A contramano del país, ¿vuelve el bipartidismo a Entre Ríos?

Pablo Mori-.Las últimas elecciones enterraron en el país el bipartidismo. Sin embargo, en Entre Ríos, podría volver.  A contramano de la tendencia nacional.



Por primera vez hay un gobierno nacional democrático que no es radical ni peronista. Se rompió así el bipartidismo, que había gobernado desde el retorno de la democracia en 1983 y aún antes, desde 1916, con excepción de los golpes militares y la proscripción del peronismo.
El bipartidismo también estaba roto desde hace varios años en Entre Ríos, después de la debacle radical que tuvo como principal responsable a Sergio Montiel, último gobernador no peronista, cuyo mandato concluyó de manera patética en 2003.
La foto de Busti con Bordet, la inclusión de Adrián Fuertes en el gabinete -Busti y Fuertes conformaron una fórmula opositora en las últimas elecciones, que salió tercera pero arañó el 20%- y la hegemonía radical al interior de Cambiemos, preanuncia que a contramano de lo que sucede en el país, en Entre Ríos podría volver el bipartidismo.
Si bien sería un bipartidismo distinto, fundamentalmente porque la UCR iría vestida de seda (pero UCR queda), esto no deja de asombrar ni tener particularidades llamativas.


La provincia de Entre Ríos no se caracteriza -como San Luis, CABA o Corrientes, por citar ejemplos diversos- por ir a contracorriente de la tendencia nacional. Al contrario. Siempre ha seguido la tendencia predominante en el país. De hecho, Mendoza y Entre Ríos eran dos casos de provincias que siempre seguían la tendencia nacional. Eso se quebró tras la reforma constitucional entrerriana, que permitió la reelección y condicionó de manera distinta los armados políticos, junto al derrumbe del 2001 de la UCR.
Pero hasta ahora, Entre Ríos venía siguiendo la tendencia de dividir al electorado en tres fuerzas: una alianza que rodee a una UCR en peligro de extinción, un frente peronista de centroizquierda y un tercer frente, de tinte filoperonista pero arraigo más local que nacional. El caso de Massa en Provincia de Buenos Aies y Busti en Entre Ríos, o antes de Martínez Garbino y luego Alfredo De Ángelli.
Esta vez, la historia podría ser otra.
Con el Frente Renovador debilitado, la izquierda trotkista en un lugar ultramarginal (cosa que no sucede en otras provincias), el suicidio del Partido Socialista y la falta de rumbo de partidos como el GEN de Margarita Stolbizer, la contienda electoral para octubre, donde se elegirán 5 diputados nacionales por Entre Ríos, parece marcar la vuelta del bipartidismo.
Es de hecho el escenario más previsible. Aunque desde luego, puede cambiar. Por ejemplo, que la chequera de Rogelio Frigerio imponga su partidito de 7.000 afiliados y varias demandas judiciales, por sobre la UCR. Que Busti finalmente no cierre con el justicialismo o que Leissa, al frente de la franquicia del Frente Renovador, haga una buena elección. O que el kirchnerismo, que hace poco en una reunión en Gualeguaychú aceptó la conducción de Bordet, finalmente rompa y vaya a las PASO con un candidato propio, que dependerá de lo que quiera hacer Urribarri (que hasta ahora, acompañó a Bordet).
Por ahora, el escenario más previsible es esta vuelta al viejo y conocido bipartidismo.
Con otra característica.
El bipartidismo en Entre Ríos estuvo marcado por un PJ fuerte y una UCR fuerte, pero esa fortaleza derivaba de liderazgos fuertes: Montiel en la UCR, caudillismo que aún no fue reemplazo, y Busti en el PJ, que fue reemplazado por un liderazgo férreo de Urribarri durante ocho años.



Puede que, como plantea Osvaldo Quinteros en esta nota, el electorado no avale necesariamente este diseño hecho desde las cúpulas partidarias, sin consultar a sus bases y de espaldas al electorado. Pero si la oferta electoral es restringida, el electorado forzadamente tiene que optar por lo que hay. Tal como sucedió durante las últimas elecciones nacionales, donde la gente rechazó firmemente cualquier polarización, pero el diseño institucional la obligó a terminar optando por Macri o Scioli, que para esa etapa ya había pasado de ser ultraK a antiK en menos de dos meses. Previamente, Massa sostuvo sus votos, la izquierda dura también y Margarita Stolbizer tuvo una elección apreciable.
lección: la oferta electoral condiciona la demanda.

Los acuerdos de cúpulas pueden lograr que el electorado, así sea a desgano, se acomode a sus preferencias. Es lo que podría suceder si las fotos de los posibles acuerdos que se conocen, se concretaran.
Así Entre Ríos iría a contramano del país, resucitando el bipartidismo.



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