Vuelve el bipartidismo




Osvaldo Quinteros y Lucas Carrasco

La debacle del radicalismo en el 2001 se sufrió especialmente en Entre Ríos por la fuerte figura de Sergio Montiel.
Montiel aún es un trauma del que el radicalismo prefiere ni hablar. Como lo es De La Rúa para la UCR de todo el país.
Montiel ha recibido reconocimiento como ex gobernador en tres oportunidades. Dos por iniciativa del entonces gobernador Urribarri y la otra por el actual gobernador, Bordet. La UCR, un partido melancólico, no ha tenido el gusto de homenajear luego de su muerte al único gobernador radical que tuvo desde el inicio de la democracia.
Luego de Montiel, desapareció el bipartidismo en Entre Ríos, que había dominado con comodidad la política desde el inicio de la democracia.
El PJ, rejuvenecido gracias al kirchnerismo, pudo dirimir sus internas por afuera. Así, primero un puñado de menemistas se alejaron del partido, después los grupos que orientaba Emilio Martínez Garbino, luego Jorge Busti y luego un conjunto de dirigentes que migraron hacia la franquicia de Massa.
Paralelo a este movimiento, el PJ deglutía el progresismo más gorila siendo apoyados incluso por el Partido Comunista, que no por minúsculo es menos pintoresco. Siempre que haya un represor al frente del Ejército -sea Videla o Milani- sienten que por ahí pasa la socialización de los medios de producción.
El radicalismo sobrevivió, corriéndose a la derecha de la derecha y hoy hasta sueña con ser gobierno en la provincia, arrastrados por la desgastada figura de Macri y su sello comercial, Cambiemos.
El kirchnerismo acepta a cambio de prebendas la derechización del PJ que comanda Bordet y los peronistas que se fueron por distintas razones, vuelven al calor de la caja estatal invocando la unidad contra un enemigo superior, enemigo superior del que fueron aliados hasta hace 5 minutos.
Pero esto pasa en la dirigencia, donde se trata de achicar el mazo de cartas donde pueda elegir la ciudadanía. Hay que ver si la ciudadanía acepta estos tejes y manejes con su voto.
Hay un antecedente y es Cambiemos, que iba a presentar un candidato a gobernador unificado de la oposición. Finalmente, Fuertes y Busti se fueron de esa entente -a la que ahora encuentran horrosamente reaccionaria, como si hubieran cambiado tanto en un año- y Fuertes se borocoteó al otro día de perder, generando las críticas de Busti, que tardó un poquito más en hacer lo mismo.
Alasino, Maya y Daniel Rossi, los Tres Mosqueteros de la Ética, mientras tanto hacían los mandados judiciales para el gobierno.
Hoy, juntitos todos juntitos, son una familia feliz que quiere la unidad del peronismo, bajo estrictos marcos democráticos y doctrinarios que implican que cada cacique sin tribu pueda ir en las listas y cargos a repartir o en su defecto algún familiar cercano. La familia feliz está compuesta por varios Leonard, el protagonista de Memento. Sin rumbo, motivados por asuntos personales sin resolver. Todos han perdido la memoria y están codo a codo con sus sicarios, soñando con el spoilers. Tarde o temprano lograrán su venganza. Aniquilar a sus aliados.
Mientras tanto, hacen trencito cantando movidito, movidito, juntitos todos juntitos...
Los radicales son conducidos por control remoto por Rogelio Frigerio, elevado a Gran Estratega y Gran Ministro y Gran Maestre, luego de compararlo con luminarias como Aranguren, Bergman o Aguad. Porque si bien Frigerio, para no generar discordias en el gobierno, no tiene ni un solo hit, es el dueño de la chequera para comprar legisladores y gobernadores. Además, los humilla con buenos modales, diferenciándose de Cristina, que los humillaba con sadismo. Son dos modelos de país y de humillación. Da para alguna investigación del CONICET esta grieta tremenda. Hay que hablarlo con Lino Barañao para que financie este estudio científico.
Y los satélites que rodean la UCR, incluido el PRO entrerriano, no tienen votos ni dirigentes. Y encima tienen demasiada ambición. Son como ludópatas pobres. Y no da, hay vicios que son caros.
Vuelve, entonces, el bipartidismo.
Es lo que busca la clase política.
Si la sociedad busca lo mismo, habrá polarización en los votos, aunque el discurso de toda la dirigencia sea más o menos el mismo, sanateando sobre la falta de proyectos de desarrollo y de pensar el largo plazo, para no meterse en los problemas de hoy.
Si la sociedad, en cambio, sigue sin ganas de recomponer el bipartidismo, cualquier aventurero electoral tiene disponible un quinto del electorado, el voto en blanco crecerá y el ausentismo, también.
Lo veremos pronto.




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