Se apaga una estrella



Osvaldo Quinteros

Con la baja en la popularidad del presidente Mauricio Macri, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, quedaba como la dirigente con mejor imagen del país y eventual recambio para que el PRO pudiera llegar al 2019 con competitividad electoral.
Este valioso activo servía para contener a los díscolos de Cambiemos, especialmente, los radicales bonaerenses comandados por Ricardo Alfonsín que ven con estupor la derechización acelerada de Cambiemos, y Elisa Carrió, cuyo encubrimiento de las causas de corrupción del presidente fue central para contener la minoría intensa que aún banca al oficialismo, más por odio al kirchnerismo que por encontrarle al gobierno elementos positivos.
A su joven imagen de frescura y sinceridad, María Eugenia Vidal le agregaba varios atributos. No tenía, como Macri cuando habla sin guión, un discurso de derecha convencional, expresaba la esperanza de un recambio dirigencial y fundamentalmente el combate a las mafias policiales y narcotraficantes, que en todos lados van de la mano.
Pero la cuestión cambió.
Ya no enfrenta la raíz de la criminalidad, que está en la confunción mafiosa de narcos y policías.
Ahora enfrenta a los docentes, los acusa de ser kirchneristas y defiende un ajuste que no diseñó ni está dando resultados en lo social y en lo económico. Se está haciendo cargo de los errores de Macri en la economía, la política laboral y hasta en la torpeza discursiva de adjudicar a un solo sector político, que encima está en retirada, de ser el titiritero de una ola de reclamos y protestas variopintas que recorre todo el país. Si el kirchnerismo fuera capaz de montar semejantes bataholas y protestas, jamás hubiera perdido la elección.
La Vidal agresiva e ineficaz que aparece ahora amenaza el futuro del PRO, al jugar a destiempo su carta más valiosa.
Esta amenaza al futuro se complementa con la amenaza al futuro que representa la caída en las expectativas económicas.
Se apaga una estrella.
No nace otra.
El firmamento está vacío y resuena el eco peligroso del Que Se Vayan Todos. 

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