incesantes despidos en las industrias radicadas en Entre Ríos, en las protestas de docentes, en la falta de construcción de viviendas, en las quejas de los productores, que Entre Ríos vuelva a tener un banco es la clave para todos estos problemas. 
Pero mencionar la palabra maldita solo acarrea problemas al periodismo que se atreve a meterse en lo prohibido. El pozo negro de la corrupción, causante del subdesarrollo y el estancamiento entrerriano. 
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.  

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