Pasión caribeña




Lucas Carrasco


Los radicales hacen terapia de grupo para exigirle cargos a Rogelio Frigerio, que está ocupando armando la lista de Bordet. 
Pero el líder del PRO entrerriano, el juez federal Leandro Ríos, quiere que haya elecciones internas en el Partido de Macri, lo cual es todo un problema, porque para que un Partido tenga elecciones, primero debe existir. 
Ahí es donde los radicales encuentran su nicho de mercado y se ofrecen, como agencia de empleo. Porque tienen tooooodos los papeles en regla. Eso sí, si no les dan lo que piden, corren por izquierda hasta al Partido Obrero, que aún no encontró en la provincia pequeños burgueses con ganas de revelarse contra los padres. 
Si a los radicales, en cambio, les dan lo que piden, lo corren por derecha a Messi y no le dejan tocar una pelota. Por las dudas adentro de la pelota haya algunos billetes.  
La franquicia del Frente Renovador también va a estar manejada por algún juez. Pinta ese destino estratégico. Como el Frente Grande, que creo que aún sigue facturando. En nombre del sacrosanto progresismo, desde ya. De hecho, hasta deben haber patentado el progresismo, porque hace 30 años que están aferrados al presupuesto público. 
La pyme de Margarita Stolbizer todavía no negoció con cuál corporación fusionarse.
Ninguno de estos microemprendimientos partidarios va a ir a la elección de octubre con los mismos aliados que en la anterior elección. Eso sí, todos cambiarán de aliados y programas en nombre de la coherencia y con la misma amargura del que sostiene loables convicciones. 
No hay nada importante en juego pero la industria de la política vivirá estos microclimas con una pasión caribeña que siempre es divertida. 
Si las elecciones fueran hoy, gana -creo yo, aunque no es lo que voy a votar- Cambiemos.  En parte por la mediocridad de Bordet, en parte porque le van a adjudicar a él la depresión económica y la inflación, pero en parte nuclear porque entre el original y la copia, la gente suele optar por el original. Es obvio que Bordet no puede diferenciarse del gobierno nacional, porque tendría que cobrar impuestos a los ricos y desarmar la mafia financiera que él mismo ayudó a construir. Así que la única opción que le queda es esta indignidad de arrastrarse a los designios de Frigerio, que vende más bolazos que un pastor evangelista. Frigerio ha anunciado tantos bolazos que si alguna vez hace una obra pública, la que más le conviene es un túnel de mil metros para esconderse. 
Pero las elecciones no son hoy. La gente está pensando -sanamente- en otra cosa. Y Macri, probablemente el presidente más inculto de la historia argentina, no pega una. A veces parece que hasta se esfuerza en ser la caricatura que el kirchnerismo más idiota traza de él. 



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