Por qué se derrumbó el consumo



Ezequiel Bauman

Obviemos las idas y vueltas en torno a las comisiones de las tarjetas de crédito, los programas Ahora 12 y Ahora 18, el lanzamiento y relanzamiento de Precios Transparentes y la agonía de Precios Cuidados.
La información, confusa, cambia a diario.
Es una ruleta compleja cuyo significado profundo es el desconcierto que genera entre los consumidores. Esto de por sí es un dato económico negativo de gran magnitud.

Ya de por sí los gerentes de ventas de las grandes cadenas deben hacer malabares intelectuales para comprender el despliegue de las medidas gubernamentales, que al cambiar a cada rato, generan una desazón que impide cualquier proyección de ventas y precios.
A esta incertidumbre hay que agregarle la fragilidad política del gobierno nacional, las disputas irresueltas de los gobiernos provinciales -como el gobierno entrerriano, con el contador Gustavo Bordet en Europa mientras se profundiza el conflicto docente- y la inestable estanflación.
Se entiende por estanflación a la combinación de recesión e inflación, que es lo que sucede hoy en la economía argentina.

Como cualquiera sabe, un activo principal del rumbo económico, más allá del rumbo que se trate, son las expectativas. Las cuales son de por sí difíciles de medir. El excelente artículo La opinión pública no existe, grafica desde la mirada científica esta dificultad de cuantificar y objetivizar elementos de por sí subjetivos.

Aún así, todas las mediciones sobre expectativas de las consumidores reflejan que ésta ha caído y sigue cayendo durante las últimas semanas.
Lejos de avizorarse un cambio de rumbo de las expectativas, las previsiones -ojalá que erradas- plantean más bien un escenario de continuidad de caída de las expectativas, aunque no de manera abrupta sino paulatina. Pero debemos tener en cuenta que esta caída de las expectativas se da al interior del bloque de votantes de Cambiemos. Impacta sobre todo en su base electoral.

El método de prueba y error, que pudo haber sido desafiante ante el autoritarismo K y sus terquedad en el error, ya se volvió contra el gobierno como reflejan estos estudios de la opinión pública que detectan una caída de las expectativas a mediano plazo de los consumidores.
Esta caída se ve agravada por los constantes cambios en planes de consumo que fueron elaborados en su mayoría durante la etapa final de la era K, como pulmotor de una economía frágil donde los precios de las materias primas cayeron y volvió la clásica restricción externa.
Si en aquel momento aquellos planes de consumo que subsidiaban la clase media para sostener artificialmente la industria del capitalismo de amigos, habían fracasado, su profundización, que ocurrió con la llegada de Cambiemos al gobierno, no podía tener un resultado distinto que un mayor desbarajuste si se le suman que creció el déficit, hubo tarifazos y volvió el megaendeudamiento para gastos corrientes. Además de que los sueldos perdieron contra la inflación y se espera que vuelvan a perder este año.

Al interior del gobierno, la puja interna la ganó el Banco Central, aunque sus metas de inflación fracasaron de manera estrepitosa.
Las miradas desarrollistas o socialdemócratas que en un principio convivían en el gobierno, fueron dejadas de lado. Hoy gobierna la ortodoxia que trata, a su vez, de hacer populismo de cara a las elecciones. Un despelote, en suma.

Semejante menjunje confunde a los operadores económicos, lo cual se traslada a los consumidores y en el conjunto, termina empeorando por vía indirecta los indicadores económicos más importantes.
No se arregló la macroeconomía y se destrozó el mercado interno.
Ese es el saldo hasta ahora del gobierno nacional que, en complicidad con casi todas las provincias -salvo San Luis y alguna otra más- llevaron al país nuevamente a la sensación de fragilidad económica y de amenaza de caos en la gobernabilidad.
Esperemos que el gobierno, que hoy parece ensimismado, reaccione y vea la realidad. Porque por este camino, no hay ninguna chance de que las cosas mejoren.

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