En defensa del #UPD


Joakito

El #UPD (Último Primer Día) ya es una marca registrada. Con el boom de las redes sociales, el festejo por el “último primer día de clases” se expandió en todos los colegios de la región. Es una práctica que se extendió acompañada por el efecto multiplicador de las redes sociales, que es el planeta paraleloquehabitan los jóvenes. Todas las generaciones de jóvenes crean suplaneta paralelo.
No importa que el motivo resulte difícil de explicar. Se trata de “el último primer día”, en el que los estudiantes secundarios que ingresan al tramo final del ciclo deciden pasar toda la noche despiertos en “previas”, reuniones entre compañeros o fiestas para luego asistir a clases sin dormir. Son jóvenes, el físico les da y hasta les pide a gritos que las hormonas salga a bailar en la discoteca de adrenalina que tienen dentro del cuerpo.
El #UPD  llegó para quedarse en nuestra ciudad. El domingo por la noche, miles de jóvenes que están por comenzar el último año de la escuela secundaria, decidieron juntarse a festejar el #UPD en la costanera de la ciudad de Paraná a la altura de el Club Rowing.
Este cronista se hizo presente en el lugar para poder constatar un fenómeno que se volvió histórico: miles de jóvenes de diferentes escuelas de la ciudad -tanto las de gestión privada como las públicas- juntos en un mismo lugar, compartiendo y celebrando a orillas del río Paraná y sin ningún tipo de incidentes como la mayoría de los medios pacatos quisieron forzar.
Lo importante y la noticia de estos festejos, es que no tienen reglas preestablecidas: el festejo se puede dar en una casa, en un pub o en un espacio público como ocurrió en la mayoría de las ciudades de la Argentina.
¿Cual es la regla que se repite en cada ciudad?
El uso de los dispositivos electrónicos y de las redes sociales para que la convocatoria crezca día a día, otorgándole una espontaneidad que a muchos les molesta. ¿Porque? Porque son jóvenes y los jóvenes deben ser -al criterio de los pacatos- controlados, organizados y serios. O sea, obedientes y aburridos.
Lo que molesta de estos tipos de encuentros en el fondo es la incapacidad institucional y política de todos los estamentos de la sociedad para "adoctrinar" y controlar a los jóvenes. Es cierto que el Estado se hizo presente con una destacada custodia policial -no en el sentido de que los policías se conviertan en Baby-sitter, sino haciendo un trabajo responsable: manteniendo distancias para no provocar, cortando el tránsito para que los autos no lleguen a la costanera, verificando que los comercios no expendan bebidas alcohólicas a los menores y dispersando pacíficamente a la manada a una hora responsable (4 de la mañana) y porque los "bananas" que nunca faltan quisieron hacerse ver a las trompadas, pero esto fue un hecho menor y aislado.
En Paraná la convocatoria por las redes sociales a juntarse el domingo a la noche en la costanera fue un éxito y miles de jóvenes se hicieron presentes.

Una chica salesiana con el uniforme y la remera del colegio se toma de la mano con un chico de la Bazan y Bustos, Los pibes del Comercio  hablan de fútbol y "se gastan" con sus pares del colegio Nacional. La gurisada de la escuela  EDUPRO se mezcla con los pibes de la Quirós mientras que los de La Salle bailan cumbia al ritmo de los parlantes que llevaron los de la Normal. Las escuelas técnicas también estuvieron presente y fueron con changuitos con ruedas hechos en clases durante el año pasado.

Todo esa fiesta es dejada de lado a la hora de hablar de los festejos: se trata de buscar lo malo, de tratar de encontrar algún tipo de incidente, replicarlo por todas las usinas de comunicación, para que Mengano, Fulano y Doña Rosa no hablen de la extraordinaria capacidad de encuentro y movilización que los jóvenes tienen gracias al aporte de las nuevas tecnologías, sino que Mengano, Fulano y Doña Rosa se indignen por ver a una piba borracha o porque a un kioskito le sacaron un paquete de papas fritas. Lejos de este festejo, en cada barrio de la ciudad, la habitual ola de crímenes golpeaba con su repertorio diario de sangre y violencia, donde los adolescentes son las principales víctimas. Pero qué drama el robo de las papas fritas, eh.
Es fácil opinar con el diario del lunes en la mesa sin siquiera haber presenciado las muestras de alegría, de cofradía y de amor que disfrutaron los jóvenes: claro, para muchos es más fácil hablar del consumo de alcohol o de las riñas que el consumo de alcohol produce, aunque sean un puñadito aislado frente a miles y miles de jóvenes que no tuvieron nada que ver.
Ser joven no es un delito. Ser un viejo choto y amargado, debería serlo.

Suscribirse