Con CFK, el peronismo entrerriano pierde



Osvaldo Quinteros

Si Cristina Fernández de Kirchner fuera candidata a senadora por provincia de Buenos Aires, la elección en el principal distrito del país, que acapara el 40 por ciento de los votantes, se transformaría en un plebiscito sobre su gestión anterior y sobre la corrupción como eje central, siendo de esta manera funcional al gobierno de Macri. Por eso en Cambiemos encienden velas para que se presente.

Volvería a existir el Frente Para la Victoria, es decir, el Partido Justicialista y sus aliados del progresismo, lo que sería un duro golpe para la estrategia del gobernador entrerriano Gustavo Bordet, que incorporó al ex candidato a gobernador del Frente Renovador Adrián Fuertes a su gabinete a horas de concluida la elección. Además de contener a Urribarri -su hijo es Ministro de Gobierno y Justicia- que es el principal referente K en la provincia y de simultáneamente, buscar un acercamiento con Busti, cuyos diputados provinciales votan todo lo que pida el gobierno.

Aún venciendo Cristina en esas elecciones bonaerenses -algo hoy por hoy casi imposible- Macri aún podría soñar con una reelección, ya que la candidatura presidencial de la ex mandataria por el Partido Justicialista y sus eventuales aliados del progresismo, estaría casi asegurada, pero difícilmente revierta su alta imagen negativa de cara a un potencial balotage, que se le complicaría a Macri si el candidato opositor fuera cualquier otro.
De alguna manera, se repetiría la situación por la que pasó Carlos Menem en 2003, cuando ganó la elección presidencial pero se bajó del balotage porque perdía 70 a 30 contra el desconocido Néstor Kirchner, que era el candidato de Duhalde, que por entonces tenía pésima imagen. Aún con la mala imagen de Duhalde, que tuvo que adelantar siete meses los comicios e irse antes de la presidencia, la gente prefería su candidato -llamado Chirolita, despectivamente- antes que volver a votar por Menem.

El núcleo duro de Menem, de alrededor del 30 por ciento, quedaba intacto. Eso sí, no sumaba un solo voto más en un eventual balotage y por eso el ex presidente se terminó bajando.

Simultáneamente a un escenario sin Cristina Kirchner candidata en Buenos Aires, en la provincia de Entre Ríos el peronismo saldría del brete en que se encuentra, con un gobernador filo macrista y un peronismo nostálgico de la era K pero que quiere aliarse a Jorge Busti y el Frente Renovador.
La condición de posibilidad para la alianza entre el Frente Renovador y el PJ es que la elección provincial se convierta en un plebiscito sobre Macri y corra, de momento, la figura de Bordet del escenario, que aunque tiene buena imagen no entusiasma a nadie por su perfil diluido y una gestión que no termina de arrancar y posterga los conflictos, que se acumulan, sin resolver.

Con Cristina de candidata, los medios nacionales instalarán su campaña como el eje de toda la controversia electoral del país y eso tendrá un impacto seguro en los electores entrerrianos, principalmente al interior del peronismo y su periferia. Porque se entusiasmarían los peronistas de izquierda pero se alejarían los peronistas ortodoxos y los renovadores, que son amplia mayoría hoy por hoy.

A su vez, este escenario le resolvería la interna a Cambiemos -porque se acercarían a meter tres diputados de los cinco que se renuevan, conformando así a los radicales- y le resolvería la campaña y el discurso, hoy en un callejón sin salida porque no pueden cuestionar a Bordet, que es junto al gobernador de Salta, Urtubey, el mejor aliado del gobierno nacional.
A la vez que potenciaría los estímulos para que Busti se corte solo con la esperanza de sacar un diputado, dejando al oficialismo provincial con una sola banca. De esta manera, el gobernador Gustavo Bordet quedaría con un solo representante en la Cámara Baja nacional, lo cual debilitaría su poder de negociación con el gobierno nacional.
Recordemos que ni Juan Huss ni Julio Solanas, ambos cercanos al kirchnerismo y duros opositores al macrismo, renuevan en este turno electoral sino que tienen mandato hasta 2019.

Ninguno de los dirigentes políticos entrerrianos, de cualquier partido, hoy talla a nivel nacional como para influir, así sea de lejos, en la definición del justicialismo bonaerense, que será en suma la definición del rumbo que tomará el peronismo en su conjunto en todo el país.
Naturalmente, si Cristina Kirchner es candidata y gana, rápidamente el peronismo entrerriano se encolumnará detrás de su figura, aunque habrá también, probablemente, muchas fugas hacia el massismo o alguna variante de peronismo disidente que surja.
En cualquier caso, falta una eternidad para estos escenarios.
En cambio, para ver si Cristina es candidata o no, quedan pocos meses y en el interín, Bordet, Urribarri y Busti deben definir qué rumbo tomar aún sin saber cómo estará compuesto el cuadro general, dado que en Buenos Aires las definiciones importantes serán a último momento.
A suerte y verdad, tendrán que jugársela.
Para Cambiemos en el ámbito entrerriano, este grado de incertidumbre del peronismo, es un regalo del cielo que les permite ocultar que desde las últimas elecciones, cuando casi arañan la gobernación, no lograron sumar ningún dirigente de relevancia del amplio arco que votó contra el Frente Entrerriano Para la Victoria. Al contrario, fue el PJ de Bordet y Urribarri el que pasó la ambulancia y recogió todos los heridos, los adversarios y los opositores más moderados.