A Macri no lo ayudan



Osvaldo Quinteros-. Los riesgos de movilizar partidarios del gobierno y radicalizar posiciones, dividiendo el país. La gobernabilidad no está en juego


Un efecto inmediato de que el gobierno movilice a sus partidarios, que no suele durar mucho pero deja secuelas en la cabeza de quienes comandan el gobierno, es que les da más entidad a las alas radicalizadas que todo gobierno siempre tiene dentro de su interna.
Por lo general, los gobiernos tienen distintas alas que compiten internamente. Sus divisiones suelen ser más bien metodológicas que ideológicas, dado que al acceder un partido político al gobierno ya tiene previamente una concepción del mundo compartida, es decir, una ideología. Aunque éste no sea el caso del PRO ni de Cambiemos, una alianza conformada por el PRO, la UCR, la Coalición Cívica y el partido FE del empresario rural y sindicalista de peones, Momo Venegas.
Nada los une ideológicamente más que el odio visceral -muy bien disimulado por el marketing de campaña- hacia el peronismo, en su formato de los últimos 12 años, el kirchnerismo.
De manera que las alas en las que está dividido el gobierno de Mauricio Macri no solo tienen problemas metodológicos, sino también ideológicos. Macri ha tratado de resolver ésto haciando que todos los funcionarios le deban una obediencia ciega y un culto a la personalidad. Por eso despidió a Prat Gay y Melconian, aunque eso no lleva a que ambos economistas piensen igual en materia ideológica ni metodológica. Con lo cual, el conflicto de fondo, no se resuelve.

Las alas más radicalizadas, tanto en lo ideológico -los más derechistas, por ejemplo, Javier González Fraga, radical, presidente del Banco Nación- como en lo metodológico -como Laura Alonso, del PRO, encargada de perseguir a la oposición desde la Oficina Anticorrupción- sienten que un escenario de polarización los beneficia en la interna gubernamental.
Simultáneamente, en la oposición pasa lo mismo. Las alas más radicalizadas, ven en un escenario de polarización, la posibilidad de crecer internamente dentro del campo opositor.
De esta manera, las alas radicalizadas se necesitan mutuamente, aunque en lo superficial se odien.
Hay más en común entre Luis D Elía y Laura Alonso de lo que se supone.
Ambos, de esta manera, se benefician. Incluso, sobreactúan poniendo en escena valores que no están en juego como la gobernabilidad -unos, pidiendo que Macri renuncie, otros, diciendo que está en marcha un golpe de estado- para lo cual, mentan conceptos donde unos son el Pueblo, dejando a todo oficialista como el antipueblo, y los otros son la democracia, dejando a todo crítico del gobierno en el campo de los antidemocráticos.
Pura charlatanería, pero que tiene efectos concretos en el accionar del gobierno y de la oposición.

Las protestas dirigidas contra el gobierno pueden tener mayor o menor intensidad, pero son legítimas. Son sectores sociales que se sienten afectados -tengan o no razón- por las políticas del gobierno y no tienen otro modo de hacer escuchar su voz. Es lo normal en cualquier democracia, aún cuando en algunos países la protesta se regule, en otros se reprima con la policía y en otros, incluso, se silencie en las instituciones que deberían recoger el guante. Las protestas contra los gobiernos ocurren en todas partes del mundo. Son parte de la democracia y bien miradas, enriquecen la vida pública.

Un gobierno, más si se propone unir a los argentinos, tiene el deber de sobrevolar, estar por encima de esas protestas dado que tiene que gobernar para todos, incluidos los que protestan.
Por eso es que movilizar a sus seguidores como contramarcha, crea el peligro de radicalizarse y tentarse en gobernar solo para los sectores que votaron o apoyan ese gobierno, en desmedro de los que protestan.
Por lo tanto, si el gobierno de Macri quiere sacarse el estima de que gobierna solo para los ricos, las manifestaciones a su favor no lo ayudan. No porque quienes se movilicen sean ricos, sino porque lo tientan a gobernar solo para quienes lo votaron y aún apoyan. Es decir, solo para quienes piensan como ellos mismos.

Debajo de la acusación de que Macri gobierna solo para los ricos, está la percepción de que el presidente solo gobierna para quienes son como él, para quienes se le parecen.
Como él es rico, empresario, con desdén por la cultura y una abierta insensibilidad social, la percepción de una parte de sus representados es que solo gobierna para quienes se le parecen.
Una movilización de sus partidarios, así se trate de gente común, obreros, clase media y también algunos empresarios, refuerza esa visión de un gobierno que solo gobierna para sus partidarios.
Lo que en espejo favorece a las alas radicalizadas de la oposición.
En el camino, los que pierden son las grandes mayorías de moderados. A la vez que se debilita simbólicamente a las instituciones que deben regular el conflicto social, intermediar en la resolución de conflictos.