El PRO entrerriano es trotskista



Osvaldo Quintteros

En torno al PRO entrerriano hay un conflicto interno que fue llevado al plano judicial.
La Agrupación Alberdi, un espacio de militantes provenientes del peronismo que tienen despliegue en varias provincias, incluida Entre Ríos, pide elecciones internas. El partido está intervenido.
La situación es compleja porque en la provincia la vida interna de la UCR hacía tiempo que no mostraba estos signos de vitalidad. Los radicales, se sabe, aman las internas. Pero venían desgastados y alicaídos tras el desastroso gobierno de Sergio Montiel, que dejó un mal recuerdo en la provincia y un trauma en el radicalismo.
La Coalición Cívica se quedó con representación minúscula una vez vez que Hilma Ré terminó su diputación nacional por Entre Ríos y volvió a su actividad de empresaria agropecuaria.
El GEN, que también integra Cambiemos en esta provincia, se está volviendo cada vez más crítico del gobierno de Macri. A tono con el acercamiento de Margarita Stolbizer a Sergio Massa en Buenos Aires. A su vez, el GEN es conducido por un grupo cerrado de Concepción del Uruguay, donde talla el ex legislador radical Osvaldo Fernández. Da la sensación de que desaprovechan a su mejor cuadro en Entre Ríos, que es Rubén Pagliotto. Quien ya fue candidato -derrotado por el radical Raymundo Kisser- en las PASO para senador departamental por Paraná.
Sin embargo, es el PRO quien maneja la batuta de Cambiemos en Entre Ríos, no tanto a través de Marcelo Sorgente -diputado bonaerense- que es el interventor formal, sino a través de Rogelio Frigerio.
El liderazgo de Alfredo De Angelli se opacó. Por limitaciones propias y por evidentes zancadillas internas, especialmente desde su propio partido, el PRO.
El PRO entrerriano, lejos de la imagen de equipo y unidad con buena onda que el marketing quiso imprimirle, parece un partido trotskista: un grupo pequeño de jóvenes entusiastas, que siguen ciegamente a una mesa de conducción elegida a dedo y gastan el 90% de su energía militante en pelearse entre ellos.
El viceintendente de Chajarí, del PRO, renunció al cargo. El intendente fue luego electo presidente de la UCR.
La viceintendenta de Paraná le hizo una guerra de guerrillas a Varisco para quedarse con las cajas y oscurecer todas las normas de transparencia en los contratos del Concejo Deliberante, para acomodar su familia.
Los diputados provinciales del PRO son absolutamente desconocidos. Hay una diputada nacional que entró porque tenía una relación con un dirigente porteño.
Cambiemos es oposición en el plano provincial y la buena sintonía de Bordet con el gobierno nacional le suma problemas, especialmente al radicalismo.
Bordet, mientras sostiene esta buena relación con el gobierno nacional, va incorporando a los referentes de lo que fue el Frente Renovador.
Los cuadros jóvenes y prometedores del PRO en la provincia, como Emanuel Gainza, se fueron eclipsando un poco por las internas partidarias y otro poco porque no construyeron poder propio, por lo tanto, el desgaste del gobierno nacional también los debilita a ellos de cara a la opinión pública. Un poco como pasó con La Cámpora: del esplendor (cuando Cristina Kirchner estaba en su esplendor) al ocaso (cuando Cristina Kirchner perdió el poder).
Al igual que a la La Cámpora, a los jóvenes del PRO no les interesa tanto la institucionalización partidaria, y sí los obsesionan los cargos.
Aunque es un populismo de signo ideológico contrario, los parecidos abundan.
Hay que ver si ambos tienen la misma suerte.